Creo que mi perro me secuestró

“Estaba deprimido, pero mi perro no me dejaba darme cuenta”, me contó un amigo el otro día.
¿Cómo? Entonces ¿Los perros no curan la depresión?

Porque llegas todas las noches cansado del trabajo… y el perro está ahí para moverte la cola.
Llegas el martes, cansado del trabajo y de los gritos del jefe, y el perro te mueve la cola.
El miércoles, el jueves, el viernes: El trabajo está cada vez peor y el perro te mueve la cola.

El lunes… te despiden del trabajo. Llegas más temprano. Y el perro te mueve la cola.

En las mañanas paseas al perro. Y todos los días prefieres hablar del perro que estar aburriendo a la gente con lo que crees que está pasando en tu trabajo o con lo que crees que pasó y por qué ahora ya no tienes el trabajo que tenías. Entonces, las pláticas van así:

Perro en casa
Rita cuando se entera de que voy a trabajar a una oficina.

Día uno. Hoy el perro jugó con Tao.
Día dos. Hoy el perro no quiso caminar por la grava.
Día tres. Hoy el perro regresó enlodado.
Día cuatro. Hoy el perro se peleó con otro.

Hay algunas variaciones:
Día x. Hay un perro nuevo en el parque, le pusimos Lindbergh, porque así se llama el foro. Es como el perro del barrio.
Día x. Por cierto, leí el libro de What is a Dog y parece que los perros no vienen directo de los lobos.
Día x. Con permiso, mejor voy a jugar con mi perro, deberías ver qué chistoso hace las orejas para atrás cuando lo persigues.

La cosa se pone peor.
Hoy no voy al gimnasio porque el perro se quedaría solo toda la tarde.
Aproveché que llevé al perro a que le cortaran el pelo para ir a tomar un café.
No puedo ir a tomar café con mi amiga porque ya es hora de que el perro coma.

Pero es que el perro te pone una sonrisa en la cara, cuando te mueve la cola o te acerca un juguete o te dice Let’s go, como los perros de los poemas de Mary Oliver. Y cuando sonríes, crees que no estás deprimido.

A la mejor, el perro te podría ayudar a que te diagnosticaran la depresión. Porque todas estas situaciones podrían ser síntomas:
No hay nada más divertido que el perro.
Con él no hay conflictos, o los conflictos se resuelven pronto: me ladra cuando vamos de regreso a la casa y yo lo ignoro un ratito hasta que se calma y seguimos tan amigos como siempre.
Buscar clientes me estresa, mejor me quedo con el perro.
No sé qué proponerle al cliente, tal vez jugar con el perro me ayude.
No me voy a poner traje hoy porque se me va a ensuciar, mejor sigo de shorts y chanclas.

Me encontré una serie de preguntas para saber si uno está deprimido y creo que le puedo poner palomita a muchas de ellas:

  • ¿Evitas ver a tus amigos o a tu familia? (sí, porque si no, ¿a qué horas paseo al perro?)
  • ¿Has dejado de realizar actividades que te gustan, como practicar deportes, ir al cine o salir a cenar? (obviamente: ni modo que deje de ver a mi perro en el parque por jugar basquet o ¿hay cines pet friendly?)
  • ¿Has dejado de cuidarte a ti mismo, no comiendo adecuadamente o descuidando tu higiene personal? (No tanto como dejar de comer, pero ¿para qué me baño y me arreglo si bastan los shorts para ir a pasear al perro?)
  • ¿Has dejado de esforzarte por hacer las cosas bien en la escuela o el trabajo? (es que no tengo tiempo, hay que pasearlo)
  • ¿Has perdido el interés en tu relación? (es que con mi perro no hay discusiones)

Y así sucesivamente.

El perro me está distrayendo. Y me está ayudando a escapar y evitar los problemas. “La conducta depresiva con frecuencia está relacionada con escapar y evitar”, dice Richard Wiseman en el libro As If Principle, de donde vienen las preguntas del párrafo anterior. “Cuando algunas personas se topan con un evento negativo, como ser despedidos o la ruptura de una relación, se alejan del mundo para evitar más dolor en el futuro. Ese alejamiento puede tomar muchas formas, incluidas pasar mucho tiempo en la cama, evitar los amigos, comer para tranquilizarse o tomar mucho”. O estar con un perro, que te distrae, no te contradice demasiado y te acompaña a donde digas.

Bueno, el perro hace que me levante de la cama y hasta me ha presentado a nuevos amigos. Gracias a mi perro me di cuenta de que la dueña de Zeus canta padrísimo, los de Obelix son unos tipazos y de que  la dueña de Uma hace mucho que no va al parque. Esas pequeñas distracciones son las que me hacen sospechar que me tiene secuestrado. Prefiero jugar con él que escribir un texto sobre la reforma fiscal.

Por cierto, para seguir con mi tema de conversación, hoy llevé al perro a que aprendiera nuevos trucos. Dicen que eso los motiva y los agota tanto como correr en el bosque. Me imagino que mientras aprenden o corren y brincan en el bosque están en un estado de flow, ese que se da cuando no pensamos en otra cosa más que en lo que estamos haciendo y nos sentimos realizados. Lo dice el psicólogo de nombre impronunciable Mihaly Csikzenthmihalyi, aunque ya lo había dicho muchísimo antes el filósofo y matemático Pascal:

“El único bien de los hombres consiste en que se les divierta de pensar en su condición, bien por medio de una ocupación que les aleje de ese pensamiento, bien por algún sentimiento agradable y nuevo que les ocupe o por el juego… y por eso que llamamos diversión”.


A la mejor mi perro sí me tiene secuestrado: me está dando la ilusión de felicidad y un pretexto para no enfrentar los conflictos. Me da un lugar cómodo para estar, con ella recargada en mí, y con eso dejo de enfrentarme al futuro.

Otra vez lo que dice Wiseman: La persona deprimida puede tratar de evitar pensar en eventos futuros. “Y en lugar de eso, por ejemplo, se queda rumiando el pasado (si tan solo las cosas hubieran sido diferentes) o  viendo telenovelas o programas de concursos en la televisión” y lo vuelvo a añadir yo: viendo cómo el perro interactúa con otros y cómo duerme o cómo come.  O sea, me da un lugar cómodo para estar rumiando y hacer dramas.

Y ahora, a la mejor sin quererlo me topé con algo. Que mi perro, AKA Rita, también me está enseñando cómo podría salir de esa catatonía en la que me estoy metiendo. ¿Qué tal si le copio y salgo a los juegos que nos ponemos los humanos, o sea, las juntas en oficinas, los cafés, el trabajo, una escuela o un curso…, para aprender nuevas cosas?

Porque sí, a la mejor estoy sonriendo porque paseo a mi perro, pero al mismo tiempo estoy en shorts todo el día, casi como el Dude de The Big Lebowski. Es que tengo que andar así para poder pasear al perro en cuanto sea necesario y siempre es necesario, porque es más divertido eso que esforzarme por buscar clientes o nuevos trabajos.

Dicen los psicólogos que lo contrario de depresión no es alegría, sino vitalidad. Y sí, Rita me ha hecho sonreír mucho pero también me ha puesto el escenario para que no salga a enfrentarme el mundo. Ya saben, bajo el eslogan del deprimido: “Mientras más conozco a la gente, más quiero a mi perro”.

Pero basta de acusar a Rita. Ahora, con su ejemplo, cuando se sube a los juegos a la voz de “sube” o brinca un obstáculo a la voz de “brinca” me está diciendo que está bien, que es hora de que yo también salga a la calle, con mis amigos, o con nuevos compañeros de trabajo, a aprender nuevos trucos. Veredicto: el perro no me tiene secuestrado, porque me está enseñando por dónde está la salida.

Y hasta aquí llego, porque es hora de pasear al perro… después de que fui a trabajar toda la tarde acompañado de otros seres humanos.

Cómo sobrevivir a Trump

Dicen que este es el año de Frida Kahlo, porque pinta de la chingada. No estoy de acuerdo en que Frida pinte mal, pero el año… Al nuevo presidente de Estados Unidos ya le gustamos de su puerquito. No quiere que los mexicanos vayan a trabajar allá, así que va a construir un muro, que es hasta malo para los animalitos del bosque y del desierto, y no quiere que las empresas estadounidenses creen trabajos para los mexicanos en México, así que les va a ofrecer ventajas por invertir allá.
Trump entendió que muchos ya se cansaron de esperar a que se cumplan las promesas de que el comercio exterior nos va a hacer felices a todos. Como nos enseñan en la escuela a los economistas, la teoría es que cada país se especializa en producir lo que mejor le sale y así todos tenemos las cosas más baratas. Eso en el bello mundo de la teoría clásica. Pero en el mundo real, para competir, algunos gobiernos permiten que se violen cuantos derechos humanos existan para dar mano de obra barata. Seguro ya están pensando en los horribles talleres con trabajo esclavo para producir camisetas de menos de 6 dólares cada una, como los que salen en el documental The True Cost, que si quieren pueden ver en Netflix.

Se me hace horrible decirlo, pero Trump podría tener un punto. Es horrible decirlo porque Trump es un personaje peligroso, por pendenciero, mentiroso, racista e intolerante. Es tan poco elegante que descalifica a Meryl Streep o a CNN porque se atreven a señalar algunos de sus errores.
Por supuesto que a él no le preocupan los derechos humanos de los trabajadores de la industria textil en Asia o de la industria de autos en México. Pero sí parte de la idea de que exportar trabajos a otras partes del mundo no está beneficiando a los trabajadores estadounidenses que se quedaron fuera de las grandes universidades o que no tienen inversiones en la Bolsa de Valores.

Si se sale con la suya, parece que Trump va a impulsar por un rato, si quieren en forma artificial, al crecimiento de la economía de Estados Unidos.

Aun antes de ser presidente ya consiguió que algunas empresas anuncien que van a crear empleos manufactureros en Estados Unidos. Y con su propuesta de cobrar impuestos a los productos importados tal vez pueda disminuir la cantidad de mercancías chinas y mexicanas en los comercios estadounidenses y eso, otra vez, va a impulsar los empleos tradicionales para los estadounidenses.

No es que los estadounidenses necesitaran más empleos manufactureros. Algunos sí los necesitan, pero según la teoría clásica y como lo habían hecho hasta ahora, ellos podrían especializarse en el conocimiento y los demás podríamos hacerles cosas baratas. Aunque con un poco más de respeto a los derechos humanos que ahora. Hablando de respeto a los derechos humanos, vuelvan a ver Zoolander, esa comedia en la que la industria de la moda quiere que Derek Zoolander asesine a un líder asiático porque quiere aumentar los salarios de los trabajadores textiles.

 

Si ven el documental True Cost, van a ver que las empresas que producen con mano de obra barata se defienden diciendo que esos trabajos en horribles condiciones son la opción menos mala, porque por lo menos se están creando empleos en los países subdesarrollados. Eso todavía es discutible, porque para que esas personas no tuvieran otra opción, se dieron procesos de despojo que les quitaron sus terrenos agrícolas, les cerraron oportunidades de acumular capital y los terminaron por convertir en mano de obra barata. Piensen nada más cómo se transfieren recursos de la población a gobiernos ineficientes o corruptos en lugar de usarlos para educación o infraestructura. Pero esa es otra historia.

Ok, Trump encontró a sus clientes en los Homero Simpson que solo consiguen empleos mal pagados y les contó la mentira de que Estados Unidos estaba peor que los mundos de Mad Max o de Blade Runner y que los otros, los extranjeros, les estaban robando sus empleos y que por eso ellos tenían que conformarse con trabajar en Walmart o limpiando pisos en el McDonald’s o en alguna sala de conciertos.

Las medidas de Trump, para llevar inversiones a Estados Unidos y para reservar los empleos para los estadounidenses, van a tener una gran parte artificial: la reducción de impuestos para las empresas y el gasto en infraestructura. Eso va a servir para impulsar la economía estadounidense en el corto plazo. Porque esas medidas se traducen en mayor déficit del gobierno y eso se paga con deuda. O sea que muchas de sus medidas están agarradas con alfileres. Y en el largo plazo, dentro de unos 8 años, van a causar un problema de recesión. Mientras tanto ellos, los estadounidenses, van a vivir una fiesta y nosotros nos vamos a quedar viéndolos por arribita de su cochina muralla.

¿Cuál va a ser tu estrategia para defenderte? Ya sabes que si no puedes vencerlos, hay que unirse a ellos. No, no te vas a ir a vivir a la torre Trump para unirte con tan horrendo señor. Pero, por lo pronto, para conservar y defender el valor de tus ahorros y, espero que las tengas, de tus inversiones financieras, tendrías que conocer las muchas opciones para diversificarte que sí existen desde México.

Porque ahorita, en tu desesperación, crees que estás atrapado en tus pesos mexicanos, que se están devaluando y en lo que le va a pasar a nuestro pobre país, con tan malos deseos del presidente de aquel lado y con tan malos líderes en este.

Si tienes Facebook tal vez ya le diste like a esas propuestas de boicotear a los gringos y comprar solo lo mexicano, para que nuestros vecinos que votaron por Trump aprendan de una vez a tratarnos con respeto. Bueno, si esa es tu idea de patriotismo, o si crees que el patriotismo es la respuesta. Aunque a mí se me hace que la respuesta tendría que ver más con solidarizarnos con los que van a salir de verdad afectados, que con hacerse los enojados y darle like a un comentario en Facebook desde una computadora con marca de Estados Unidos o de China o difundir un mensaje en Whatsapp contra los masiosares extraños enemigos.

Te decía que en tu desesperación crees que estás atrapado en pesos mexicanos y en ahorros bajo el colchón. Pues no estás atrapado. Ya, enjuga esas lágrimas, deja de darle like a las propuestas de envolverse en la bandera y prepara tu plan de acción, que tiene que ver con…

Tener tu ahorro en diferentes monedas. Seguro te estás preguntando si debes comprar dólares. Porque si hubieras comprado antes de que se supiera que el gobierno mexicano se estaba endeudando como loco porque no puede dejar de gastar (en cosas como reponer el dinero que se roban los gobernadores), digamos en enero de 2016, o antes de las elecciones en Estados Unidos, en noviembre de 2016, habrías pagado 17.35 pesos por dólar en enero o 18.50 en noviembre. Con el dólar a 21.72 as we speak (o sea en enero de 2017), si no compraste dólares en esos momentos, te perdiste la oportunidad de aumentar tus ahorros en 25 o en 17%, según el momento.

Y entonces la pregunta de los 22 pesos: ¿Debo comprar dólares? Todo lo que le ha pasado al peso ha sido por el pesimismo provocado por las amenazas de Trump y las realidades del manejo de la política económica de México. Se supone que todo el pesimismo ya se dio y que las cosas no se van a poner mucho peores durante la presidencia de Trump. Como ni tú ni yo somos adivinos, supongo que habrá que aplicar la técnica “A Dios rogando y con el mazo dando”, que significa que esperemos que ya no se ponga peor, pero que también nos cubramos con un poquito de dólares y de otras monedas en nuestras inversiones. ¿Cómo hacerle? No vas a poner los dólares en el cajón de los calcetines porque pueden desaparecer. Para que estén más seguros, podrías tenerlos en una cuenta en un banco, si vives en la franja fronteriza (ahí sí se puede) pero te advierto que te van a cobrar comisiones y no te van a dar ni un centavo de rendimiento.

También puedes invertir en fondos en dólares. Por ejemplo, en Actinver te ofrecen fondos en dólares. Puedes entrar con un mínimo de 200,000 pesos. Tienen un fondo, el Acticob, que se llama así porque es para “cobertura” de los riesgos de depreciación del peso, que además da alguito de rendimiento. En 12 meses, hasta diciembre había dado un rendimiento de 0.08% en dólares, o sea casi nada, pero eso significó una ganancia medido en pesos.
También te ofrecen un fondo que invierte en la Bolsa de Valores de Estados Unidos, así que además de tener tu inversión en dólares, puedes ganar con la bolsa estadounidense.

El plan de acción también tiene que ver con estar bien diversificado. O sea que no dejes todos tus ahorros e inversiones en una sola cosa. Para que te diversifiques necesitas entrar a algún fondo de inversión. Lo que hacen es juntar el dinero de mucha gente para poder comprar papeles diferentes: acciones de México y acciones de Estados Unidos y de otros países, deuda de empresas y de diferentes gobiernos. Suena como que eso solo lo pueden hacer los súper ricos y algo hay de eso. Hay versiones de fondos de inversión en los que puedes entrar desde los 100,000 pesos, con una distribuidora de fondos como Fóndika. En los bancos también te ofrecen fondos de inversión, pero te piden una inversión mínima mucho más grande y con el pretexto de que te están protegiendo, solo te ofrecen instrumentos con bajo riesgo y bajos rendimientos.

Para que termines de completar tu plan de acción para enfrentar los malos tiempos que le esperan a México con Donald Trump, también necesitarías algo de tus ahorros que puedas retirar en cualquier momento y que no varíen mucho pero que sí conserven su valor. Y si no tienes los 100,000 o 200,000 pesos que te piden para los fondos de inversión, puedes empezar con poco dinero en cetesdirecto.com. Ahí puedes comprar algunos papeles de deuda del gobierno mexicano, que te pueden dar un poco de rendimiento por arriba de la inflación general.

A la mejor no tienes tantos instrumentos para invertir como los súper ricos, pero por lo pronto puedes proteger tus inversiones si te diversificas un poquito más. Así vas a tener más tranquilidad para darle like a lo que quieras en Facebook.

¿No pasa todo demasiado rápido?

¿Han ido con un perro al bosque? No estoy diciendo que vayan a cazar osos o alces a las montañas Rocallosas o que se metan al Valle del Narco en medio de la noche. Basta con que se den una vuelta por el Ajusco, los Dinamos o aunque sea un parque de perros como el que está en el Metropolitano de Guadalajara.

El chiste es que vean al perro correr sin correa y sin peligro de que vaya a tirar a algún niño de dos años que pasea por su propio parque. El niño, eso sí, tiene todo el derecho, aunque a veces los dueños de perros no lo queremos creer.

Parque Metropolitano de Guadalajara
Rita en el Parque Metropolitano de Guadalajara

En fin, que el perro va sin correa, se adelanta, y corre atrás de todos los movimientos y todos los olores que puede haber ocultos en un bosque, o en un parque fresa, pues, y de pronto todo se vuelve salvaje de nuevo. En ese bosque de los Dinamos, siguiendo a Rita, una vez perdí a una bruja, porque dejé de pensar en la grilla de la oficina, y por fin, por primera vez en un mes, me liberé de las brujerías, todo porque Rita corría detrás o delante de su amiga Uma o brincaba en el río Magdalena, convirtiéndolo de nuevo en un lugar natural y eso era lo único que importaba, durante las dos horas que estuvimos ahí.

Rita se llenó de recuerdos de su paseo por los Dinamos, que le duraron como dos días, hasta que encontramos el último de los huizapoles o cardos o como se llamen. Y nosotros nos llenamos de recuerdos para siempre, como el de ese verso de Mary Oliver a su perro, que se adelanta y regresa y corre y desaparece un momento pero está siempre ahí, hasta que no está.

Sombra y Nube, las que están en la foto, también convirtieron un bosque de la ciudad en un bosque auténtico cuando las llevamos a correr, hace un siglo, al Ajusco. Nube nunca podía despegarse de la bicicleta. ¿A cuánto puede ir la bicicleta de Silvia? Digamos que a 14, 20 kilómetros por hora. Nube, con sus patitas de centímetros ahí sigue. ¿Llegaremos hasta la Cima, más allá de las quesadillas? Nube ahí sigue. Sombra, haciendo honor a su nombre, aparece después, 20 minutos después, con la cola como vela de barco. Nube ya va más adelante.

Ese paseo fue el día de los perros. ¿Se acuerdan que cuando éramos niños, cuando jugábamos con un perro nos imaginábamos que el perro era un niño más? Ahora, ya grandísimos como estamos, cuando jugamos con los perros, nos imaginamos que nosotros somos un niño más.

Por eso un perro nos hace sentir tan acompañados y, como le acaba de hacer Nube, nos puede dejar tan solos.

O como dice Mary Oliver, de quien es ese verso “¿No pasa todo demasiado rápido?“:

A dog comes to you and lives with you in your own house, but you

do not therefore own her, as yo do not own the rain, or the

trees, or the laws which pertain to them.

A dog can never tell you what she knows from the

smells of the world, but you know, watching her, that you know

almost nothing.

She roved ahead of me through the fields, yet would come back

or wait for me, or be somewhere.

Now she is buried under the pines.

Nor will I argue it, or pray for anything but modesty, and not to be angry.

Y ahora a vivir en el Apocalipsis zombi de la economía

Bien inocente, voy a preguntarle a un financiero qué podemos hacer con nuestros ahorros y nuestras inversiones los buenos ciudadanos ahora que ganó Trump en Estados Unidos. Me dio unas ideas buenísimas, que voy a poder usar para un artículo en una revista de negocios, pero me prohibió que lo citara en lo que me dijo en la mayor parte de la entrevista: que ya nos cargó el pintor, nos llevó la tía de las muchachas y que si Trump aplica 30% de lo que prometió que le va a aplicar a México vamos a entrar en una recesión como la de 1982 que, créanme millennials, es la culpable de que todos los mayores sintamos que nunca vamos a salir del hoyo.

Le pregunto a mi fuente: ¿Y por qué no debería decir que don Señor Sabe de Finanzas, de la Financiera Tan Seria SA siente que ya estamos en pleno Apocalipsis zombi? Porque ya no hay nada que hacer para proteger nuestros ahorros y nuestras inversiones: todo va a caer en términos de dólares. Ya. No. Hay. Nada. Que. Hacer. Y me dice que sería como avisarle a una familia que le va a caer una bomba atómica a su casa cuando no hay ningún lado para correr. Mejor que se queden disfrutando un rato más sus tlacoyos con frijoles.

¿Le echamos leña al fuego de tu pesimismo? Desde el 8 de noviembre, cuando todos nos fuimos a dormir con el miedo de que Freddy Krueger iba a ser el presidente electo de nuestro principal mercado, nuestra principal fuente de divisas, el empleador de gran parte de nuestra mejor fuerza de trabajo, de nuestro lugar favorito para comprar y nuestro villano favorito de siempre, desde el 8 de noviembre, cuando tuvimos la pesadilla de tener a Orange Krueger como presidente electo de Estados Unidos, hasta el 23 de noviembre, la Bolsa Mexicana perdió 17% en términos de dólares. ¿Se imaginan? Si antes de Trump tenían el equivalente a un dólar metido en la Bolsa, para el 23 de noviembre les quedaban 83 centavos de dólar.
Antes de que salgan a correr desnudos por las calles, o que se encierren en una cabaña para que no los alcancen los zombies, les advierto que estoy hablando de un indicador que trae acciones de varias empresas mexicanas y que sirve para medir el desempeño de la Bolsa en términos de dólares. Si quieres ver cómo se mueve es el EWW y puedes picarle aquí.

Es solo un indicador, no todo lo que está en la Bolsa Mexicana bajó de valor, o por lo menos no todo bajó tanto. Aunque, mmmh, algunas cosas bajaron todavía más. Porque Trump está amenazando con subir los impuestos a productos hechos en México por empresas estadounidenses y también con cambiar muchos de los términos del Tratado de Libre Comercio, para que ya no podamos venderles tanto a ellos. Eso le va a pegar al valor en la Bolsa de muchas empresas mexicanas.

¿Verdad que no va a cumplir todas sus amenazas? Sigo de inocente preguntándole al financiero entrevistado. Pues no hay que ser tan optimistas. Trump necesitaba un puerquito para pegarle y quedar como el bully mayor del patio de la escuela. Y no se iba a poner con uno que pudiera contestarle, así que escogió al que tiene cerca, al más mocoso, con peor autoestima y al que también le pegan en su casa. ¿Cuál será? Al niño México… lo esperan en el patio de la escuela.

¿Tenemos una solución? Por lo pronto, hay que ponernos a leer un libro que es gringo y por eso le pido perdón a todos los que están dispuestos a boicotear a todos los productos gringos, que habla de cómo cuando te cambian todas las condiciones de repente te puedes volver más creativo. No quiero echarles a perder el cuento, pero habla de una promotora de conciertos que a sus 17 años había logrado contratar a Keith Jarret, ya tenía la sala de conciertos llena a reventar cuando, unos minutos antes, Keith Jarret sale a revisar el piano y descubre que no funciona… así que…

¿Qué vamos a hacer nosotros ahora que estamos descubriendo que nuestro piano o nuestros planes no funcionan como deberían? Según el libro, Messy, de Tim Hartford, este tipo de momentos en que todo se pone patas arriba es el que sirve para encontrar un nuevo camino, que lo más probable es que es mejor que el que ya teníamos. Pero ya hay que ponernos a buscarlo, ¿no? El camino, no nada más el libro. 

Aquí hay una reseña del New York Times sobre Messy.

Por qué crees que los ricos son malos

¿Por qué en las películas la gente que tiene dinero, con excepción de Bruce Wayne, es mala mala? Entre los peores malos siempre hay algún productor de Hollywood que vive en una casa increíble inhalando todo lo inhalable, mientras sus amigos están en una alberca con vista a Mulholland Drive, en Los Ángeles. Son ricos y malos y el mensaje es que no hay que ser como ellos pero cómo se nos antoja.

Como somos buena gente, nos quedamos en odiarlos, porque nunca vamos a ser como ellos y porque el dinero es malo muy malo. Algún filósofo diría que esa ideología nos la están presentando para que ni se ocurra aspirar a ser ricos y mejor que nos quedemos esperando la justicia en otra vida. 

Ya parezco tía con mis referencias pero voy a poner un ejemplo de una película donde el dinero corrompe y el amor salva. Es la viejísima Pretty Woman, de cuando Julia Roberts tenía la edad que ahora tiene Yuya (y no gritaba “guapuras”). Es película de tu tía, pero seguro ya sabes que se trata de la Cenicienta y cómo el príncipe azul viene a salvarla, ya no de la madrastra pero sí de la prostitución en Hollywood Boulevard.

El príncipe azul es muy rico y todas las tías aman esa frase que le suelta a un vendedor de una tienda de ropa de lujo en Rodeo Drive: “venimos a gastar cantidades obscenas de dinero” y, claro, hay que explicar de dónde viene el dinero. Resulta que el príncipe azul es un desalmado dueño de un fondo de capital, de esos que se dedican a exprimir las compañías, a recortar personal y a eliminar gastos, para después vender esas compañías más caras de lo que las compraron. Su dinero va a rescatar a la Pretty Woman, pero solo el amor lo va a rescatar a él.

Pretty Woman fue un anunciote para las marcas de ropa de lujo. Creo que antes de esa película, los gringos solo conocían la ropa de Gap y nosotros cruzábamos la frontera felices con tal de comprar en JC Penney. Poco después de eso, las marcas europeas de a 200 dólares la playera se volvieron conocidas y la avenida Masaryk en México se convirtió en nuestra Rodeo Drive y ahí íbamos a todos a comprarnos cualquier cosa con iniciales.

¿Y qué hay de la maldad de los ricos? No hay mucho de qué preocuparse. Está muy difícil convertirse en uno de ellos. Hace unos dos años, se puso súper de moda el libro-ladrillo Capital, de Thomas Piketty, que nadie leímos pero que nos dejó claro, con estadísticas de la recaudación de impuestos de Francia desde el siglo XIX, que los ricos siempre son los mismos y que los dueños del capital se encargan de súper pagarse a ellos mismos, de manera que la riqueza sigue concentrada en unos cuantos. Entonces, como ya no vamos a ser ricos, ¿hay que gastar y gastar no se nos vaya a acumular?

Porque el galán de Pretty Woman era malo a la hora de ganarse el dinero, no a la hora de gastarlo.

Estaba a punto de soltar mi moraleja, de que la clase media se uniera y pensara en acumular un poquito, además de gastar pero ya me dio flojera. De todos modos, cuando vemos la Cenicienta y nos ponemos felices de que el príncipe azul la rescata de sus hermanastras malvadas no creemos que lo único que hay que hacer en la vida para salir del hoyo es ir al baile en el palacio.

Y cuando vemos que los malos de las películas son los ricos, no pensamos que hay que ir a vaciar nuestra cuenta de banco y que la moraleja es que debemos acabar con toda ambición. ¿Verdad que no?

Qué hacer si te quedas sin trabajo (es peor que quedarse sin wifi)

Alguna vez hay que renunciar. O alguna vez te corren. O todo junto. Los trabajadores mexicanos pasan en su empleo en promedio 3 años y luego se tienen que ir, según una encuesta del Inegi.
En los últimos cinco años, solo la mitad de los trabajadores mexicanos se ha quedado en un mismo empleo, la quinta parte ha tenido dos y la décima parte, tres empleos. Ya te imaginas que muchos de los que se quedan sin chamba, se tardan en encontrar otro trabajo. Y que eso significa que se quedan sin seguridad social, sin seguro de gastos médicos y sin ahorro para el retiro. Y aunque después encuentren trabajo o abran su empresa, puede ser que estén sentados en una bomba de tiempo: El empleo en el que están no les alcanza para asegurar su futuro porque con tal de emplearse o ganar dinero, se les olvida que tienen que estar en un lugar con seguridad social y con ahorro para el retiro. Si ya vas a cambiar de chamba, fíjate en esto.

¡Alto! Antes de largarte
Revisa el seguro de gastos médicos. Algunas empresas lo dan, pero en cuanto te dicen adiós, pierdes la antigüedad. Si tienes pensado dar un rebozazo porque alguien te vio feo en el trabajo, ¡no lo hagas! Pero si tu salida es por alguna razón un poco más inteligente o ya no tienes remedio, antes de cruzar la puerta de salida tienes que individualizar tu seguro de gastos médicos. Si no lo haces, al rato no te van a querer cubrir por un montón de enfermedades y/o te van a cobrar más caro. Para individualizar el seguro, pídeles a los de recursos humanos el contacto del agente de seguros. Y al agente de seguros pídele que te individualice tu seguro. Te van a cobrar un poquito pero el seguro ya va a ser tuyo y vas a acumular antigüedad con él.

Para que busques chamba
Deja de rogar. ¿Nunca te quedaste sin novia? Los rogones tienen menos suerte. Para volver a entrar a un trabajo, se supone que debes saber muy bien quién eres, para qué eres bueno y, sobre todo, qué te gusta hacer. Hay una guía para entender el mercado laboral y que hay que leer, tengas o no trabajo: De qué color es tu paracaídas. Aquí en México se publica de vez en cuando, y en Estados Unidos sale una nueva edición cada año. Además de que está divertida, está llena de información y consejos útiles. En el blog del autor, Dick Bolles, viene esta tabla para que cambies el chip de la manera en que buscas trabajo. Aquí te va mi versión en español.

El modelo tradicional El modelo del paracaídas
Qué buscas Un trabajo. El trabajo de tus sueños, uno en el que uses tus habilidades favoritas y tus campos favoritos de conocimiento.
Cómo te ves a ti mismo Como alguien que ruega por un trabajo. Tienes suerte si lo consigues. Como un recurso. Tendrán suerte si te tienen.
Tu plan básico Encontrar la manera de “venderte” a ti mismo antes de salir a buscar trabajo. Encontrar qué tipo de trabajo te mueres por hacer antes de salir a buscarlo.
Tu preparación Investigas para ver qué está buscando el mercado de trabajo y cuáles son los trabajos más demandados ahora. Tu mejor arma es tu habilidad para encajar. Haces tarea sobre ti mismo, para darte cuenta qué haces mejor y que amas hacer. Tu mejor arma e tu entusiasmo.
Cómo encuentras a cuáles empleadores acercarte Esperas que identifiquen que tienen una vacante. Por medio de entrevistas de información te enteras de qué organizaciones pueden tener más interés en ti.
Cómo te pones en contacto con los empleadores. Les mandas tu CV. Por medio de una persona intermedia, alguien que te conoce a ti y que los conoce a ellos. O por medio de Linkedin.
Cuál es el propósito de tu CV Para venderles por qué deberían contratarte. Para tener una primera entrevista con ellos.
Cuál es tu principal meta si tienes una entrevista Para venderles por qué deberían contratarte. Para tener otra entrevista.
De qué hablas en la entrevista De ti, de tus fortalezas y tu experiencia. 50% del tiempo dejas que ellos hagan preguntas, 50% del tiempo les preguntas sobre las cosas que quieres saber y del trabajo.
Qué tratas de encontrar ¿Me quieren? ¿Los quiero? (y también ¿me quieren?
Cómo terminas la entrevista final Les preguntas: “¿Cuándo puedo esperar a tener noticias suyas?” (dejas las cosas en el aire). Si decides que quieres trabajar ahí, les dices: “Creo que puedo ser un buen activo para ustedes. Después de todo lo que hemos hablado, ¿me podrían ofrecer este trabajo?” (estás buscando un cierre).
Qué hacer cuándo consigues el trabajo pero antes de empezar. Mandas un correo de agradecimiento. Después piensas que y terminaste, te sientas, te relajas y disfrutas el final exitoso de tu búsqueda de empleo. Mandas un correo de agradecimiento. Entonces sigues, discretamente, con tu búsqueda de trabajo (la oferta se puede caer antes de que empieces por circunstancias no previstas).

Y cuando encuentres trabajo.
Que ese trabajo nuevo cotice en el seguro social. A la mejor se te hace que no influye mucho, pero tu pensión cuando te jubiles depende del número de semanas que cotizaste en algún sistema de seguridad social. Antes de que se hiciera la reforma en el sistema de pensiones en México, se necesitaba un mínimo de 500 semanas. Para todos los que trabajan desde antes de julio de 1997, todavía aplica ese mínimo. Pero ese mínimo te da un pequeño porcentaje de la pensión. Si empezaste a trabajar después de julio de 1997, vas a necesitar 1,250 semanas de cotización para tener una pensión. Lo ideal es que cotices al seguro el 100% del tiempo en que trabajas. La verdad es que eso no le pasa a nadie. Si empezaste a trabajar a los 20 años, necesitas cotizar en el seguro cuando menos 53% del tiempo en que estuviste empleado. Pero si empezaste a los 35, necesitas cotizar ¡80%! así que no te andes confiando en tus ratos de freelance porque te puedes quedar sin pensión. Mira esto para que planees bien tu retiro.

¿De veras te animas a renunciar?

La renuncia es como una pistola: la sacas solo si estás dispuesto a usarla. Eso le dijo un jefe comprensivo a una amiga, que andaba en pleno berrinche. Porque ¿a poco a veces, a la menor provocación, no te dan ganas de gritar “¡renuncio!”? ¿O de hacer un pancho como el de esa película noventera, Jerry Maguire, que creía que el mundo se iba a paralizar si lo dejaban ir de su chamba?

¿Nunca te has quedado sin empleo? Puede ser porque renuncies o porque te dejen ir, pero de pronto el mundo cambia. Estuve preguntando entre varios colegas, y casi todos tienen anécdotas, porque por alguna razón los periodistas andan brincando de un trabajo a otro a lo largo de su vida. Había una que estaba convencida de que esa noche, el programa de noticias de Jacobo Zabludovsky, el más importante de México en ese entonces, ya no iba a salir al aire porque ella había renunciado a su puesto de ayudante de producción. O la diseñadora que, cansada de que su jefe le pusiera unas regañadas espantosas enfrente de los clientes, le pidió que por favor ya no le diera ese tipo de feedback, que sería más productivo tener claro qué se esperaba de ella en lugar de recibir gritos del tipo “por qué hiciste eso tan feo, ¿qué estabas pensando?”. El jefe le dijo que sí, pero a los tres días le salió con que “le habían aconsejado que la despidiera”.

O el diseñador que sospecha que sus jefes pensaban que era demasiado moreno para trabajar en una revista de sociales o la reportera a la que le avisaron que iban a recortar su puesto pero que como ella estaba “re chula” a la mejor si hablaba con el jefe cambiaban de opinión. A ninguno de estos tres últimos se le ocurrió demandar. ¿Se podría?

En la historia y la literatura hay relatos épicos de gente que se quedó sin chamba. Napoleón en el exilio, reyes depuestos, sultanes que perdieron un gran territorio. ¿Te quedaste sin trabajo y vas llorando a tu casa esperando que te tengan lástima? Ajá. Eso no fue lo que le pasó a Boadbil, el que dicen que se puso súper triste en una colina a suspirar por haber perdido Granada. Seguro ya te sabes la historia pero el caso es que cuando Boadbil vio la Alhambra, que acababa de entregar a los Reyes Católicos lloró y lloró y su mamá le dijo: “lloras como mujer lo que no supiste defender como hombre”. La equidad de género de ahora encontrará otra manera de decirlo pero ¡qué fuerte!, como dicen los españoles que se quedaron a vivir por ahí.

En Constantinopla le pasó algo muy parecido al emperador Justiniano. Hubo una rebelión del partido de los verdes, un grupo de opositores que apoyaba al equipo verde en el hipódromo. A Justiniano le pareció que no podía pelear para defender su trono y mandó preparar los barcos y lo más que podía llevarse. ¿Cómo? ¿Nos vamos a ir así nomás? Le dijo Teodora, la esposa, cuando Justiniano ya casi tenía un pie en un barco en el Bósforo. Pues no me parece, se soltó, porque prefiero morir como emperatriz que vivir como refugiada y como dicen los antiguos (en aquel entonces ya había antiguos), un trono es el mejor sepulcro. Así que Justiniano se quedó a defender su imperio y le fue tan bien que después de eso todavía mandó construir la maravilla que es Hagia Sofia, esa iglesia cristiana que se convertiría en mezquita y ahora en un espectacular museo. Y como todavía tenía un tiempito organizó nada menos que el derecho romano.

No hizo lo mismo Demetrio el rey de Macedonia, destronado por Pirro en 287 a.c. Según el poema de Kavafis, cuando vio que ya no tenía apoyo de su pueblo, se quitó la ropa de rey y se disfrazó de civil común y corriente. Supongo que hay trabajos de los que no se vale renunciar. “El rey Demetrio… no se comportó con talante de rey… Comportándose como un actor que cuando el telón cae, cambia sus vestiduras y hace mutis”.

Y ya que hablamos de pérdidas, corran a leer el poema de Elizabeth Bishop sobre el arte de perder. En pocas palabras dice que es bien fácil aprender a perder, porque hay un montón de cosas a las que les encanta perderse. Las llaves, las tarjetas, de vez en cuando una hora que se va a lo tonto. Luego uno puede seguir practicando ese arte de perder, perdiendo nombres, lugares y hasta la idea de a dónde íbamos. Y nada de eso es un desastre. Y entonces, como sigue Elizabeth Bishop uno pierde dos ciudades, algunos reinados que tenía, dos ríos, un continente… “Los extraño, pero no es un desastre”.

Y vean a Cameron Díaz, en el papel de una disléxica que de pronto entiende el valor de la poesía, leyendo el poema de Elizabeth Bishop en esta súper cursi película y lloren.

Fuente: Sobre Justiniano: Constantinopla de Isaac Asimov.

¿Eres lobo o perro? Dime cuánto gastas en comer

Se supone que si quisieras tener más dinero, deberías levantarte más temprano. Para prepararte la comida, y así no salir a comer a un restaurante en donde vas a gastar un montón.

Imagínate, que te levantaras 20 minutos más temprano y en lugar de salir corriendo de tu casa, te prepararas lo que vas a comer a mediodía. Preparando la comida en la casa, gastarías, pon tú, 50 pesos en tu platillo, tomando en cuenta lo que te cuesta, más el gas, en lugar de ir a una fonda, en donde te cobrarían 150 pesos, o en un restaurante tipo Le Pain Quotidien, donde te avientas 250 o 300 pesos o, voy a decir algo absurdo, en el Morton’s, en el que estarías gastando unos 500 pesos.

Esos 20 minutos más de sueño te cuestan 100 pesos (si vas a la fonda), 200 o 250 si vas a Le Pain Quotidien o 450 en el Morton’s.

Pero, aquí te va por qué es absurdo comparar el Morton’s y otros lugares por el estilo, con lo que te cuesta prepararte la comida en casa.

¿Qué tal que necesites comer en el Morton’s? ¿Te imaginas qué harías si fueras un senador o un director de una empresa? ¿Qué te conviene más? ¿Sacar tu tupper para comer en tu escritorio porque hoy le vas a meter 200 pesos más a tu cuenta de ahorros para cuando te retires? O ¿comer con alguien que a la mejor te apoya en algún proyecto político o se convierte en tu cliente o te pone en contacto con alguien que deberías conocer?

¿Quién necesita comer en un súper restaurante? A la mejor lo necesitas más de lo que crees. Porque la hora de la comida es el mejor momento para cultivar las relaciones con otras personas. Your network is your net worth, dice Keith Ferrazzi en su libro Never Eat Alone, que ya te imaginarás que te recomienda que comas con más gente para tener más relaciones.

¿Tendrías que ir al Morton’s? Pues si estás en lo más alto de la cadena alimenticia, ahí tienes que ir. O sea que, en términos de la selva, al Morton’s van a comer los leones, los lobos y los tigres de la humanidad.
Pero, ¿tú eres un lobo? ¿o deberías ser como un perrito que come, muy contento, en su esquina, acompañado de su persona favorita a.k.a su dueño?

Está padre ser un lobo, porque los lobos tienen un tamaño impresionante, un pelo increíble que los hace ver todavía más grandes y a la hora de comer son mucho más dignos que muchos perritos, que ahí están, con sus pelitos con shampoo, viendo qué se les cae de la mesa a los amos. O está padre ser uno de esos que comen en el Morton’s, porque sus trajes son de lana virgen y están cortados a la medida y sus coches tienen más caballos de fuerza que carroza de Cenicienta.

Sí, los lobos son unos fregones, pero como especie son más ineficientes. O los que van al Morton’s, a la mejor son muy poderosos, pero necesitan todo un ecosistema para sobrevivir.

Es obvio que si se van a enfrentar un lobo y un perro adultos, el lobo lleva las de ganar. O hasta un lobo y un ser humano, armados cada uno con sus colmillos y sus patas. Como especie, es muy diferente. Los lobos no sobreviven tan fácil, por algo muy sencillo: son mucho más caros.
Los biólogos tienen una fórmula, bien fácil, para medir las posibilidades de sobrevivir de cualquier animal. Dicen que hay que comparar cuántas calorías consumen en la comida con cuántas calorías les tomó conseguir esa comida y sobrevivir hasta la hora de comer.

Para decidir si a ti te conviene comer como un lobo, en lo más alto de la cadena alimenticia, o como un perro, esperando tus croquetas, digo, tu quincena, tienes que comparar dos cosas:

– cuánto vas a gastar en esa comida con

– cuánto dinero vas a conseguir gracias a que comiste con alguien.

Claro, no vas a recuperar tu dinero en ese momento, ni siquiera esa misma tarde o ese mismo mes. Pero conocer más gente te va a dar más oportunidades de hacer negocio.

¿Listo para los números? Haciendo cuentas muy rápidas, algunos biólogos calculan que un cachorro de lobo necesita comer 2,500 calorías diarias para crecer sano y llegar a adulto, a los dos años de edad. Eso significa que necesita consumir 1.8 millones de calorías antes de ser capaz de cazar su propia comida. En cambio, un perro de un basurero de la ciudad de México necesita consumir 1,000 calorías diarias. Y está listo para conseguir su propia comida, hurgando entre las bolsas de basura, ¡a los 70 días de nacido! O sea que para valerse por sí mismo, sólo necesita 70,000 calorías. Y cada caloría que come un perro es más barata que la que come un lobo, porque no tiene que gastar energía en correr atrás de las presas y sólo tiene que esperar a que llegue el camión de la basura a tirar nutritiva comida.

El lobo-humano, ese que va al Morton’s, tiene un ejército de personas que lo atienden, necesita más terreno para vivir, más potencia en su coche. En fin, cuesta más. El perro tiene una vida más sencilla.

Hay entonces dos caminos. O te vuelves un lobo, y vas construyendo todo un ecosistema alrededor de ti, para poder comer, cuando menos una vez a la semana, en un elegante restaurante junto con alguien más, o te vuelves un perrito domesticado, comiendo siempre en el mismo plato.

Si te vas a poner como Scrooge, a contar cuánto gastas en las comidas, no vas a llegar a ser tan rico como Scrooge, el amargado del Cuento de Navidad. Por lo visto, si calculas con báscula cuánto te cuesta la comida, si comes en tu escritorio sin conocer a más gente, si llevas tu tupper y lo que dejas de gastar en el restaurante lo metes en una alcancía, no vas a multiplicar tu ingreso, porque vas a seguir, siempre, ganando lo mismo. Si bien te va, porque puede ser que te vuelvas invisible, y ese es uno de los peores golpes para tu carrera.

Saca las cuentas: ¿cuánto vas a gastar en esa comida y cuánto dinero vas a obtener después? O ¿cuánto estás sacrificando por comer solo?

Claro que aquí hay algunas trampas. La mayoría de los lobos que ves en esos restaurantes de lujo jamás pagan las comidas de su bolsa. Muchos pagan con el dinero de la empresa o de los contribuyentes, o de los dos. Ya te había dicho, necesitan un enorme ecosistema para poder sobrevivir así como están.

Pero, ¿qué tal que llegues a un buen punto medio? Que comas con gente en bonitos restaurantes, algunos días, porque solo si comes con alguien más vas a aumentar tus oportunidades de tener más trabajo y ventas, y que otros días tengas una comida más modesta. Así vas a ser un perro con algo de lobo. Y a la mejor te pasa como a Buck, el de El llamado de la selva, de Jack London que “sobrevivía triunfante en un entorno hostil en el que únicamente lo hacían los fuertes… Su astucia era la del lobo, una astucia salvaje; su inteligencia, la inteligencia del pastor escocés y el san bernardo; y esta conjunción, añadida a la experiencia adquirida en la más feroz de las escuelas, lo convertían en una criatura tan formidable como las que habitaban la selva”.

Fuentes. Sobre las calorías de los lobos y los perros: Coppinger, Raymond y Coppinger, Lorna. What is a Dog. The University of Chicago Press. Chicago, 2016. Sobre Never eat alone, vean este video:

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Por qué los perros son clasistas

Este post también podría llamarse: yo sé lo que quieres antes que tú, porque se trata de lo prejuiciosos que somos todos y qué ganaríamos si lo reconociéramos y lo solucionáramos.

Rita vigila la calle
Los perros son clasistas cuando sus dueños se lo transmiten.

Estamos todos en santa paz y, de repente, Rita, nuestro perro, sale de abajo de la mesa ladrándole como una furia al indigente que llegó a pedir dinero. Toda la terraza, todo el restaurante, toda la Condesa nos volteaba a ver. Esta vez nadie nos ayudó con la justificación, pero ya nos ha pasado otras veces, que los perros le ladran al primer harapiento que ven y alguien sale con:

— Es que los perros son clasistas

— Algo han de notar, ha de ser a lo que huelen esas personas.

Y la clave está en que digamos “esas personas”. Qué chistoso que presumamos muy orgullosos que nuestro perro aprendió de nosotros a ser sociable, que gracias a nosotros está atlético y que por eso es tan bueno para jugar. Pero eso sí, a él solito le salió la idea de discriminar y de ladrarle a los pobres que se acercan a nuestra mesa, nuestra casa, nuestra banqueta, nuestro espacio.

Rita es como hijo en Harvard. Cada vez que hace algo que nos preocupa, le hablamos a un ejército de etólogos, encabezados por la maravillosa Nallely y el amable Gabriel, que siempre nos dicen que los perros adivinan nuestros gestos y nuestras intenciones. Que hacemos un gesto que significa “siéntate”, se sientan. Que hacemos la rutina para prepararnos a ir a dormir, se van a su cama, que sonamos las llaves y agarramos la bolsitas y se pegan en la puerta de salida.  Entienden primero los gestos que las órdenes habladas. Porque para los perros es más fácil leer nuestro lenguaje corporal que entender el español.

Todo eso nos han explicado. Pero cuando el perro le ladra al intruso, que en realidad sí nos molesta en el parque o en el restaurante, es porque el perro quién sabe qué traumas tendrá de cuando no vivía con nosotros. Qué horrible podría ser que el perro estuviera leyendo nuestros gestos y nuestro lenguaje corporal de que no nos laten los intrusos y que por eso se pusiera a ladrar como Donald Trump a los mexicanos y a las mujeres en su cuenta de Twitter.

Porque, según nosotros, no somos prejuiciosos. ¿Seguro? Porque aquí entra esta investigadora, de nombre impronunciable, Mahzarin Banaji, que ha demostrado que somos más prejuiciosos de lo que creemos.

Junto con Anthony Greenwald, Banaji escribió el libro Blind Spot, en el que habla de que los que somos gente buena como yo, tenemos muchos más prejuicios y actitudes discriminatorias de las que quisiéramos. Pueden saber más sobre ellos en esta reseña de The Washington Post.  O en esta entrevista que le hizo Krista Tippet.

Hace siglos, en una revista de negocios, llegamos el director de arte y yo a enseñarle en una hojita la propuesta de portada a nuestro jefe. Queríamos poner a Rosario Marín, una mujer nacida en la ciudad de México, entonces secretaria del Tesoro de Estados Unidos. El jefe agarró la hojita, la arrugó y nos la aventó, sí, nos la aventó a la cara. “Este tipo de gente no es la que quieren ver nuestros lectores en la portada”.

Nosotros, en lugar de ir corriendo a la Conapred o a la CNDH, recogimos la hojita del suelo y nos fuimos, con la cola entre las patas, a trabajar otra propuesta. La verdad es que la foto estaba horrenda, en el back tenía una planta como del patio de mi casa es particular y la tesorera estaba vestida y peinada como la tía Chayito de Celaya en graduación y no como la primera persona no nacida en Estados Unidos que ocupaba el puesto del que firma los dólares. Y el fotógrafo, que era un flojonazo, y al que habíamos mandado a Washington a tomar esa foto, no nos había dado una opción b para restregársela en la cara al jefe.

En lugar de hacer una revolución, le seguimos dando nuestro trabajo a esa publicación que, en teoría, sabía exactamente lo que su target quería ver. El target era de gente que quiere comprar Audis y contratar choferes, no de personas preocupadas por alguien que llegó a Estados Unidos a los 14 años, sin hablar inglés y ya ustedes se saben el resto de la historia de éxito, estilo gringa, de nuestra Rosario. Y si no se la saben, aquí la cuenta Forbes. Nuestro prejuicio, o el de la publicación, es que a estos señores que leen sobre negocios no les interesa la inclusión. Y por eso seguimos en el mismo círculo vicioso, de seguir excluyendo a la gente que creemos que los demás no van a aceptar y después echarle la culpa a lo conservador de la sociedad que no nos deja dar pasos adelante.

¿Cómo llegamos hasta acá por los ladridos de un perro? Bueno, los ladridos de una perrita increíble y adorable pero con actitudes clasistas que sacó de su oscura historia cachorra y no de nuestro lenguaje corporal. Porque las dos historias pueden servir para demostrar que es probable que nosotros estemos actuando de una manera que permite que se eternicen los prejuicios, en lugar de hacer algo por cambiarlos.

¿Por ejemplo? Primero hay que ver si de verdad somos tan prejuiciosos. Greenwald y Banaji han desarrollado un test para descubrir prejuicios. Si se animan a tomarlo, aquí está la liga: Test de asociación implícita.  No les va a gustar el resultado, pero no le echen la culpa a esta mujer de nombre raro.

¿Qué otra cosa podríamos hacer para descubrir si somos prejuiciosos y para bajarle a esa discriminación? Hablando más con gente diferente. ¿Con cuánta gente completamente diferente a nosotros nos juntamos en un día? Yo tengo compañeros de trabajo que vienen de todo el Valle de México, pero platico más tiempo y más veces con los que viven en un radio no mayor a 4 kilómetros de mi casa. Ellos o sus papás (porque lo más diferente que tienen de mí es que son mucho más jóvenes) oyen la misma música que yo y tienen el mismo tipo de viajes y de educación que yo. Mis amigos del fin de semana son muy parecidos también, en ingresos, en gustos, en hobbies y en preocupaciones. ¿Cómo podría romper el prejuicio?

Así. ¿cómo podría dejar de sentarme de una manera diferente, de ponerme en actitud defensiva cuando viene hacia mí y hacia mi perro una persona que seguro huele diferente que yo?

Los dejo con un video de Rita cuando oye el nombre de su persona favorita. para que vean qué tan brava puede ser.

Cómo convertirse en chavorruco

4 grandes ideas para condenarse a vivir con roomies hasta después de los 40.

PC

Viven toda su infancia y su adolescencia con ganas locas de hacer lo que creen que hacen los adultos, como tener su propia casa, dinero para comprarse un cochezote y para irse de parranda cada fin de semana. O sea que creen que gastando mucho, en cuanto tienen su primera fuente de ingresos, se van a convertir en adultos. Y resulta que es todo lo contrario. Que se están condenando a ser chavorrucos y a no poder separarse de sus roomies nunca jamás. ¿Por?

1.Salirte de la casa de los papás antes de cumplir 30 años. El primer día te enteras de que el gas, la luz, internet y el teléfono no son gratis. Lo más fuerte es la renta, que en un adulto puede llegar a ser de más de 30% de su ingreso. Imagínense que ganan 20,000 pesos. Eso significa que a la mejor estarían pagando 6,000 pesos mensuales de renta, por unos cuantos metros cuadrados de un departamento céntrico.

A cambio de su supuesta independencia, están gastándose un dinero que les podría servir para ser independientes de verdad, más adelante. ¿Y si le piden a sus papás que los aguanten un ratito más? A la mejor sus papás les van a decir que no sean tan conchudos y les piden que pongan algo para los gastos. OK, van 2,000 pesos y eso les deja 4,000 pesos para ir armándose su propio patrimonio.

2. Tener cientos de explicaciones de por qué es imposible ahorrar en México. Es que vivimos en un país con muchas desigualdades, ¿cómo me piden que ahorre? Es que no hay donde poner el dinero, es que no me alcanza.

Es verdad, México es uno de los países con mayor desigualdad en la distribución del ingreso, como pueden ver en esta tabla del Banco Mundial.

Qué bueno que estén tan informados y tan preocupados. Pero ¿se ponen a pensar en la desigualdad cuando piden la tercera cerveza en la salida con los cuates? “No, señor mesero, en México hay mucha desigualdad, así que ¿cómo me pide que me tome otra cerveza?” Estoy seguro que no han dicho eso, por lo menos no muy seguido.
Otra: no hay dónde poner el dinero. Hay un montón de lugares, además de la tanda de la oficina, donde pueden meter su dinero ¡y hasta tener algo de rendimientos! Por ejemplo, pueden abrir una cuenta en línea en cetesdirecto.com. Ahí pueden contratar un servicio de ahorro en automático, que les descuenta directo de su cuenta del banco desde 100 pesos al mes. O pueden ir al Seven y hacer depósitos de ahorro voluntario en su afore. ¿Que no tienen afore? También pueden tener una afore aunque no tengan un trabajo formal. El pequeño cerdo capitalista dice cómo.  

Aquí hay una tabla en la que vienen cuáles afores dan servicio a trabajadores independientes. Afore con servicio a trabajadores independientes

3. Estar convencido de que, si te enfermas o te accidentas, van a venir tus papás, tus tíos o tus hermanos a pagar el hospital. Es que te da flojera hablar de seguros.

Llegas a un hotel en Malinalco y, como eres bobo como un servidor, te recargas en el barandal del primer piso. El barandal se cae y te rompes el tobillo. La férula, las medicinas y la rehabilitación te van a salir en más de 20,000 pesos. Si se hubiera necesitado una operación, serían 60,000 pesos. “¡Papá, papá! ¿me prestas dinero?” La respuesta podría ser, como hace siglos dijo un presidente de México, “¿Y yo por qué?”

Si te pusieras a investigar cómo funcionan los seguros y tuvieras uno de gastos médicos mayores te podrías ahorrar muchos gastos. Claro, lo mejor es que seas súper millonario y que no necesites pagar un seguro porque tienes el dinero para pagar en caso de que te pase algo. Pero como es muy probable que no lo tengas, entonces necesitas pagar esa prima de seguro. ¿Hay seguros básicos? Sí, por ahí puedes empezar, picándole aquí para que te des una idea. 

4. Comprarte un carrazo increíble, como para ir a la fiesta de graduación del Cumbres.

Imagínate que te encuentras la oportunidad de comprarte por sólo 724,900 este cochecito. Si lo compras a crédito, te van a prestar como 500,000 pesos, a una tasa de 17% a 36 meses como ofrece la marca. Vas a terminar pagando 30% más de esos 500,000 pesos. O sea como 137,000 pesos más, con los que ya habrías conseguido un cochecito digno o con lo que habrías pagado el Uber ida y vuelta a Santa Fe desde el centro de la ciudad, todos los días de esos 36 meses.

En resumen, desde los 20 años estás feliz gastándote el dinero que podrías ahorrar para tener un poco más de patrimonio  a los 30. Podrías estar igual de feliz, pero con menos deudas.

Gracias a Jesús Salazar por la idea de que no conviene salir de casa de los papás, porque entonces uno se engolosina y se gasta todas las quincenas en rentas, parrandas y ropa. Con esa idea, por cierto, no está tan de acuerdo Sofía Macías, del Pequeño Cerdo Capitalista. Ella dice que si te quedas con los papás te vas a hacer conchudo y ahí te vas a quedar feliz, hasta que te llegue el infierno de ser un chavorruco.