Es que soy muy malo para manejar el dinero

No le vayan a decir a nadie, nada más se lo cuento a ustedes… ¡Soy malísimo para jugar futbol!

Me gusta correr, me puedo enfrentar a otro para quitarle la pelota, más o menos tengo puntería pero… ¿Ya les pedí que no le cuenten a nadie?  No me sé las reglas del juego. Así que siempre me ha dado miedo ganar la pelota y que alguien grite que estoy en fuera de lugar, o sacar el balón de la cancha porque no sé qué debo hacer para regresarlo. ¿Debo agarrarlo con las dos manos y aventarlo? ¿O dejar que sea el otro jugador? ¿Quién la sacó? ¿él o yo?

¿Cuándo se hace un tiro de esquina? ¿por qué se da un tiro de castigo?

Como nunca me supe las reglas y no me atreví a preguntar, nunca practiqué el futbol. Y eso se convirtió en un círculo vicioso. Me encantaría convivir con los cuates, como cualquier persona normal, pero ya les digo, no sé por qué todos de repente gritan “¡falta!”. Y por la falta de práctica, cuando tengo un balón frente a mí, tiro el patadón y logro un avance de exactamente catorce centímetros.

Con esa historia de que no sé jugar me he pasado toda la vida. Sufro en los mundiales de futbol, cuando todos mis amigos son directores técnicos y piden penaltíes o declaran que el abanderado está ciego. Puedo vivir con eso. Le doy un trago a mi cerveza y me consuelo pensando que, de todos modos, el árbitro no los oye, al otro lado de la pantalla de la televisión.

Sé de mucha gente que declara muy contenta que no sabe manejar el dinero y entonces deja de intentar las cosas. Como no sabe manejar el dinero y no entiende eso del ahorro, pues sigue gastando en tonterías. Como no saben manejar el dinero, ni se les ocurre preguntar por las inversiones. “Ay no, eso de sacar la raíz cuadrada de la hipotenusa del rendimiento neto no es para mí”, exclaman, y dejan su dinero dormido en una cuenta de banco.  Como no saben manejar el dinero, aceptan el crédito que sea y terminan pagando de intereses por unos zapatos como si hubieran comprado medio Tiffany.

Como no saben manejar el dinero, dejan que los demás los manejen a ellos, para llegar a los 30 o los 40 años quejándose de lo malo que es el mundo y de cómo el capitalismo los explotó de manera espantosa.

A ver, nadie está diciendo que no exista la desigualdad y que el que trabaja mucho se convierte en millonario. Pero sí que muchos dejan, o dejamos, pasar oportunidades o vivimos en peores condiciones de las que podríamos por no aprender un poco más sobre la forma correcta de manejar nuestros recursos. Por ahí leí que lo bueno de ser víctima es que uno nunca tiene que cambiar. Y cuando uno dice que no sabe y que siempre será malo, entonces puede culpar al capitalismo, al mundo, a Dios padre, a su padre, de tener una deudota en la tarjeta de crédito o no tener pensión o no poder pagar las medicinas.

Consejos de finanzas personales, podcast, Sofía Macías, pequeño cerdo capitalista
Sofía Macías, autora del Pequeño Cerdo Capitalista, platica cómo arreglar tu relajito financiero.

Por eso está bien padre platicar con Sofía Macías, la autora del Pequeño cerdo capitalista. Es un libro, pero también un sitio, un método, un sistema para aprender a arreglar el relajito financiero. Ella no anda por ahí prometiendo riqueza fácil. Lo que hace es dar herramientas para que uno pueda ser más responsable con su vida.

Si yo me atreviera a preguntar qué es eso del tiro de esquina y cómo debo pararme (y cómo debo protegerme) en un tiro de castigo, podría practicar un poco más de futbol y aprender, en la medida de mis posibilidades. La intención no sería convertirme en Ronaldo o en Salah, pero sí divertirme y convivir un poco más. Lo mismo pasa con el manejo del dinero. Hay que atreverse a preguntar. Y lo bueno es que Sofía está dispuesta a ayudar.

Con ella estrenamos el Oso Oseguera y yo, el podcast De otro modo. Menciono al Oso porque él también conduce el podcast, pero el día que grabamos, se le cuatrapeó la agenda y llegó justo en el momento en que la productora nos dijo que ya habíamos terminado de grabar. No se lo pierdan en el siguiente episodio.

Por lo pronto, aquí los dejo con el primer y sensacional episodio de De otro modo, con Sofía Macías.

¿Cómo se vería la historia en un CV?

Pasa de la media noche. El hombre más poderoso de Rusia, el regente Biron, totalmente desnudo, trata de esconderse abajo de la cama. El coronel Hermann von Manstein y un grupo de soldados irrumpieron en su cuarto para arrestarlo por órdenes del mariscal de campo del ejército. Cuando von Manstein salta sobre él, Biron logra levantarse y empieza a tirar golpes a diestra y siniestra, que los soldados detienen con las culatas de sus armas.

Minutos antes, von Manstein y sus secuaces estaban perdidos en la oscuridad de los pasillos del Palacio de Verano de San Petersburgo. Lo más silenciosos que podían, pasaban junto a los sirvientes sin poderles preguntar: “disculpe, ¿dónde están los aposentos del regente? Es que nos mandaron a dar un golpe porque los papás del zar no están de acuerdo con que Biron gobierne”.

Por fin, von Manstein se topó con una puerta corrediza, la rompió y encontró al duque de Courland, Ernst Biron, dormido a pierna suelta, al lado de su esposa. Tan dormido estaba que su reacción fue tratar de meterse debajo de la cama.

Horas antes, Biron había cenado, como todas las noches de su regencia, con el mariscal de campo Christoph von Münnich. Ellos dos, más Andrey Osterman, fueron los hombres más poderosos durante los diez años del reinado de la recién fallecida Anna Ivanovna. ¿Cómo es que von Münnich, quien se despidió de Biron a las 11 de la noche, mandó arrestarlo horas después? Tal vez la historia se vería así en un curriculum.

Ernst Biron, duque de Courland y Conde del Sacro Imperio Romano. CV. 

1740. Regente de Rusia. Encargado del gobierno del Imperio Ruso, mientras alcanza la mayoría de edad el heredero Iván VI, entonces solo un bebé de semanas de nacido. Llegó a regente rogándole de rodillas a la zarina Anna que lo nombrara. Solo así podría defenderse de todos los enemigos que se había forjado en su carrera. Dura en el cargo tres semanas. En ese tiempo: Manda torturar a un grupo de nobles acusados de insultarlo. Usa a Münnich para amedrentar nada menos que a los padres del zar, amenazándolos con enviarlos a Alemania. Organiza un humillante interrogatorio público al príncipe Anton Ulrich de Brunswick, papá del zar, haciéndolo admitir que quería “rebelarse un poco”. Nunca le concede el ansiado título de comandante supremo a Münnich. Como represalia, éste se alía con los padres de Iván VI y urde el golpe contra Biron.

1730 – 1740. Uno de los tres hombres fuertes de Rusia. Aprovecha su situación en el gobierno para enriquecerse, cerrar el paso a los nobles rusos y mandar al exilio a Siberia o ejecutar a quienes se atreven a oponérsele. Al reinado de Anna se le conoce como la Bironovshchina, “el tiempo de Biron”, en ruso, supuestamente por la influencia que ejercía. Aunque ahora los historiadores, entre ellos Simon Sebag Montefiori, comentan que es una idea machista, porque Anna ejerció el poder con bastante autonomía, a pesar de lo enamorada que estaba de Biron.

1727. Jefe de asesores de Anna Ivanovna, duquesa de Courland. A sus 37 años, es tan guapo y seductor que Anna, hija del zar Iván V (medio hermano de Pedro el Grande), lo toma como su amante.

Epílogo

Una vez en la cárcel, Biron dice que solo había aceptado el puesto de regente porque se lo sugirió Münnich, confesión que Osterman, el otro integrante de la antes poderosa tríada, aprovecha para quedarse con todo el poder y deshacerse de los dos. Lo mandan a Siberia, donde está menos de un año, gracias a que Osterman y los papás del zar, son derrocados a su vez por los herederos directos de Pedro el Grande. Biron puede poner todavía más entradas en su CV: en 1762 fue aceptado de nuevo en la corte rusa, y en 1763 fue reinstalado como duque de Courland por Catalina II, la Grande.

Fuentes: La foto es de la Biblioteca Británica en flickr.  Información: Sobre todo Simon Sebag Montefiori, The Romanovs, que tiene los detalles más escabrosos. Y la enciclopedia británica.

Me equivoqué de cuento

Camino más rápido para alcanzarla. Sé que ella le va a dar otra vuelta al parque, así que voy en sentido contrario para volvérmela a topar. Quiero saludarla. Es una mañana algo fría, el sol se cuela entre las hojas de los liquidámbares, que tanto se parecen a las de la bandera de Canadá. Desde el temblor, me da más gusto reencontrarme a los vecinos.

Es una señora delgada, que sale a caminar, apoyada en unas muletas. Inclina la cabeza hacia adelante, un movimiento que le da elegancia a su pelo agarrado en cola de caballo. Aun desde lejos se adivina que huele a limpio, con sus pants de figuritas recién lavados.

Sujeto más corto la correa de Rita, para que no se detenga a olisquear las hojas de los truenos ni los troncos de los fresnos. Los encuentros casuales son una gran oportunidad.

Acelero más y me acuerdo de esa historia de un joven marino estadounidense. Tenía que entregar unos documentos y, en la sala de espera, se puso a platicar con un señor que andaba en sus 50. Años después, el joven empezó una carrera de periodista. Pasó más tiempo y el hombre con el que tuvo la plática casual lo citó en un estacionamiento, para contarle los secretos sobre Watergate, que llevarían a la renuncia del presidente Richard Nixon. El joven era  el periodista Bob Woodward y el hombre con el que habló pasaría a ser conocido como “Garganta Profunda”.

He conocido a muchos en el parque. No pensamos tumbar a un presidente, pero cuando menos nos juntamos para ver el futbol, jugar dominó o visitar la exposición de Caravaggio. Con los dueños de Tao, Uma, Obelix, Sofi, Tomasa, Peltre, Oli, Martina o Zeus hablamos de las ocurrencias de nuestros perros y de la salud de nuestros trabajos y nuestras familias; del cine de Fellini, las clases de arte, la economía del comportamiento y los tipos de árboles.

“Córrele Rita, vamos a saludar”, le digo a mi perra. Por fin, nos volvemos a topar.

— Buenos días, señora. Hace rato la saludé, pero seguro no me vio.

— No soy Caperucita Roja para andar saludando a todos en el parque.

— …

Trato de cerrar la boca. Empiezo a dar otra vuelta al parque y la dueña de Tara me saluda. Una vuelta más y nos vamos.

Un paseo en el parque

Con una mano agarro a Rita del hocico y con la otra jalo el hueso de pollo que tiene entre los dientes.

— “Suelta”, le digo. Los perros pueden entender 160 palabras, pero a Rita le falta aprender esta.

Por fin, le arranco el hueso y me limpio la mano en el pantalón, junto a la mancha de lodo que Rita me hizo cuando salió del charco.

Ve una pelota y se lanza sobre el perrito que la trae. “¡Suelta!”, le grito. Parece que el aprendizaje no es el fuerte de ninguno de los dos. La agarro de las patas traseras y me la llevo.

Tao, su mejor amiga desde que Uma se mudó, se lanza a saludarla. Rita se echa para llenarse de tierra y luego corre a enlodar a la dueña de Tao. “Perdón, perdón”, alcanzo a decir.

Aparece Tomasa, su némesis, la perrita de dos amigos queridos. Se gruñen, se ladran. Las amarramos. Cuando mis amigos huyen, sin que acabemos de comentar la noticia del día, la vuelvo a soltar.

— “Rita, hay que apurarnos, porque tengo un desayuno”. No reconoce las palabras.

Corre detrás de un pájaro. Huele la cobija de un hombre que duerme en la banca. La llamo para que lo deje en paz. Ya estaba oliendo los platos de unicel tirados junto al bote de basura, en busca de otro hueso de pollo. Me imagino huesos astillados adentro de su panza y le grito desaforado. “¡No!” Me sigue. 

— “Bueno, ya vámonos”. Esa palabra sí se la sabe. Empieza a ladrarme con su voz de perro grande. Una señora me dice que no es agradable oír los ladridos de los perros.

— “¡Adiós!” Otra de su repertorio. Aumenta los ladridos, se me pone enfrente para taparme el paso hacia la casa.

— “Ay, Rita, no sé cómo convencerte”. Alguna palabra entendió. Me ofrece el cuello para que le ponga la correa.

Camino a casa, muerde mis únicos tenis asics. Cuando estoy atando de nuevo las cintas, empieza un sprint, conmigo de corbata. Tenemos que pasar entre las señoras que dejan a los niños en el Montessori. “Con permiso, con permiso”.

En la noche, le estoy dando palmaditas en la panza.

— “Del 1 al 10, donde 10 es muy contento, ¿cómo te la pasas cuando paseas a Rita?”, me pregunta Cristina.

— “10, claro”, le contesto.

Rita me pone la pata encima, para que siga dándole palmaditas. Sacudo la huella que me dejó en el pantalón del traje.

Oigan peatones: ya supérenlo

— Un idiota me gritó horrible en la mañana, en el Starbucks.

— ¡No me digas! ¿Cómo? ¿En el drive thru?

— Sí, ¿en el drive thru, ¿Cómo crees que adentro? ¡Qué oso bajarme del coche! ¡Jamás! Ahí es como África. Iba yo feliz de que no había fila y que doy el volantazo para meterme. Y el idiota empieza a gritar y a decirme que casi lo atropello. Un ruco espantoso, nunca lo había visto en mi vida y no sé por qué me estaba dando lata. Se puso enfrente de la bocina y no me dejaba pedir mi frapuchino sin crema batida. Y yo con la prisa que traía.

— Increíble, pero ya te he dicho que qué horror que te metas a esas colonias. Seguro era un homeless.

— Ay sí, en la Condesa es difícil saber. Era un viejo todo fachoso, de short y una sudadera de esas que ya no saca Nike hace como 10 años. Puede ser un homeless o uno de los que viven por ahí, que les gusta caminar por esas banquetas todas mugrosas. Seguro ni se preocupan por la inseguridad, nadie les va a robar su Nokia, porque los que andan por la calle no han de traer ni iPhone 4. Salieron dos empleados del Starbucks a rescatarme y el viejo les grita que me le atravesé en la banqueta. ¿Quién camina? Ni que fuera Antara, ¡goey! Le ofrecieron un té chai, el pobre naco no ha de saber ni qué es eso. Les dijo que no, y todavía seguía enchinchando con que no entendía cómo yo no le pedía perdón y reconocía que le había echado el coche encima. ¡No manches! ¿Perdón de qué o qué? Que se espere si quiere caminar por su puta banquetita, que se cuide, ya no está para eso, se le van a lastimar las rodillas.

— Y total. ¿nunca se largó? ¡Qué pancho horrendo!

— Ay, se fue cuando le dije: “Ya supéralo”. Es increíble. ¿Por qué le voy a pedir perdón? ¿Pues qué? ¿La banqueta es suya? Ni que estuviéramos en Nueva York. 

¿Estamos condenados a ser superficiales?

Fábula del cisne y del búho o qué tan profundos podemos ser en la era de internet.

El cisne se levantó temprano, metió sus patas en los tenis de nueva generación y corrió al gimnasio tirando caquitas en el camino.

Antes de empezar la rutina del día -le tocó hacer ala- vio en el espejo sus fuertes muslos. Subió y bajó las alas, combinando el ejercicio con unos saltitos. Al terminar, se bañó en el azul de la fuente, metió su pico en su engañoso plumaje y se comió una semilla que le había caído en el fuerte pecho, y que le sirvió de desayuno gracias al contenido de nutrientes necesario para mantener su brillo.

Camino a su trabajo se tomó dos selfies y las subió a instagram. Cuando estaba por tomarse la tercera, vio en la pantalla de su iPhone, del modelo más reciente, unas manos que se le acercaban al cuello para torcerlo.

— ¿Qué pasa? ¿Qué quieres? ¿Quién eres? Graznó con una nota blanca en su voz, al mismo tiempo que volteaba con gracia.
— ¡Muere! Nos has engañado a todos. No sientes el alma de las cosas.
— Ay, otra vez ese poeta tapatío. Yo creía que el olvido se había encargado de él, con sus llamados al odio y a torcernos el cuello. Somos de lo más necesario. Vete de aquí, que ya voy tarde para decirle al búho las tareas de hoy.
–¿Cómo? ¿Trabajas con el búho? Lo siento, no sabía que las cosas habían cambiado tanto.
–“Lo siento, lo siento”. No sé cómo no te denuncio por odiar intensamente mi vida.

El cisne llegó a su agencia “La voz del paisaje”.
Ahí estaban otros cisnes, alimentando las redes sociales. Una subía a instagram las fotos de su último viaje por Central Park, en donde había combinado “perfecto”* una bolsa para semillas de flor de calabaza, diseñada por Yves Swan Laurent, con tenis de la tienda de fast fashion Uniglogloglo. Otra estaba mandando a la red del pajarito sus comentarios sobre la alfombra roja de la tarde. Todos los mensajes estaban en una forma y en un lenguaje que no iban acordes con el ritmo latente de la vida profunda.

Y en el fondo de la oficina, el búho, con su inquieta pupila, se esforzaba por interpretar el misterioso libro del silencio nocturno.

— Deja ya eso, le graznó el cisne. Ya no estás en el regazo de Palas. ¿Para qué quieres ser profundo si eso no nos va a dar likes?
— ¡Es eso, Cisne! Por fin entiendo por qué estoy incómodo en este puesto.
— Pues tiende tus alas, si quieres, y posa en aquel árbol tu vuelo taciturno.

El sapiente búho se fue. Dejó al cisne y la búsqueda obsesiva de los likes y la “curaduría” de lo que sea que aparezca en google. Se fue a saciar a fondo su curiosidad sobre la vida. Y desde entonces se esfuerza para que la vida comprenda su homenaje.

El cisne se quedó paseando su gracia, no más.

*No puedo resistir esta aclaración. Esos cisnes de la agencia “La voz del paisaje” nunca, jamás, se molestaron por entender que no se dice: “combinó perfecto”, o “me queda perfecto”. Para modificar al verbo se necesita un adverbio. Lo correcto es decir “perfectamente”. Bueno, a menos que no quieras hablar correcto, es decir, correctamente.

¿Qué haces cuando te planta un posible cliente?

Tenías meses persiguiendo al prospecto de cliente y por fin te dio una cita. Adelantas el regreso de Puerto Vallarta, te aseguras de no tener ningún otro compromiso para ser el más puntual, llegas 15 minutos antes, te anuncias en seguridad, entras a la sala de espera y 45 minutos después, la recepcionista te dice que no encuentra a la persona que te citó, aunque ya preguntó por ella en todas las extensiones del edificio. Le mandas un whatsapp y te dice que le surgió una emergencia. Le dices: “No te apures, dime cuándo nos vemos”. Y ya. El horrible silencio de las palomitas de whatsapp, del mensaje entregado y no leído o de leído y no contestado.

Pobre, seguro chocó cuando llevaba a su hijo a una operación de emergencia y su marido, que se está recuperando él mismo de una intervención quirúrgica, se arrancó el suero, se arrastró desde su cama de hospital al coche y fue a ayudarle para encontrarse con que lo último que su pobre y atareada esposa alcanzó a hacer antes de entrar en coma fue mandar un mensaje que decía “me surgió una emergencia”.

Piensas que a esta diligente persona le sucede de todo, como aquella vez que te cambió la hora de la llamada para las 3 de la tarde y tuviste que interrumpir una comida para marcarle y no te contestó, sin contar todas las veces que tuvo que cambiar la cita, siempre por correo, aunque tiene tu whatsapp.

Cuando llegas a tu oficina le mandas un correo deseándole que todo esté bien. Y,  descansando tu barbilla en la mano, ves fijamente tu computadora y tu teléfono esperando que te mande un nuevo mensaje. Pero si ya te mandó el mensaje. ¿Sabes cuál es?: “No me interesa”.

Desesperado googleas para ver qué hacer cuando te dejan plantado y te encuentras con estos dos artículos:

Este que dice: “Valórate, ten dignidad”

Y este otro que te recomienda encontrar un buen acuerdo o terminar tus pérdidas, buscando otro prospecto mejor. 

Después de leer que hay que tener dignidad, que cuando un cliente aplaza las citas y te deja plantado es porque no te quiere comprar, piensas cuál será tu siguiente plan de acción.

“¡Ah sí!”, dices, primer paso, vas a mandarle un nuevo whatsapp: “Ojalá ya estés mejor y hayas podido resolver tu emergencia”.  Segundo paso, te vas a sentar a ver cuándo aparece la respuesta en tu teléfono. Ves a tu perrito, cómo consigue cosas con solo poner su patita delantera en tus piernas mientras estás comiendo. Tercer paso, si te contesta el whatsapp, te vas a poner panza arriba. 

Tuve que rogarle a Rita para que pusiera esta cara.

Te pagan menos si vas en bici al trabajo

Por ir en bici a la oficina ganas menos que tu compañero que hace un trabajo como el tuyo pero va en coche. Tu jefe no te lo va a decir, aunque lo más seguro es que sí, destina menos dinero para ti que para los que traen auto.

Una empresa paga entre 1,000 y 1,500 pesos mensuales por cajón de estacionamiento*. Si vas en bici en lo más que van a gastar es en poner un tubo para que la amarres.

Antes de que te quejes, ponte en el lugar de los empleados con menores salarios. Por ejemplo, en la ciudad de México, y tal vez en Guadalajara o Monterrey, los empleados de bajos recursos pasan entre dos y tres horas diarias en el transporte público para llegar a su empleo. Súmale a esas horas perdidas, el costo del transporte que no se les reembolsa.

En cambio, para los que van en auto, en muchas empresas, además de pagarles el cajón de estacionamiento, les dan vales de gasolina. Y eso va multiplicando los incentivos para andar en coche y las desventajas para los que no lo usamos.

Tu jefe cree que tiene cosas más importantes que hacer, en lugar de andar promoviendo la igualdad. Pero son pequeñas decisiones como estas las que terminan por costarnos a todos. Los incentivos para andar en auto crean más tráfico; los gastos extra para los que traen coche aumentan la desigualdad y le cuestan a todos. Si la empresa paga por el estacionamiento, tiene mayores gastos y el que trae coche ni siquiera siente el beneficio como lo sentiría si le dieran el dinero en efectivo.

*La cifra del gasto en estacionamiento la cita Jorge Macías, director de Desarrollo Urbano en World Resources Institute, una organización que busca crear conciencia sobre los efectos de las políticas públicas en el progreso de la población.

Por qué es mala idea angustiarte por los gastos hormiga

Otra vez se te acabó la quincena y no sabes en qué se te fue el dinero. Estás haciendo un drama, porque te imaginas que vas a ser un viejito pobre, abandonado por sus hijos, sin nadie que lo mantenga, y que la próxima quincena no vas a tener para sostener tu estilo de vida y te van a cortar el celular y el Netflix.

Ya estás como personaje del cine mexicano o de la Rosa de Guadalupe: prometiendo que no lo vuelves a hacer y andas pidiéndole a Lupita que te adelante la tanda para pagar la gasolina.

Dices que ya vas a cambiar, a revisar bien tus maletas y a organizar tus finanzas.

Te propones castigarte y dejar de gastar, así, de repente. ¿Qué crees? Buscar en dónde recortar gastos hormiga es una de las cinco preocupaciones inútiles sobre dinero.

Hay algunas cosas que tú crees que deberían preocuparte, pero no son tan graves como te imaginas. Y en muchos casos, mientras menos te preocupes mejores resultados vas a tener.

De la gustada serie Cinco preocupaciones inútiles sobre dinero, aquí te va la primera:

Preocupación inútil #1:

Buscar en dónde recortar los gastos hormiga. Es como ponerte a dieta. Sí, vamos a hablar de dinero, pero espérate, antes hablemos de nuestra manera de comer.

Seguro hoy en la mañana te viste la lonja y dijiste: “Hasta aquí llegaron las gorditas de chicharrón prensado, las guacamayas (tortas de chicharrón, de venta en León), los pasteles y los frapuchinos con crema batida y Splenda.”

Vas a dejar de comerlos tres días, vas a sentir que te estás sacrificando muchísimo y aun así tu camisa seguirá marcando tu forma de botella de Coca-Cola y de nada habrá servido, así que el jueves vas a anunciar: “Compañeros de oficina, yo disparo los tacos de suadero”.

Ahora sí, #hablemosdedinero. Dices que gastas mucho, que no ahorras y que quién sabe en qué se te va la quincena. Y te propones dejar de tomar tus frapuchinos y dejar de salir con tus compñaeros los juebebes.

Y ¿qué crees? No lo vas a cumplir.

NO. LO. VAS. A. CUMPLIR.

No tengo una esfera de cristal ni te estoy espiando.  Ahí te va la explicación de por qué los sacrificios no sirven para nada. Este tipo de ideas le valieron el Premio Nobel de Economía a Richard Thaler. 

Una vez, cuando trabajaba en la revista de Martha Debayle, coordiné un especial sobre comida, dirigido a los que vivimos con la angustia de no saber qué vamos a comer porque tenemos la idea de que todo engorda o hace daño. Y el gran takeaway, y lo digo en inglés porque era para la revista de Martha Debayle, famosa por su manera de pronunciar, el gran takeaway fue que los mexicanos no comemos suficiente fibra. Repito: No comemos suficiente de algo, qué alegría y nosotros pensando que tenemos que comer menos. Y en realidad tenemos que comer más de algo que nos falta.

La mayoría de los mexicanos está repuestita y un poco acuerpadita de más y resulta que no es porque come mucho de algo sino porque le falta fibra, según me contó Juan Rivera Donmarco, director del Centro de Investigación en Nutrición del Instituto Nacional de Salud Pública. 

Al no comer fibra, vivimos con hambre perpetua, porque los tacos de canasta, los pasteles de cumple de @mundogodinez y las gorditas no quitan el hambre. Al contrario, la grasa de alguna manera interfiere en la actividad de la hormona que manda al cuerpo la señal de que ya estamos llenos. Parece que mientras más grasa comemos, más se ataranta esa hormona

En cambio, si comiéramos más fibra, que se encuentra en verduras, frijoles, lentejas y la cáscara de las frutas, nos sentiríamos llenos antes, nos nutriríamos más y estaríamos menos tiempo en el baño.

Guacamaya chicharrón antojito
Ándale pues, cómete tu guacamaya pero también come verduras.

¿Y eso qué tiene que ver con manejar bien el dinero? Es muy fácil. Es mejor destinar el dinero a algo que sirva, que recortar gastos, como si fuera manda para la virgencita.

Aquí va el plan de acción.

  1. Sigue tu vida de derroche de aquí a la próxima vez que te depositen.
  2. Pero, mientras tanto, ve preparando todo, para que en la próxima quincena ya tengas destinado el dinero a cosas útiles y que te van a beneficiar en el largo plazo.
  3. El dinero que te sobre la próxima quincena, ese sí lo podrás usar en tus gustos.

Si vuelves a salir con que ya no le vas a dar propina al viene viene, que no le vas a pagar vacaciones a la señora Carmelita (¡qué miserable!) y te vas a recortar tú solo el pelo con la navaja del 1, en lugar de ir con el peluquero, no vas a tener mejores resultados con tu dinero.

Es más, vas a terminar enojado y luego vas a querer vengarte del mundo, comprando lo que se te ponga enfrente, pos cómo no.

Tu takeaway, o teikawey, para que no andes de resentido diciendo que tú no pronuncias como mi exjefa: No te reprimas, mejor piensa a qué sí debes destinar el dinero a partir de la próxima quincena. Y tiene que ser la próxima quincena, no hoy. 

Aquí hay algunos ejemplos de destinos útiles para tu dinero.

  • Depositar 10 pesos semanales en tu afore. Diles a los de RH que sirvan de algo y que investiguen cómo se hace. Pícale aquí para que veas qué fácil es
  • Comprarte un termo para preparar el café en casa y llevarlo a la oficina todos los días. Acuérdate que se vale comprar un frapuchino cuando esté bueno el chisme y haya que sentarse a platicar.
  • Conseguir un buen juego de tuppers, para que lleves comida unas dos veces por semana a la oficina y dejes de usar como pretexto que no encontraste la tapa azul del bote de yogur. 
  • Comprar el libro del Pequeño Cerdo Capitalista. Te va a ayudar a hacer un plan de ahorro e inversión y a poner orden en tu relajito financiero. No te pierdas la estrategia de “quítenmelo porque me lo gasto”. 

Este posteo es en respuesta a @aizz_bmx que andaba buscando una colaboración mía de 2011, o sea de hace siglos, acerca de 5 preocupaciones inútiles. Como no lo encuentro ni me acuerdo bien de qué va, aquí empiezo una nueva versión. Seguiremos con las otras cuatro preocupaciones inútiles.

La foto de la guacamaya es cortesía de Comensalendf

Estamos gordos porque comemos de menos

La epidemia de sobrepeso y de obesidad que azota a México no es porque los mexicanos comamos mucho, sino porque comemos pocos alimentos nutritivos. Es decir, tenemos que lograr que los mexicanos comamos más cosas saludables y, de esa forma, podamos controlar nuestros antojos de cosas que engordan. 

Aquí van unos párrafos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Medio Camino 2016.

“Respecto a la diversidad de la dieta de los escolares, se observaron bajas proporciones de consumidores regulares de grupos de alimentos asociados con mejores niveles de salud (grupos recomendables): solo 22.6% consumen regularmente verduras, 45.7% frutas, 60.7% leguminosas.

“En cambio se observó un elevado consumo de alimentos cuyo consumo cotidiano aumenta los riesgos de obesidad o enfermedades crónicas (grupos de alimentos no recomendables para consumo cotidiano): 81.5% consumen regularmente bebidas azucaradas no lácteas, 61.9% botanas, dulces y postres y 53.4% cereales dulces. La diversidad total de la dieta en el ámbito nacional fue de 6.5 grupos de alimentos por día. La media de consumo del número de grupos de alimentos recomendables fue 3.7 y para los grupos no recomendables para consumo cotidiano de 2.8.

“En adolescentes, también se observaron bajas proporciones de consumidores regulares de grupos de los alimentos recomendables: solo 26.9% consumen regularmente verduras, 39.2% frutas, 63.1% leguminosas. En cambio se observó una elevada proporción de consumidores de grupos de alimentos no recomendables para consumo cotidiano: 83.9% consumen regularmente bebidas azucaradas no lácteas, 59.4% botanas, dulces y postres y 50.3% cereales dulces. La diversidad total de la dieta en el ámbito nacional fue de 6.4 grupos de alimentos por día. La media del número de grupos de alimentos recomendables consumidos fue 3.7 y para los grupos no recomendables para consumo cotidiano de 2.7.

“En adultos se observaron bajas proporciones de consumidores regulares de la mayor parte de los grupos de alimentos recomendables: 42.3% consumen regularmente verduras, 51.4% frutas, 70.0% leguminosas. En cambio se observó una elevada proporción de consumidores de algunos grupos de alimentos no recomendables para consumo cotidiano: 85.3% consumen regularmente bebidas azucaradas no lácteas, 38% botanas, dulces y postres y 45.6% cereales dulces. La diversidad total de la dieta en el ámbito nacional fue de 6.5 grupos de alimentos por día. La media de consumo de grupos de alimentos recomendables fue 4.2 y para los grupos no recomendables para consumo cotidiano de 2.3.”

¿Por qué cito esto si se supone que aquí se habla de dinero? Ah, es para explicar que lo que tendríamos que hacer es enfocarnos en lo que sí deberíamos comer y no en lo que no deberíamos. Y lo mismo con el dinero, en lugar de azotarnos por dejar de gastar, tenemos que encontrar a qué destinar nuestros recursos para que nos den mejores resultados que los que estamos logrando hasta el momento.