¿Sirve invertir en la Bolsa de Valores?

Vamos a jugar a los tíos buenos y a ponerle dinero en la Bolsa de Valores a cada uno de los cinco sobrinos. Se supone que es buenisímo que los niños tengan inversiones en la Bolsa, porque para tener rendimientos ahí, hay que esperar muchos años.

Esa es una sugerencia de Carlos Ponce, un financiero que hace años sacó el libro La bolsa de valores es para los niños precisamente con ese argumento. Cuando salió el libro, a mí me dio la voladez y pensé que estaría bueno abrir una cuenta de inversión a nombre del sobrino más reciente, Julio, que nació en 2008.

Veamos. En 6 años, el principal indicador de la Bolsa tuvo una ganancia de 40%, o sea que los mil pesos se convirtieron en 1,400 hasta el 15 de diciembre de 2015. Sin hacer nada, conseguimos una ganancia de 1.4% anual.

¿Es siempre bueno invertir en la Bolsa? Parece que si uno tiene muuuucha paciencia, puede tener mejores resultados. ¿O sea que a más años, mejores ganancias? No siempre. El hermano mayor de Julio, Rodolfo, nació el 23 de julio de 2007. Si le hubiéramos puesto a él una inversión equivalente a 1,000 pesos de 2008, su dinero se habría convertido en 1,244 pesos. ¡¿Cómo?! ¡Si estuvieron más tiempo en la Bolsa! Pues sí, pero a Rodolfo se le ocurrió nacer en uno de los momentos más altos de la Bolsa y justo antes de la crisis financiera de 2007 y 2008. Él tuvo una ganancia anual de 1.26%.

¿Cómo les habría ido a los demás sobrinos? Vamos a suponer que a cada uno de ellos le dimos el equivalente a 1,000 pesos de 2008 en el momento en que nacieron.

Emilio, que nació en 1993, tuvo una ganancia de 15.28% anual.
José, de 1996, tuvo ganancias de 11.88% anual.
Pablo, de 2000, con 7.96%
Rodolfo, de 2007, con 1.26%
Julio, de 2008, con 1.48% anual.

La Bolsa de Valores de 1993 a 2015
La Bolsa de Valores de 1993 a 2015

 

La respuesta es que a todos les sirvió invertir en la Bolsa, porque ¿dónde más podrían meter 1,000 pesos y conseguir ganancias? En bienes raíces, con ese dinero habrían alcanzado a comprar unos cuantos ladrillos y no les iban a sacar ganancias.

Se demuestra que tener paciencia en la Bolsa paga, porque el que aguantó más años tuvo mejores ganancias. Excepto en el caso de Rodolfo y Julio, porque Julio estuvo menos tiempo que Rodolfo y ganó más.

Y también se ve que las ganancias que se consiguen dependen del momento en que se entra. Emilio, de 1993, entró a la Bolsa cuando estaba a punto de empezar a funcionar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que hizo que México atrajera un montón de inversiones. Y en los años en que creció el consumo interno, si quieren a golpe de meses sin intereses. Por tanto, las empresas que cotizan en la Bolsa también crecieron.

En cambio, Rodolfo empezó en 2007 y desde entonces se soltó la crisis financiera de los préstamos hipotecarios y las inversiones de locos.

¿Sirve o no sirve invertir en la Bolsa? Sirve invertir, pero también se vale preguntar, entender qué se está haciendo, no meter todo en el mismo lugar y tener un fondo de emergencia, para no tener que sacar el dinero del horno mientras que se está madurando. Porque es como los pasteles: si los sacas antes, se apachurran.

¿Dónde hay tortillas buenas?

En el DF, no, no hay buenas tortillas. La mayoría, la inmensa mayoría de las tortillas en la capital mundial de las tortillas es de un amarillo espantoso, que no se debe al tipo de maíz, y con una consistencia de cartón. Según me explican dos chingones en esto de las tortillas -y ahorita les voy a decir quiénes-, les ponen tanto ingrediente para que rindan más, que salen en teoría más baratas. Tan baratas que al día siguiente casi no duele tirarlas, porque hay que tirarlas de lo espantosas que se ponen.

Entonces no son baratas. Porque estamos pagando por tortillas que no nos vamos a comer. Pero eso ya es otra historia y por lo pronto no me voy a distraer con ella.

La primera de los dos chingones con los que hablé para preguntarles “¿Por qué no hay buenas tortillas en el DF?” fue Diana Kennedy, una de las grandes salvadoras de la cocina mexicana, que tiene más de 40 años recorriendo el país para encontrar las mejores recetas y publicarlas en sus libros. Es en serio cuando les digo que es una salvadora de la cocina. Y según la BBC de Londres tiene la solución para tres de los mayores problemas de México: la obesidad, la crisis de la agricultura y el deterioro del ambiente. Porque con su propuesta de regresar a la buena cocina, vamos a comer más saludable y vamos a dejar de maltratar a los agricultores y al ambiente. Oigan esto para que se enamoren de la Kennedy.
Yo tengo algunos ejemplares de sus libros, con las hojas llenas de salsa para que no se me olvide lo deliciosa que salen la birria, el pollo y las conchas siguiendo sus instrucciones.

Ah, pero estábamos en el tema de la tortilla. Desde hace rato que Diana Kennedy está insistiendo en que en México es dificilísimo encontrar buenas tortillas y, para el caso, buenos chiles y buenos platillos en los restaurantes. Hace muchos años, The New Yorker publicó un artículo en el que daba la alarma porque se nos está olvidando comer buen maíz en México. Y ahora Vice la visitó para escribir que Diana Kennedy está enojada porque las tortillas son falsas. 

Le hablé a su casa en Zitácuaro.

— No quiero inducir la respuesta, pero ¿por qué es tan difícil encontrar buenas tortillas en México?

— Para hacer que rinda más, al nixtamal lo extienden con Maseca. Donde compre sus tortillas va a ver que siempre hay costales de Maseca. Y en muchos lugares le ponen demasiada cal. En tiempos de calor, la cal ayuda a que la masa no se agrie, pero en exceso hace que las tortillas se pongan amarillas y como cartón.

Total que para conseguir buenas tortillas hay que ir a las afueras de las grandes ciudades. En el DF, habrá que ir a algunos pueblos arriba de San Ángel.

Le presumo que yo encontré, en la colonia Argentina, un molino con masa de maíz auténtico y, muy cerca, dos tortillerías en donde se venden tortillas sin demasiada cal. Le da gusto, pero me dice:

“Hay que aceptar que en una ciudad tan grande, si no vas a buscar hasta la colonia Argentina, tienes que conformarte con lo que hay”.

Molino de maíz en la colonia Argentina
El milagroso molino de maíz El Milagro

Tortillerías en el DF
La foto de Google Maps de la tortillería Pelayo en el mercado Argentina.

Me dio un tip: por lo general, en los restaurantes El Bajío y El Cardenal, se pueden encontrar tortillas decentes.

El otro chingón me lo recomendó Diana Kennedy. Es Amado Ramírez Leyva. Él tiene doctorados en agricultura y está de veras metido en investigar todo sobre el maíz, pero para entrarle de veras a defender el buen maíz, abrió su propia tortillería, Itanoni, en Oaxaca. Allá le hablé.

Y sí, Amado Ramírez me confirma que, en general, en México, “es muy mala la tortilla, no sólo de las ciudades”.

Las razones:

Tanta industrialización ha uniformado los maíces. Llegan maíces de diferentes calidades y variedades, de Sinaloa, Chiapas o Veracruz, los muelen todos juntos y le quitan el gusto de la diversidad.

En las tortillerías le ponen un chingo de cal. Para que las tortillas sean nutritivas, tienen que tener cal, porque ésta reblandece la cutícula del maíz y desdobla los aminoácidos, y así el cuerpo los asimila. Pero luego en las tortillerías se les pasa la mano, porque la cal ayuda a conservar la masa, quitándole lo ácido, pero acaba con el sabor del maíz y las tortillas se ponen amarillo cartón de caja de jabón Foca.

Antes de comer tortillas, hay que olerlas, aunque los anfitriones se sientan ofendidos. Si huelen mucho a cal, ya no van a estar tan buenas. Lo malo es que los mexicanos ya nos acostumbramos a esos cartones del terror. “Los mexicanos especialmente no le ponemos atención al maíz”, dice Amado.

¿Hay que odiar a las tortillas amarillas? La mayoría de las tortillas están amarillas porque se hicieron con mucha cal, como me confirman Amado, Diana Kennedy y el Diccionario Enciclopédico de la Gastronomía Mexicana, de Ricardo Muñoz Zurita. pero sí puede haber algunas buenas con ese color. Es un amarillo distinto. Sólo hay que seguir la regla de Amado: huelan antes de comer. Y si huelen a cal, déjenlas para la mezcla.

¿Y las azules? ¿Las que se venden como súper artesanales en algunos mercados, a precio de petróleo cuando el petróleo valía?  Diana Kennedy dice: “Le ponen pintura, estoy segurísima que no son de maíz verdadero” (bueno, la mayoría).

Estaba a punto de escribir quién movió mi tortilla, pero me acordé de un taller de periodismo en el que nos dieron manazos a todos los que poníamos como título algo que ya se había usado en otra parte. Y además, ¿quién se acuerda del libro Quién movió mi queso? Espero que sí se acuerden de la más reciente tortilla buena que se hayan comido.