¿No pasa todo demasiado rápido?

¿Han ido con un perro al bosque? No estoy diciendo que vayan a cazar osos o alces a las montañas Rocallosas o que se metan al Valle del Narco en medio de la noche. Basta con que se den una vuelta por el Ajusco, los Dinamos o aunque sea un parque de perros como el que está en el Metropolitano de Guadalajara.

El chiste es que vean al perro correr sin correa y sin peligro de que vaya a tirar a algún niño de dos años que pasea por su propio parque. El niño, eso sí, tiene todo el derecho, aunque a veces los dueños de perros no lo queremos creer.

Parque Metropolitano de Guadalajara
Rita en el Parque Metropolitano de Guadalajara

En fin, que el perro va sin correa, se adelanta, y corre atrás de todos los movimientos y todos los olores que puede haber ocultos en un bosque, o en un parque fresa, pues, y de pronto todo se vuelve salvaje de nuevo. En ese bosque de los Dinamos, siguiendo a Rita, una vez perdí a una bruja, porque dejé de pensar en la grilla de la oficina, y por fin, por primera vez en un mes, me liberé de las brujerías, todo porque Rita corría detrás o delante de su amiga Uma o brincaba en el río Magdalena, convirtiéndolo de nuevo en un lugar natural y eso era lo único que importaba, durante las dos horas que estuvimos ahí.

Rita se llenó de recuerdos de su paseo por los Dinamos, que le duraron como dos días, hasta que encontramos el último de los huizapoles o cardos o como se llamen. Y nosotros nos llenamos de recuerdos para siempre, como el de ese verso de Mary Oliver a su perro, que se adelanta y regresa y corre y desaparece un momento pero está siempre ahí, hasta que no está.

Sombra y Nube, las que están en la foto, también convirtieron un bosque de la ciudad en un bosque auténtico cuando las llevamos a correr, hace un siglo, al Ajusco. Nube nunca podía despegarse de la bicicleta. ¿A cuánto puede ir la bicicleta de Silvia? Digamos que a 14, 20 kilómetros por hora. Nube, con sus patitas de centímetros ahí sigue. ¿Llegaremos hasta la Cima, más allá de las quesadillas? Nube ahí sigue. Sombra, haciendo honor a su nombre, aparece después, 20 minutos después, con la cola como vela de barco. Nube ya va más adelante.

Ese paseo fue el día de los perros. ¿Se acuerdan que cuando éramos niños, cuando jugábamos con un perro nos imaginábamos que el perro era un niño más? Ahora, ya grandísimos como estamos, cuando jugamos con los perros, nos imaginamos que nosotros somos un niño más.

Por eso un perro nos hace sentir tan acompañados y, como le acaba de hacer Nube, nos puede dejar tan solos.

O como dice Mary Oliver, de quien es ese verso “¿No pasa todo demasiado rápido?“:

A dog comes to you and lives with you in your own house, but you

do not therefore own her, as yo do not own the rain, or the

trees, or the laws which pertain to them.

A dog can never tell you what she knows from the

smells of the world, but you know, watching her, that you know

almost nothing.

She roved ahead of me through the fields, yet would come back

or wait for me, or be somewhere.

Now she is buried under the pines.

Nor will I argue it, or pray for anything but modesty, and not to be angry.

Y ahora a vivir en el Apocalipsis zombi de la economía

Bien inocente, voy a preguntarle a un financiero qué podemos hacer con nuestros ahorros y nuestras inversiones los buenos ciudadanos ahora que ganó Trump en Estados Unidos. Me dio unas ideas buenísimas, que voy a poder usar para un artículo en una revista de negocios, pero me prohibió que lo citara en lo que me dijo en la mayor parte de la entrevista: que ya nos cargó el pintor, nos llevó la tía de las muchachas y que si Trump aplica 30% de lo que prometió que le va a aplicar a México vamos a entrar en una recesión como la de 1982 que, créanme millennials, es la culpable de que todos los mayores sintamos que nunca vamos a salir del hoyo.

Le pregunto a mi fuente: ¿Y por qué no debería decir que don Señor Sabe de Finanzas, de la Financiera Tan Seria SA siente que ya estamos en pleno Apocalipsis zombi? Porque ya no hay nada que hacer para proteger nuestros ahorros y nuestras inversiones: todo va a caer en términos de dólares. Ya. No. Hay. Nada. Que. Hacer. Y me dice que sería como avisarle a una familia que le va a caer una bomba atómica a su casa cuando no hay ningún lado para correr. Mejor que se queden disfrutando un rato más sus tlacoyos con frijoles.

¿Le echamos leña al fuego de tu pesimismo? Desde el 8 de noviembre, cuando todos nos fuimos a dormir con el miedo de que Freddy Krueger iba a ser el presidente electo de nuestro principal mercado, nuestra principal fuente de divisas, el empleador de gran parte de nuestra mejor fuerza de trabajo, de nuestro lugar favorito para comprar y nuestro villano favorito de siempre, desde el 8 de noviembre, cuando tuvimos la pesadilla de tener a Orange Krueger como presidente electo de Estados Unidos, hasta el 23 de noviembre, la Bolsa Mexicana perdió 17% en términos de dólares. ¿Se imaginan? Si antes de Trump tenían el equivalente a un dólar metido en la Bolsa, para el 23 de noviembre les quedaban 83 centavos de dólar.
Antes de que salgan a correr desnudos por las calles, o que se encierren en una cabaña para que no los alcancen los zombies, les advierto que estoy hablando de un indicador que trae acciones de varias empresas mexicanas y que sirve para medir el desempeño de la Bolsa en términos de dólares. Si quieres ver cómo se mueve es el EWW y puedes picarle aquí.

Es solo un indicador, no todo lo que está en la Bolsa Mexicana bajó de valor, o por lo menos no todo bajó tanto. Aunque, mmmh, algunas cosas bajaron todavía más. Porque Trump está amenazando con subir los impuestos a productos hechos en México por empresas estadounidenses y también con cambiar muchos de los términos del Tratado de Libre Comercio, para que ya no podamos venderles tanto a ellos. Eso le va a pegar al valor en la Bolsa de muchas empresas mexicanas.

¿Verdad que no va a cumplir todas sus amenazas? Sigo de inocente preguntándole al financiero entrevistado. Pues no hay que ser tan optimistas. Trump necesitaba un puerquito para pegarle y quedar como el bully mayor del patio de la escuela. Y no se iba a poner con uno que pudiera contestarle, así que escogió al que tiene cerca, al más mocoso, con peor autoestima y al que también le pegan en su casa. ¿Cuál será? Al niño México… lo esperan en el patio de la escuela.

¿Tenemos una solución? Por lo pronto, hay que ponernos a leer un libro que es gringo y por eso le pido perdón a todos los que están dispuestos a boicotear a todos los productos gringos, que habla de cómo cuando te cambian todas las condiciones de repente te puedes volver más creativo. No quiero echarles a perder el cuento, pero habla de una promotora de conciertos que a sus 17 años había logrado contratar a Keith Jarret, ya tenía la sala de conciertos llena a reventar cuando, unos minutos antes, Keith Jarret sale a revisar el piano y descubre que no funciona… así que…

¿Qué vamos a hacer nosotros ahora que estamos descubriendo que nuestro piano o nuestros planes no funcionan como deberían? Según el libro, Messy, de Tim Hartford, este tipo de momentos en que todo se pone patas arriba es el que sirve para encontrar un nuevo camino, que lo más probable es que es mejor que el que ya teníamos. Pero ya hay que ponernos a buscarlo, ¿no? El camino, no nada más el libro. 

Aquí hay una reseña del New York Times sobre Messy.

Por qué crees que los ricos son malos

¿Por qué en las películas la gente que tiene dinero, con excepción de Bruce Wayne, es mala mala? Entre los peores malos siempre hay algún productor de Hollywood que vive en una casa increíble inhalando todo lo inhalable, mientras sus amigos están en una alberca con vista a Mulholland Drive, en Los Ángeles. Son ricos y malos y el mensaje es que no hay que ser como ellos pero cómo se nos antoja.

Como somos buena gente, nos quedamos en odiarlos, porque nunca vamos a ser como ellos y porque el dinero es malo muy malo. Algún filósofo diría que esa ideología nos la están presentando para que ni se ocurra aspirar a ser ricos y mejor que nos quedemos esperando la justicia en otra vida. 

Ya parezco tía con mis referencias pero voy a poner un ejemplo de una película donde el dinero corrompe y el amor salva. Es la viejísima Pretty Woman, de cuando Julia Roberts tenía la edad que ahora tiene Yuya (y no gritaba “guapuras”). Es película de tu tía, pero seguro ya sabes que se trata de la Cenicienta y cómo el príncipe azul viene a salvarla, ya no de la madrastra pero sí de la prostitución en Hollywood Boulevard.

El príncipe azul es muy rico y todas las tías aman esa frase que le suelta a un vendedor de una tienda de ropa de lujo en Rodeo Drive: “venimos a gastar cantidades obscenas de dinero” y, claro, hay que explicar de dónde viene el dinero. Resulta que el príncipe azul es un desalmado dueño de un fondo de capital, de esos que se dedican a exprimir las compañías, a recortar personal y a eliminar gastos, para después vender esas compañías más caras de lo que las compraron. Su dinero va a rescatar a la Pretty Woman, pero solo el amor lo va a rescatar a él.

Pretty Woman fue un anunciote para las marcas de ropa de lujo. Creo que antes de esa película, los gringos solo conocían la ropa de Gap y nosotros cruzábamos la frontera felices con tal de comprar en JC Penney. Poco después de eso, las marcas europeas de a 200 dólares la playera se volvieron conocidas y la avenida Masaryk en México se convirtió en nuestra Rodeo Drive y ahí íbamos a todos a comprarnos cualquier cosa con iniciales.

¿Y qué hay de la maldad de los ricos? No hay mucho de qué preocuparse. Está muy difícil convertirse en uno de ellos. Hace unos dos años, se puso súper de moda el libro-ladrillo Capital, de Thomas Piketty, que nadie leímos pero que nos dejó claro, con estadísticas de la recaudación de impuestos de Francia desde el siglo XIX, que los ricos siempre son los mismos y que los dueños del capital se encargan de súper pagarse a ellos mismos, de manera que la riqueza sigue concentrada en unos cuantos. Entonces, como ya no vamos a ser ricos, ¿hay que gastar y gastar no se nos vaya a acumular?

Porque el galán de Pretty Woman era malo a la hora de ganarse el dinero, no a la hora de gastarlo.

Estaba a punto de soltar mi moraleja, de que la clase media se uniera y pensara en acumular un poquito, además de gastar pero ya me dio flojera. De todos modos, cuando vemos la Cenicienta y nos ponemos felices de que el príncipe azul la rescata de sus hermanastras malvadas no creemos que lo único que hay que hacer en la vida para salir del hoyo es ir al baile en el palacio.

Y cuando vemos que los malos de las películas son los ricos, no pensamos que hay que ir a vaciar nuestra cuenta de banco y que la moraleja es que debemos acabar con toda ambición. ¿Verdad que no?