El amigo de nuestros amigos los murciélagos

El chavo va al gimnasio el viernes y estrena camisa el sábado para ir al antro. El pavo real extiende su abanico con los dibujos de múltiples ojos de brillos azul verde. El macho de la planta del agave está casi listo para reproducirse sexualmente, prepara su quiote, una torre de 10 metros de altura, con flores barrocas y retorcidas que le sirven para atraer a los murciélagos, los que, a su vez, llevarán el polen a las plantas hembras y así asegurarán que salgan semillas y frutos. Cuando el agave está a punto de empezar esa danza sexual, llega el jimador y lo corta. El quiote consume demasiada azúcar, dejar que salga disminuye la capacidad de la planta de producir alcohol para el mezcal o el tequila.

El murciélago tendrá que encontrar el néctar en otra parte. Los tequileros de todos modos tienen plantas nuevas, toman los hijuelos que salen en la base del agave y los transplantan. En todo este proceso, hay una razón económica: Esperar siete u ocho años a que madure un agave y dejar que use el azúcar para producir el quiote es muy costoso. Imagínense lo que vale dedicar el terreno a eso durante tanto tiempo. Pero este proceso genera un problema ecológico, que terminará por convertirse en un enredo económico. Los hijuelos son genéticamente idénticos a la planta de donde salieron. Cuando aparece una enfermedad del agave, es más fácil que se contagien todas las plantas, porque todas tienen las mismas características. Si nacieran de semillas, por la polinización natural, serían más diversas y eso las haría más resistentes: la enfermedad no se contagiaría tan fácilmente.

Cada siete u ocho años hay una nueva plaga que amenaza la producción de tequila, porque mata a cientos de plantas de agave. Y además, la falta de flores de agave pone en riesgo la alimentación y la vida de los murciélagos. Este enredo tiene solución y la ha propuesto Rodrigo Medellín, un científico conocido como el Batman mexicano desde México hasta Londres, pasando por Nueva York y Guadalajara.

Foto de Amy Cooper de Rodrigo Medellín, el Barman mexicano
Rodrigo Medellín, el Batman mexicano, con un magueyero menor o Leptonycteris yerbabuenae. Foto de Amy Cooper

Esta es su propuesta: Dejar que algunos agaves florezcan, para que se dé la polinización mediante esos mamíferos nocturnos y peluditos (es que ya no quiero repetir la palabra murciélagos). La polinización es un seguro de vida para el futuro de los agaves, porque permitirá mantener la diversidad genética. De acuerdo con Medellín, basta que los productores de mezcal y tequila dejen que 5% de sus plantas den flores, para mantener viva la población de murciélagos y para comprar ese seguro de vida de las plantaciones agaveras. Los productores que lo hacen obtienen el sello Bat Friendly, promovido por el Tequila interchange Project y otorgado por la UNAM.

Ya hay cinco productores de tequila y dos de mezcal que han obtenido el sello Bat friendly. Faltan más científicos en el campo que verifiquen se haga lo correcto a favor de los Leptonycteris yerbabuenae (¿Ah, verdad?). Por lo pronto, ya hay una reserva de semillas obtenidas en 2014 que permitirá reproducir los agaves de manera sexual y no solo con hijuelos. Los resultados sobre el tequila podrán verse en 2020, cuando maduren las plantas de esa generación.

Los esfuerzos de los productores Bat Friendly, y otras iniciativas, ya sirvieron para salvar de la extinción a esta especie de murciélagos. En los años 90 había menos de 1,000; ahora se estima que hay más de 200,000 individuos de esta especie. En México se sacó al murciélago magueyero menor de la lista de especies en peligro en 2013, en Estados Unidos lo hicieron en 2018

Los murciélagos son nuestros amigos, por muchas otras razones, además de la polinización del agave tequilero. El Batman mexicano habló con Oso Osegura y conmigo, Roberto Morán, en el podcast De Otro Modo, para explicar de qué otras formas son útiles los únicos mamíferos capaces de volar. Un avance: los murciélagos son más eficientes que los pájaros para dispersar las semillas. Se las comen y luego las defecan mientras vuelan, dejándolas caer en campo abierto. En cambio, los pájaros comen las semillas y solo tiran su excreta cuando están en una percha, por lo que las semillas caen bajo los árboles, con menos oportunidades de desarrollarse. ¿Han oído aquello de que la mejor semilla es la que crece lejos del árbol que la originó? Parece que es verdad. 

Qué suerte tienen algunos, que sí encuentran alguien que se fije en el quiote, en las plumas… o en la camisa nueva.

Escuchen aquí al Batman mexicano.

Es que soy muy malo para manejar el dinero

No le vayan a decir a nadie, nada más se lo cuento a ustedes… ¡Soy malísimo para jugar futbol!

Me gusta correr, me puedo enfrentar a otro para quitarle la pelota, más o menos tengo puntería pero… ¿Ya les pedí que no le cuenten a nadie?  No me sé las reglas del juego. Así que siempre me ha dado miedo ganar la pelota y que alguien grite que estoy en fuera de lugar, o sacar el balón de la cancha porque no sé qué debo hacer para regresarlo. ¿Debo agarrarlo con las dos manos y aventarlo? ¿O dejar que sea el otro jugador? ¿Quién la sacó? ¿él o yo?

¿Cuándo se hace un tiro de esquina? ¿por qué se da un tiro de castigo?

Como nunca me supe las reglas y no me atreví a preguntar, nunca practiqué el futbol. Y eso se convirtió en un círculo vicioso. Me encantaría convivir con los cuates, como cualquier persona normal, pero ya les digo, no sé por qué todos de repente gritan “¡falta!”. Y por la falta de práctica, cuando tengo un balón frente a mí, tiro el patadón y logro un avance de exactamente catorce centímetros.

Con esa historia de que no sé jugar me he pasado toda la vida. Sufro en los mundiales de futbol, cuando todos mis amigos son directores técnicos y piden penaltíes o declaran que el abanderado está ciego. Puedo vivir con eso. Le doy un trago a mi cerveza y me consuelo pensando que, de todos modos, el árbitro no los oye, al otro lado de la pantalla de la televisión.

Sé de mucha gente que declara muy contenta que no sabe manejar el dinero y entonces deja de intentar las cosas. Como no sabe manejar el dinero y no entiende eso del ahorro, pues sigue gastando en tonterías. Como no saben manejar el dinero, ni se les ocurre preguntar por las inversiones. “Ay no, eso de sacar la raíz cuadrada de la hipotenusa del rendimiento neto no es para mí”, exclaman, y dejan su dinero dormido en una cuenta de banco.  Como no saben manejar el dinero, aceptan el crédito que sea y terminan pagando de intereses por unos zapatos como si hubieran comprado medio Tiffany.

Como no saben manejar el dinero, dejan que los demás los manejen a ellos, para llegar a los 30 o los 40 años quejándose de lo malo que es el mundo y de cómo el capitalismo los explotó de manera espantosa.

A ver, nadie está diciendo que no exista la desigualdad y que el que trabaja mucho se convierte en millonario. Pero sí que muchos dejan, o dejamos, pasar oportunidades o vivimos en peores condiciones de las que podríamos por no aprender un poco más sobre la forma correcta de manejar nuestros recursos. Por ahí leí que lo bueno de ser víctima es que uno nunca tiene que cambiar. Y cuando uno dice que no sabe y que siempre será malo, entonces puede culpar al capitalismo, al mundo, a Dios padre, a su padre, de tener una deudota en la tarjeta de crédito o no tener pensión o no poder pagar las medicinas.

Consejos de finanzas personales, podcast, Sofía Macías, pequeño cerdo capitalista
Sofía Macías, autora del Pequeño Cerdo Capitalista, platica cómo arreglar tu relajito financiero.

Por eso está bien padre platicar con Sofía Macías, la autora del Pequeño cerdo capitalista. Es un libro, pero también un sitio, un método, un sistema para aprender a arreglar el relajito financiero. Ella no anda por ahí prometiendo riqueza fácil. Lo que hace es dar herramientas para que uno pueda ser más responsable con su vida.

Si yo me atreviera a preguntar qué es eso del tiro de esquina y cómo debo pararme (y cómo debo protegerme) en un tiro de castigo, podría practicar un poco más de futbol y aprender, en la medida de mis posibilidades. La intención no sería convertirme en Ronaldo o en Salah, pero sí divertirme y convivir un poco más. Lo mismo pasa con el manejo del dinero. Hay que atreverse a preguntar. Y lo bueno es que Sofía está dispuesta a ayudar.

Con ella estrenamos el Oso Oseguera y yo, el podcast De otro modo. Menciono al Oso porque él también conduce el podcast, pero el día que grabamos, se le cuatrapeó la agenda y llegó justo en el momento en que la productora nos dijo que ya habíamos terminado de grabar. No se lo pierdan en el siguiente episodio.

Por lo pronto, aquí los dejo con el primer y sensacional episodio de De otro modo, con Sofía Macías.

Me equivoqué de cuento

Camino más rápido para alcanzarla. Sé que ella le va a dar otra vuelta al parque, así que voy en sentido contrario para volvérmela a topar. Quiero saludarla. Es una mañana algo fría, el sol se cuela entre las hojas de los liquidámbares, que tanto se parecen a las de la bandera de Canadá. Desde el temblor, me da más gusto reencontrarme a los vecinos.

Es una señora delgada, que sale a caminar, apoyada en unas muletas. Inclina la cabeza hacia adelante, un movimiento que le da elegancia a su pelo agarrado en cola de caballo. Aun desde lejos se adivina que huele a limpio, con sus pants de figuritas recién lavados.

Sujeto más corto la correa de Rita, para que no se detenga a olisquear las hojas de los truenos ni los troncos de los fresnos. Los encuentros casuales son una gran oportunidad.

Acelero más y me acuerdo de esa historia de un joven marino estadounidense. Tenía que entregar unos documentos y, en la sala de espera, se puso a platicar con un señor que andaba en sus 50. Años después, el joven empezó una carrera de periodista. Pasó más tiempo y el hombre con el que tuvo la plática casual lo citó en un estacionamiento, para contarle los secretos sobre Watergate, que llevarían a la renuncia del presidente Richard Nixon. El joven era  el periodista Bob Woodward y el hombre con el que habló pasaría a ser conocido como “Garganta Profunda”.

He conocido a muchos en el parque. No pensamos tumbar a un presidente, pero cuando menos nos juntamos para ver el futbol, jugar dominó o visitar la exposición de Caravaggio. Con los dueños de Tao, Uma, Obelix, Sofi, Tomasa, Peltre, Oli, Martina o Zeus hablamos de las ocurrencias de nuestros perros y de la salud de nuestros trabajos y nuestras familias; del cine de Fellini, las clases de arte, la economía del comportamiento y los tipos de árboles.

“Córrele Rita, vamos a saludar”, le digo a mi perra. Por fin, nos volvemos a topar.

— Buenos días, señora. Hace rato la saludé, pero seguro no me vio.

— No soy Caperucita Roja para andar saludando a todos en el parque.

— …

Trato de cerrar la boca. Empiezo a dar otra vuelta al parque y la dueña de Tara me saluda. Una vuelta más y nos vamos.

Oigan peatones: ya supérenlo

— Un idiota me gritó horrible en la mañana, en el Starbucks.

— ¡No me digas! ¿Cómo? ¿En el drive thru?

— Sí, ¿en el drive thru, ¿Cómo crees que adentro? ¡Qué oso bajarme del coche! ¡Jamás! Ahí es como África. Iba yo feliz de que no había fila y que doy el volantazo para meterme. Y el idiota empieza a gritar y a decirme que casi lo atropello. Un ruco espantoso, nunca lo había visto en mi vida y no sé por qué me estaba dando lata. Se puso enfrente de la bocina y no me dejaba pedir mi frapuchino sin crema batida. Y yo con la prisa que traía.

— Increíble, pero ya te he dicho que qué horror que te metas a esas colonias. Seguro era un homeless.

— Ay sí, en la Condesa es difícil saber. Era un viejo todo fachoso, de short y una sudadera de esas que ya no saca Nike hace como 10 años. Puede ser un homeless o uno de los que viven por ahí, que les gusta caminar por esas banquetas todas mugrosas. Seguro ni se preocupan por la inseguridad, nadie les va a robar su Nokia, porque los que andan por la calle no han de traer ni iPhone 4. Salieron dos empleados del Starbucks a rescatarme y el viejo les grita que me le atravesé en la banqueta. ¿Quién camina? Ni que fuera Antara, ¡goey! Le ofrecieron un té chai, el pobre naco no ha de saber ni qué es eso. Les dijo que no, y todavía seguía enchinchando con que no entendía cómo yo no le pedía perdón y reconocía que le había echado el coche encima. ¡No manches! ¿Perdón de qué o qué? Que se espere si quiere caminar por su puta banquetita, que se cuide, ya no está para eso, se le van a lastimar las rodillas.

— Y total. ¿nunca se largó? ¡Qué pancho horrendo!

— Ay, se fue cuando le dije: “Ya supéralo”. Es increíble. ¿Por qué le voy a pedir perdón? ¿Pues qué? ¿La banqueta es suya? Ni que estuviéramos en Nueva York. 

Por qué es mala idea angustiarte por los gastos hormiga

Otra vez se te acabó la quincena y no sabes en qué se te fue el dinero. Estás haciendo un drama, porque te imaginas que vas a ser un viejito pobre, abandonado por sus hijos, sin nadie que lo mantenga, y que la próxima quincena no vas a tener para sostener tu estilo de vida y te van a cortar el celular y el Netflix.

Ya estás como personaje del cine mexicano o de la Rosa de Guadalupe: prometiendo que no lo vuelves a hacer y andas pidiéndole a Lupita que te adelante la tanda para pagar la gasolina.

Dices que ya vas a cambiar, a revisar bien tus maletas y a organizar tus finanzas.

Te propones castigarte y dejar de gastar, así, de repente. ¿Qué crees? Buscar en dónde recortar gastos hormiga es una de las cinco preocupaciones inútiles sobre dinero.

Hay algunas cosas que tú crees que deberían preocuparte, pero no son tan graves como te imaginas. Y en muchos casos, mientras menos te preocupes mejores resultados vas a tener.

De la gustada serie Cinco preocupaciones inútiles sobre dinero, aquí te va la primera:

Preocupación inútil #1:

Buscar en dónde recortar los gastos hormiga. Es como ponerte a dieta. Sí, vamos a hablar de dinero, pero espérate, antes hablemos de nuestra manera de comer.

Seguro hoy en la mañana te viste la lonja y dijiste: “Hasta aquí llegaron las gorditas de chicharrón prensado, las guacamayas (tortas de chicharrón, de venta en León), los pasteles y los frapuchinos con crema batida y Splenda.”

Vas a dejar de comerlos tres días, vas a sentir que te estás sacrificando muchísimo y aun así tu camisa seguirá marcando tu forma de botella de Coca-Cola y de nada habrá servido, así que el jueves vas a anunciar: “Compañeros de oficina, yo disparo los tacos de suadero”.

Ahora sí, #hablemosdedinero. Dices que gastas mucho, que no ahorras y que quién sabe en qué se te va la quincena. Y te propones dejar de tomar tus frapuchinos y dejar de salir con tus compñaeros los juebebes.

Y ¿qué crees? No lo vas a cumplir.

NO. LO. VAS. A. CUMPLIR.

No tengo una esfera de cristal ni te estoy espiando.  Ahí te va la explicación de por qué los sacrificios no sirven para nada. Este tipo de ideas le valieron el Premio Nobel de Economía a Richard Thaler. 

Una vez, cuando trabajaba en la revista de Martha Debayle, coordiné un especial sobre comida, dirigido a los que vivimos con la angustia de no saber qué vamos a comer porque tenemos la idea de que todo engorda o hace daño. Y el gran takeaway, y lo digo en inglés porque era para la revista de Martha Debayle, famosa por su manera de pronunciar, el gran takeaway fue que los mexicanos no comemos suficiente fibra. Repito: No comemos suficiente de algo, qué alegría y nosotros pensando que tenemos que comer menos. Y en realidad tenemos que comer más de algo que nos falta.

La mayoría de los mexicanos está repuestita y un poco acuerpadita de más y resulta que no es porque come mucho de algo sino porque le falta fibra, según me contó Juan Rivera Donmarco, director del Centro de Investigación en Nutrición del Instituto Nacional de Salud Pública. 

Al no comer fibra, vivimos con hambre perpetua, porque los tacos de canasta, los pasteles de cumple de @mundogodinez y las gorditas no quitan el hambre. Al contrario, la grasa de alguna manera interfiere en la actividad de la hormona que manda al cuerpo la señal de que ya estamos llenos. Parece que mientras más grasa comemos, más se ataranta esa hormona

En cambio, si comiéramos más fibra, que se encuentra en verduras, frijoles, lentejas y la cáscara de las frutas, nos sentiríamos llenos antes, nos nutriríamos más y estaríamos menos tiempo en el baño.

Guacamaya chicharrón antojito
Ándale pues, cómete tu guacamaya pero también come verduras.

¿Y eso qué tiene que ver con manejar bien el dinero? Es muy fácil. Es mejor destinar el dinero a algo que sirva, que recortar gastos, como si fuera manda para la virgencita.

Aquí va el plan de acción.

  1. Sigue tu vida de derroche de aquí a la próxima vez que te depositen.
  2. Pero, mientras tanto, ve preparando todo, para que en la próxima quincena ya tengas destinado el dinero a cosas útiles y que te van a beneficiar en el largo plazo.
  3. El dinero que te sobre la próxima quincena, ese sí lo podrás usar en tus gustos.

Si vuelves a salir con que ya no le vas a dar propina al viene viene, que no le vas a pagar vacaciones a la señora Carmelita (¡qué miserable!) y te vas a recortar tú solo el pelo con la navaja del 1, en lugar de ir con el peluquero, no vas a tener mejores resultados con tu dinero.

Es más, vas a terminar enojado y luego vas a querer vengarte del mundo, comprando lo que se te ponga enfrente, pos cómo no.

Tu takeaway, o teikawey, para que no andes de resentido diciendo que tú no pronuncias como mi exjefa: No te reprimas, mejor piensa a qué sí debes destinar el dinero a partir de la próxima quincena. Y tiene que ser la próxima quincena, no hoy. 

Aquí hay algunos ejemplos de destinos útiles para tu dinero.

  • Depositar 10 pesos semanales en tu afore. Diles a los de RH que sirvan de algo y que investiguen cómo se hace. Pícale aquí para que veas qué fácil es
  • Comprarte un termo para preparar el café en casa y llevarlo a la oficina todos los días. Acuérdate que se vale comprar un frapuchino cuando esté bueno el chisme y haya que sentarse a platicar.
  • Conseguir un buen juego de tuppers, para que lleves comida unas dos veces por semana a la oficina y dejes de usar como pretexto que no encontraste la tapa azul del bote de yogur. 
  • Comprar el libro del Pequeño Cerdo Capitalista. Te va a ayudar a hacer un plan de ahorro e inversión y a poner orden en tu relajito financiero. No te pierdas la estrategia de “quítenmelo porque me lo gasto”. 

Este posteo es en respuesta a @aizz_bmx que andaba buscando una colaboración mía de 2011, o sea de hace siglos, acerca de 5 preocupaciones inútiles. Como no lo encuentro ni me acuerdo bien de qué va, aquí empiezo una nueva versión. Seguiremos con las otras cuatro preocupaciones inútiles.

La foto de la guacamaya es cortesía de Comensalendf

Estamos gordos porque comemos de menos

La epidemia de sobrepeso y de obesidad que azota a México no es porque los mexicanos comamos mucho, sino porque comemos pocos alimentos nutritivos. Es decir, tenemos que lograr que los mexicanos comamos más cosas saludables y, de esa forma, podamos controlar nuestros antojos de cosas que engordan. 

Aquí van unos párrafos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Medio Camino 2016.

“Respecto a la diversidad de la dieta de los escolares, se observaron bajas proporciones de consumidores regulares de grupos de alimentos asociados con mejores niveles de salud (grupos recomendables): solo 22.6% consumen regularmente verduras, 45.7% frutas, 60.7% leguminosas.

“En cambio se observó un elevado consumo de alimentos cuyo consumo cotidiano aumenta los riesgos de obesidad o enfermedades crónicas (grupos de alimentos no recomendables para consumo cotidiano): 81.5% consumen regularmente bebidas azucaradas no lácteas, 61.9% botanas, dulces y postres y 53.4% cereales dulces. La diversidad total de la dieta en el ámbito nacional fue de 6.5 grupos de alimentos por día. La media de consumo del número de grupos de alimentos recomendables fue 3.7 y para los grupos no recomendables para consumo cotidiano de 2.8.

“En adolescentes, también se observaron bajas proporciones de consumidores regulares de grupos de los alimentos recomendables: solo 26.9% consumen regularmente verduras, 39.2% frutas, 63.1% leguminosas. En cambio se observó una elevada proporción de consumidores de grupos de alimentos no recomendables para consumo cotidiano: 83.9% consumen regularmente bebidas azucaradas no lácteas, 59.4% botanas, dulces y postres y 50.3% cereales dulces. La diversidad total de la dieta en el ámbito nacional fue de 6.4 grupos de alimentos por día. La media del número de grupos de alimentos recomendables consumidos fue 3.7 y para los grupos no recomendables para consumo cotidiano de 2.7.

“En adultos se observaron bajas proporciones de consumidores regulares de la mayor parte de los grupos de alimentos recomendables: 42.3% consumen regularmente verduras, 51.4% frutas, 70.0% leguminosas. En cambio se observó una elevada proporción de consumidores de algunos grupos de alimentos no recomendables para consumo cotidiano: 85.3% consumen regularmente bebidas azucaradas no lácteas, 38% botanas, dulces y postres y 45.6% cereales dulces. La diversidad total de la dieta en el ámbito nacional fue de 6.5 grupos de alimentos por día. La media de consumo de grupos de alimentos recomendables fue 4.2 y para los grupos no recomendables para consumo cotidiano de 2.3.”

¿Por qué cito esto si se supone que aquí se habla de dinero? Ah, es para explicar que lo que tendríamos que hacer es enfocarnos en lo que sí deberíamos comer y no en lo que no deberíamos. Y lo mismo con el dinero, en lugar de azotarnos por dejar de gastar, tenemos que encontrar a qué destinar nuestros recursos para que nos den mejores resultados que los que estamos logrando hasta el momento.

¡Mira! Un empleado te boicotea y tú sin verlo

Uno (o varios) de tus empleados, en este momento, está (n) espantando a tus clientes. Te lo digo porque acabo de ver a dos empleados de esos en dos negocios diferentes.

¿Y tú crees que va a ser fácil localizarlo?

Porque los empleados malos traen una manzana envenenada en la mano, un grano en la nariz y un mantón que les cubre la cabeza, y así tú los identificas. ¿Verdad?

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¿Qué tal que el empleado que te boicotea esté sonriendo muy amable en este momento? Puede ser que hasta se parezca más a Blanca Nieves que a la bruja. 

Te cuento las historias que vi y ya me dirás si en tu negocio no pasa algo así.

En un restaurante de lujo en Polanco, estaba yo persiguiendo una bolita de quinoa con mi elegante tenedor, rodeado de estímulos agradables para todos mis sentidos, ya sabes, mesas de tzalam, decoración del diseñador del momento, aguas de sabores en envases de vidrio, comida preparada por un chef estrella… Estaba en eso, te digo, cuando de pronto un señor como de 60 años se levanta a gritarle a una pareja.

Sí, en un restaurante de lujo de Polanco, un señor se levanta a gritarle a una pareja. Parece que la mujer le dijo a la esposa del gritón que hablaba demasiado alto por celular, que si por favor bajaba el volumen. Al patancillo no le hizo gracia y empezó a gritar improperios (no encontraba el momento para usar esta palabra).

Suricatos mirones
¿Qué pasa?

Todos los comensales nos quedamos como suricatos, viendo al gritón y a la pareja que se hacía chiquita en su lugar.

Y los meseros y el gerente se quedaron unos paralizados y los otros haciendo lo que estaban haciendo antes, como si el señor gritón fuera un perro callejero, de esos que si no los ves, se van.

¿Sabes cuándo va a regresar al restaurante la pareja a la que el viejo latoso le gritó? Yo digo que nunca. ¿Tú qué dices?

Y yo tampoco quiero regresar. Que el restaurante es de un chef que sale en la lista de Pellegrino. Que todo está muy bonito. BS!, diría el gringo. Me quieren contar una historia y los empleados del lugar no se la creen. El restaurante está ahí para que los comensales vivamos una experiencia buena de principio a fin. No para que nos comamos nuestra sopita agachaditos, mientras un viejo hace su berrinche y nadie le llama la atención.

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La motivación más grande para tus empleados

Te cuento la otra. Entré con prisa a buscar un candado a un Office Depot Express, que como su nombre lo indica es exprés. Y me recibió una señorita muy amable: “Bienvenido a Office Depot”. Le digo que busco un candado y me dice que vaya al fondo de la tienda y ahí vuelva a preguntar. Le pregunto al empleado que está ahí y me dice que sí, que ahí están los candados y se va a otro lado. Pero los candados están con candado, entonces tengo que perseguir al empleado para que me dé uno. Ahí vamos los dos, se lo señalo y me dice: “Ah sí, ahorita se lo llevo a la caja”.

Llego a la caja y le digo que ya me van a llevar mi candado. Tic tac, tic tac. Ahí viene mi candado. Cuando se está acercando el empleado con mi él, aparece un hombre a pagar sus 14 sobres, dos folders, una carpeta, un cuaderno y una engrapadora. O sea que cuando terminen de cobrarle al dueño de la papelería que se está surtiendo, entonces ya me cobrarán a mí, que llegué antes.

Me voy sin el candado (tip: hay mejores y más baratos muy cerca). Y a la salida la amable señorita, que me pudo haber visto pero que no le importó que saliera sin comprar, me dice: “gracias por su visita a Office Depot”.

¿Ves el punto? Esos empleados están boicoteando los negocios. O a la mejor yo soy demasiado neurótico y delicado y te estoy aburriendo, porque tú si te aguantas que un viejo te grite encima de tu sopa sin que los meseros hagan algo y que una señorita cobre un sueldo por saludar y decirle adiós a los que entran y salen de la tienda.

El punto es que si tus empleados no se creen el cuento, no van a hacer lo que les pediste. Tu empresa cuenta una historia. El restaurante de Polanco ofrece una gran experiencia; la papelería exprés es exprés. Y si los empleados no entienden el cuento, no saben qué papel les toca representar.

Es como si la bruja de Blanca Nieves no supiera que su papel es representar a la madrastra celosa de la juventud de la princesa y en lugar de ofrecerle una manzana envenenada, le diera flojera y se fuera a comprar zarzamoras al mercado. Por eso, tienes que saber qué historia quieres que cuente tu negocio. ¡Y contársela a tus empleados!

En un artículo en Harvard Business Review, la consultora Lisa Lai dice que para motivar a los empleados lo mejor es explicarles cómo contribuyen a lo que hace la empresa. Eso da mejores resultados que ofrecerles recompensas o amenazarlos con castigos. 

“No hay motivación más grande para tus empleados”, dice Lai, “que entender que su trabajo importa y es relevante para alguien o para algo más allá que obtener ganancias. Para motivar a tus empleados, empieza por compartir el contexto en el que se da el trabajo que les pides que hagan. ¿Qué hacemos como organización y como equipo? ¿Por qué lo hacemos? ¿Quién se beneficia de nuestro trabajo y cómo? ¿Cómo se ve el éxito para nuestro equipo y para cada empleado? ¿Qué rol juega cada empleado para cumplir nuestras promesas? Los empleados se motivan cuando su trabajo tiene relevancia.”

Y ahora sí. ¿Ya les contaste a tus empleados qué papel les toca representar?

Por qué no te alcanza el dinero o el tiempo

A la mejor tú tienes la culpa de que el dinero no te alcance. Bueno, no le digas culpa, pero tal vez es algo que estás haciendo mal. Sí, ya sabemos que hay crisis económica y que la vida no es justa y que la economía es peor. Que la repartición de riqueza es desigual.. Sí, sí, pero cuando te tocan las cartas malas, algo pasa que tomas decisiones que te hacen que vuelvas a agarrar cartas malas.

Por lo menos eso es lo que se ha descubierto últimamente: que cuando te falta algo, te obsesionas horriblemente y empiezas solo a pensar en eso que te falta y, en lugar de que eso te ayude, te va hundiendo más y más. Puede ser que estés muy endeudado y te falte dinero para pagar las deudas. Pero también que estés lleno de trabajo y no te alcancen los días de la semana y te falte tiempo y más tiempo para terminar –y encima tienes a tu esposa reclamándote atención y a tus hijos que no se esperan a que termines el reporte trimestral para hacer cosas divertidas y que tú no te las pierdas-. O puede ser que creas que no nadie te quiere, todos te odian y entonces tomas decisiones espantosas, como comerte un gusanito.

Algunos economistas dicen que la escasez puede provocar más escasez. Y así se pueden explicar, en parte, los círculos viciosos de la pobreza. Vamos con un ejemplo que vas a entender como buen clasemediero que eres. Es casi la una de la tarde del viernes. Tienes que entregar como 15 reportes ante de que termine la semana. Si por ti fuera, te quedarías en la oficina toda la tarde, pero tu esposa ya te organizó una comida y no hay –por la salud de tu matrimonio y tu relación con tus hijos y tu perro- poder humano que te permita volver a trabajar después de las 4. O sea que estás apuradísimo. No tienes tiempo para hacer tantas cosas: los reportes, comer con la esposa, hablar con los hijos y pasear al perro. Y justo cuando estás en todos esos malabares, te llama un amigo. “Oye, tengo un nuevo cliente y necesito que me ayudes con un estudio/asesoría/mesa (o lo que sea que tú hagas con lo que le puedes ayudar) para él”. La paga no va a ser suficiente para compensar tu tiempo, pero es tu amigo y además ahorita estás súper ocupado, así que para quitártelo de encima, le dices que sí, que lo harás la próxima semana.

¿Qué crees? Acabas de tomar prestado tiempo de mañana a cambio de tener un poquito más de tiempo hoy. Pasa con demasiada frecuencia con el trabajo. Estás llenísimo de cosas que hacer, quieres quedar bien con el jefe y éste te manda y te manda correos electrónicos con nuevas instrucciones. Como no tienes tiempo de ir a encarar a tu jefe para que deje de micromanejarte y de querer moverte como títere, te sigues moviendo como títere, porque así, crees tú en tu infinita inocencia, lo vas a calmar y algún día lo vas a alcanzar y vas a tener tiempo para decirle: oye, si me sigues mandando órdenes no voy a tener tiempo de cumplir las que me diste ayer. Pero ese tiempo nunca llega y tú sigues pidiendo prestado tiempo para mañana.

Eso de pedir prestado tiempo se aplica en muchas cosas. ¿Te has fijado cómo te tardas en la mañana en encontrar un calcetín o en encontrar una camisa que no esté demasiado arrugada? Es que necesitarías una hora el fin de semana para arreglar tu clóset y que todo esté bien organizado. Como no tienes esa hora, cada mañana tomas prestados 10 o 15 minutos extra de tu tiempo para prepararte para el día, y en cuatro días ya gastaste más tiempo que el que te habría tomado organizar el clóset y así poder salir tranquilo, feliz y guapo todos los días a tu trabajo.

Eso puede pasar a la hora de administrar el dinero. Como no tienes los 300 pesos que cuesta un plan de renta mensual del teléfono celular, compras una tarjeta hoy y le pones 20 pesos. En poquísimo tiempo se te acaba el tiempo aire y le tienes que poner más. Como el tiempo aire en las tarjetas es más caro que el de la renta, terminas pagando más caro. Pasa con la tenencia, que no la puedes pagar al principio de año y te sale más cara después. O con la comida diaria, que vas pagando de a poquito en la fonda, en lugar de tener el dinero (y el tiempo) de prepararte comida en tu casa.

De aquí no tendría por qué concluirse que los pobres tienen la culpa de su pobreza, por andar tomando malas decisiones. Sino que están sumidos en un círculo que les va limitando su “ancho de banda” mental para tomar decisiones. La solución sería salir de ese círculo.

Los psicólogos le dicen a esto “visión de túnel”, esa que pasa cuando tenemos un problema y solo pensamos en él, cuando verlo desde afuera tal vez nos ayudaría a encontrarle una solución más práctica.

Esa visión de túnel te da, por ejemplo, cuando llevas un rato de la greña con tu pareja y solo piensas en el pleito que tuvieron en la mañana por una tontería, igual que la tontería de ayer. Entonces te clavas pensando cosas como “no puede ser que me grite porque dejé enredado el tapete del baño” o “no puede ser que no entienda que no hay que dejar enredado el tapete del baño”. “Híjole, y lo mismo pasó ayer con alguna otra estupidez”. Y entonces buscas soluciones, o mejor dicho, te la pasas rumiando soluciones sobre algo que ya pasó y que ya no se puede solucionar como: “si no hubiera enredado el tapete habríamos ido al cine”, etc., etc., etc. Cuando los dos estarían más felices si no estuvieran enredados, como tapete del baño, en lo que pasó en la mañana –o en la cuenta que él o ella no quisieron pagar en 2007- y se concentraran en algo diferente.

¿Cómo encontrar soluciones? Por ejemplo, para que no sigas gastando mal o para que no tengas ni un peso en el fondo de emergencias que Sofía Macías, la del Pequeño Cerdo Capitalista, te ha dicho mil veces que debes tener. Sabes que algo estás haciendo mal, pero no has entendido qué te lleva a tomar esas malas decisiones. Todo esto que te cuento no lo inventé yo.

Hay un montón de investigaciones, que están compiladas, analizadas y muy bien platicadas en el libro “Escasez. ¿Por qué tener muy poco significa tanto?” de Sendhil Mullainathan y Eldar Shafir (Fondo de Cultura Económica). Ahí los autores proponen algunas soluciones. Algunas tienen que ver con políticas públicas, que incluyen hacer que las personas de escasos recursos tengan mejores opciones de crédito, que les ayuden a romper el círculo vicioso de la pobreza.

Y otras soluciones tienen que ver con un pequeño esfuerzo personal que podríamos hacer la mayoría de los clasemedieros: ver las cosas desde afuera. Por ejemplo, romper la inercia de la camisa arrugada en el clóset todas las mañanas, dedicándole un poco de tiempo a ordenar el fin de semana o pensar y preparar mejor los gastos para toda la semana o el mes, animándose a pagar un plan de renta del celular o a prepararse para, mañana, depositar en el ahorro voluntario de la afore en el 7 Eleven y así acostumbrarse a tener un guardado.

Y por si fuera poco, un podcast sobre el tema:

 

Y ahora a vivir en el Apocalipsis zombi de la economía

Bien inocente, voy a preguntarle a un financiero qué podemos hacer con nuestros ahorros y nuestras inversiones los buenos ciudadanos ahora que ganó Trump en Estados Unidos. Me dio unas ideas buenísimas, que voy a poder usar para un artículo en una revista de negocios, pero me prohibió que lo citara en lo que me dijo en la mayor parte de la entrevista: que ya nos cargó el pintor, nos llevó la tía de las muchachas y que si Trump aplica 30% de lo que prometió que le va a aplicar a México vamos a entrar en una recesión como la de 1982 que, créanme millennials, es la culpable de que todos los mayores sintamos que nunca vamos a salir del hoyo.

Le pregunto a mi fuente: ¿Y por qué no debería decir que don Señor Sabe de Finanzas, de la Financiera Tan Seria SA siente que ya estamos en pleno Apocalipsis zombi? Porque ya no hay nada que hacer para proteger nuestros ahorros y nuestras inversiones: todo va a caer en términos de dólares. Ya. No. Hay. Nada. Que. Hacer. Y me dice que sería como avisarle a una familia que le va a caer una bomba atómica a su casa cuando no hay ningún lado para correr. Mejor que se queden disfrutando un rato más sus tlacoyos con frijoles.

¿Le echamos leña al fuego de tu pesimismo? Desde el 8 de noviembre, cuando todos nos fuimos a dormir con el miedo de que Freddy Krueger iba a ser el presidente electo de nuestro principal mercado, nuestra principal fuente de divisas, el empleador de gran parte de nuestra mejor fuerza de trabajo, de nuestro lugar favorito para comprar y nuestro villano favorito de siempre, desde el 8 de noviembre, cuando tuvimos la pesadilla de tener a Orange Krueger como presidente electo de Estados Unidos, hasta el 23 de noviembre, la Bolsa Mexicana perdió 17% en términos de dólares. ¿Se imaginan? Si antes de Trump tenían el equivalente a un dólar metido en la Bolsa, para el 23 de noviembre les quedaban 83 centavos de dólar.
Antes de que salgan a correr desnudos por las calles, o que se encierren en una cabaña para que no los alcancen los zombies, les advierto que estoy hablando de un indicador que trae acciones de varias empresas mexicanas y que sirve para medir el desempeño de la Bolsa en términos de dólares. Si quieres ver cómo se mueve es el EWW y puedes picarle aquí.

Es solo un indicador, no todo lo que está en la Bolsa Mexicana bajó de valor, o por lo menos no todo bajó tanto. Aunque, mmmh, algunas cosas bajaron todavía más. Porque Trump está amenazando con subir los impuestos a productos hechos en México por empresas estadounidenses y también con cambiar muchos de los términos del Tratado de Libre Comercio, para que ya no podamos venderles tanto a ellos. Eso le va a pegar al valor en la Bolsa de muchas empresas mexicanas.

¿Verdad que no va a cumplir todas sus amenazas? Sigo de inocente preguntándole al financiero entrevistado. Pues no hay que ser tan optimistas. Trump necesitaba un puerquito para pegarle y quedar como el bully mayor del patio de la escuela. Y no se iba a poner con uno que pudiera contestarle, así que escogió al que tiene cerca, al más mocoso, con peor autoestima y al que también le pegan en su casa. ¿Cuál será? Al niño México… lo esperan en el patio de la escuela.

¿Tenemos una solución? Por lo pronto, hay que ponernos a leer un libro que es gringo y por eso le pido perdón a todos los que están dispuestos a boicotear a todos los productos gringos, que habla de cómo cuando te cambian todas las condiciones de repente te puedes volver más creativo. No quiero echarles a perder el cuento, pero habla de una promotora de conciertos que a sus 17 años había logrado contratar a Keith Jarret, ya tenía la sala de conciertos llena a reventar cuando, unos minutos antes, Keith Jarret sale a revisar el piano y descubre que no funciona… así que…

¿Qué vamos a hacer nosotros ahora que estamos descubriendo que nuestro piano o nuestros planes no funcionan como deberían? Según el libro, Messy, de Tim Hartford, este tipo de momentos en que todo se pone patas arriba es el que sirve para encontrar un nuevo camino, que lo más probable es que es mejor que el que ya teníamos. Pero ya hay que ponernos a buscarlo, ¿no? El camino, no nada más el libro. 

Aquí hay una reseña del New York Times sobre Messy.

Qué hacer si te quedas sin trabajo (es peor que quedarse sin wifi)

Alguna vez hay que renunciar. O alguna vez te corren. O todo junto. Los trabajadores mexicanos pasan en su empleo en promedio 3 años y luego se tienen que ir, según una encuesta del Inegi.
En los últimos cinco años, solo la mitad de los trabajadores mexicanos se ha quedado en un mismo empleo, la quinta parte ha tenido dos y la décima parte, tres empleos. Ya te imaginas que muchos de los que se quedan sin chamba, se tardan en encontrar otro trabajo. Y que eso significa que se quedan sin seguridad social, sin seguro de gastos médicos y sin ahorro para el retiro. Y aunque después encuentren trabajo o abran su empresa, puede ser que estén sentados en una bomba de tiempo: El empleo en el que están no les alcanza para asegurar su futuro porque con tal de emplearse o ganar dinero, se les olvida que tienen que estar en un lugar con seguridad social y con ahorro para el retiro. Si ya vas a cambiar de chamba, fíjate en esto.

¡Alto! Antes de largarte
Revisa el seguro de gastos médicos. Algunas empresas lo dan, pero en cuanto te dicen adiós, pierdes la antigüedad. Si tienes pensado dar un rebozazo porque alguien te vio feo en el trabajo, ¡no lo hagas! Pero si tu salida es por alguna razón un poco más inteligente o ya no tienes remedio, antes de cruzar la puerta de salida tienes que individualizar tu seguro de gastos médicos. Si no lo haces, al rato no te van a querer cubrir por un montón de enfermedades y/o te van a cobrar más caro. Para individualizar el seguro, pídeles a los de recursos humanos el contacto del agente de seguros. Y al agente de seguros pídele que te individualice tu seguro. Te van a cobrar un poquito pero el seguro ya va a ser tuyo y vas a acumular antigüedad con él.

Para que busques chamba
Deja de rogar. ¿Nunca te quedaste sin novia? Los rogones tienen menos suerte. Para volver a entrar a un trabajo, se supone que debes saber muy bien quién eres, para qué eres bueno y, sobre todo, qué te gusta hacer. Hay una guía para entender el mercado laboral y que hay que leer, tengas o no trabajo: De qué color es tu paracaídas. Aquí en México se publica de vez en cuando, y en Estados Unidos sale una nueva edición cada año. Además de que está divertida, está llena de información y consejos útiles. En el blog del autor, Dick Bolles, viene esta tabla para que cambies el chip de la manera en que buscas trabajo. Aquí te va mi versión en español.

El modelo tradicional El modelo del paracaídas
Qué buscas Un trabajo. El trabajo de tus sueños, uno en el que uses tus habilidades favoritas y tus campos favoritos de conocimiento.
Cómo te ves a ti mismo Como alguien que ruega por un trabajo. Tienes suerte si lo consigues. Como un recurso. Tendrán suerte si te tienen.
Tu plan básico Encontrar la manera de “venderte” a ti mismo antes de salir a buscar trabajo. Encontrar qué tipo de trabajo te mueres por hacer antes de salir a buscarlo.
Tu preparación Investigas para ver qué está buscando el mercado de trabajo y cuáles son los trabajos más demandados ahora. Tu mejor arma es tu habilidad para encajar. Haces tarea sobre ti mismo, para darte cuenta qué haces mejor y que amas hacer. Tu mejor arma e tu entusiasmo.
Cómo encuentras a cuáles empleadores acercarte Esperas que identifiquen que tienen una vacante. Por medio de entrevistas de información te enteras de qué organizaciones pueden tener más interés en ti.
Cómo te pones en contacto con los empleadores. Les mandas tu CV. Por medio de una persona intermedia, alguien que te conoce a ti y que los conoce a ellos. O por medio de Linkedin.
Cuál es el propósito de tu CV Para venderles por qué deberían contratarte. Para tener una primera entrevista con ellos.
Cuál es tu principal meta si tienes una entrevista Para venderles por qué deberían contratarte. Para tener otra entrevista.
De qué hablas en la entrevista De ti, de tus fortalezas y tu experiencia. 50% del tiempo dejas que ellos hagan preguntas, 50% del tiempo les preguntas sobre las cosas que quieres saber y del trabajo.
Qué tratas de encontrar ¿Me quieren? ¿Los quiero? (y también ¿me quieren?
Cómo terminas la entrevista final Les preguntas: “¿Cuándo puedo esperar a tener noticias suyas?” (dejas las cosas en el aire). Si decides que quieres trabajar ahí, les dices: “Creo que puedo ser un buen activo para ustedes. Después de todo lo que hemos hablado, ¿me podrían ofrecer este trabajo?” (estás buscando un cierre).
Qué hacer cuándo consigues el trabajo pero antes de empezar. Mandas un correo de agradecimiento. Después piensas que y terminaste, te sientas, te relajas y disfrutas el final exitoso de tu búsqueda de empleo. Mandas un correo de agradecimiento. Entonces sigues, discretamente, con tu búsqueda de trabajo (la oferta se puede caer antes de que empieces por circunstancias no previstas).

Y cuando encuentres trabajo.
Que ese trabajo nuevo cotice en el seguro social. A la mejor se te hace que no influye mucho, pero tu pensión cuando te jubiles depende del número de semanas que cotizaste en algún sistema de seguridad social. Antes de que se hiciera la reforma en el sistema de pensiones en México, se necesitaba un mínimo de 500 semanas. Para todos los que trabajan desde antes de julio de 1997, todavía aplica ese mínimo. Pero ese mínimo te da un pequeño porcentaje de la pensión. Si empezaste a trabajar después de julio de 1997, vas a necesitar 1,250 semanas de cotización para tener una pensión. Lo ideal es que cotices al seguro el 100% del tiempo en que trabajas. La verdad es que eso no le pasa a nadie. Si empezaste a trabajar a los 20 años, necesitas cotizar en el seguro cuando menos 53% del tiempo en que estuviste empleado. Pero si empezaste a los 35, necesitas cotizar ¡80%! así que no te andes confiando en tus ratos de freelance porque te puedes quedar sin pensión. Mira esto para que planees bien tu retiro.