Cómo convertirse en chavorruco

4 grandes ideas para condenarse a vivir con roomies hasta después de los 40.

PC

Viven toda su infancia y su adolescencia con ganas locas de hacer lo que creen que hacen los adultos, como tener su propia casa, dinero para comprarse un cochezote y para irse de parranda cada fin de semana. O sea que creen que gastando mucho, en cuanto tienen su primera fuente de ingresos, se van a convertir en adultos. Y resulta que es todo lo contrario. Que se están condenando a ser chavorrucos y a no poder separarse de sus roomies nunca jamás. ¿Por?

1.Salirte de la casa de los papás antes de cumplir 30 años. El primer día te enteras de que el gas, la luz, internet y el teléfono no son gratis. Lo más fuerte es la renta, que en un adulto puede llegar a ser de más de 30% de su ingreso. Imagínense que ganan 20,000 pesos. Eso significa que a la mejor estarían pagando 6,000 pesos mensuales de renta, por unos cuantos metros cuadrados de un departamento céntrico.

A cambio de su supuesta independencia, están gastándose un dinero que les podría servir para ser independientes de verdad, más adelante. ¿Y si le piden a sus papás que los aguanten un ratito más? A la mejor sus papás les van a decir que no sean tan conchudos y les piden que pongan algo para los gastos. OK, van 2,000 pesos y eso les deja 4,000 pesos para ir armándose su propio patrimonio.

2. Tener cientos de explicaciones de por qué es imposible ahorrar en México. Es que vivimos en un país con muchas desigualdades, ¿cómo me piden que ahorre? Es que no hay donde poner el dinero, es que no me alcanza.

Es verdad, México es uno de los países con mayor desigualdad en la distribución del ingreso, como pueden ver en esta tabla del Banco Mundial.

Qué bueno que estén tan informados y tan preocupados. Pero ¿se ponen a pensar en la desigualdad cuando piden la tercera cerveza en la salida con los cuates? “No, señor mesero, en México hay mucha desigualdad, así que ¿cómo me pide que me tome otra cerveza?” Estoy seguro que no han dicho eso, por lo menos no muy seguido.
Otra: no hay dónde poner el dinero. Hay un montón de lugares, además de la tanda de la oficina, donde pueden meter su dinero ¡y hasta tener algo de rendimientos! Por ejemplo, pueden abrir una cuenta en línea en cetesdirecto.com. Ahí pueden contratar un servicio de ahorro en automático, que les descuenta directo de su cuenta del banco desde 100 pesos al mes. O pueden ir al Seven y hacer depósitos de ahorro voluntario en su afore. ¿Que no tienen afore? También pueden tener una afore aunque no tengan un trabajo formal. El pequeño cerdo capitalista dice cómo.  

Aquí hay una tabla en la que vienen cuáles afores dan servicio a trabajadores independientes. Afore con servicio a trabajadores independientes

3. Estar convencido de que, si te enfermas o te accidentas, van a venir tus papás, tus tíos o tus hermanos a pagar el hospital. Es que te da flojera hablar de seguros.

Llegas a un hotel en Malinalco y, como eres bobo como un servidor, te recargas en el barandal del primer piso. El barandal se cae y te rompes el tobillo. La férula, las medicinas y la rehabilitación te van a salir en más de 20,000 pesos. Si se hubiera necesitado una operación, serían 60,000 pesos. “¡Papá, papá! ¿me prestas dinero?” La respuesta podría ser, como hace siglos dijo un presidente de México, “¿Y yo por qué?”

Si te pusieras a investigar cómo funcionan los seguros y tuvieras uno de gastos médicos mayores te podrías ahorrar muchos gastos. Claro, lo mejor es que seas súper millonario y que no necesites pagar un seguro porque tienes el dinero para pagar en caso de que te pase algo. Pero como es muy probable que no lo tengas, entonces necesitas pagar esa prima de seguro. ¿Hay seguros básicos? Sí, por ahí puedes empezar, picándole aquí para que te des una idea. 

4. Comprarte un carrazo increíble, como para ir a la fiesta de graduación del Cumbres.

Imagínate que te encuentras la oportunidad de comprarte por sólo 724,900 este cochecito. Si lo compras a crédito, te van a prestar como 500,000 pesos, a una tasa de 17% a 36 meses como ofrece la marca. Vas a terminar pagando 30% más de esos 500,000 pesos. O sea como 137,000 pesos más, con los que ya habrías conseguido un cochecito digno o con lo que habrías pagado el Uber ida y vuelta a Santa Fe desde el centro de la ciudad, todos los días de esos 36 meses.

En resumen, desde los 20 años estás feliz gastándote el dinero que podrías ahorrar para tener un poco más de patrimonio  a los 30. Podrías estar igual de feliz, pero con menos deudas.

Gracias a Jesús Salazar por la idea de que no conviene salir de casa de los papás, porque entonces uno se engolosina y se gasta todas las quincenas en rentas, parrandas y ropa. Con esa idea, por cierto, no está tan de acuerdo Sofía Macías, del Pequeño Cerdo Capitalista. Ella dice que si te quedas con los papás te vas a hacer conchudo y ahí te vas a quedar feliz, hasta que te llegue el infierno de ser un chavorruco. 

Gracias por toparme con una señora enojada con el mundo

“¡Cómetela!”, y cuando dice esto, la señora me enseña la bolsa de caca de su perro. No se confundan. Es una señora que me imagino educada, porque pocos minutos antes, antes de que yo la hiciera perder la elegancia, se veía que tenía mejor vocabulario y más capacidades de comunicación.

Pequeño flashback:

Iba en bicicleta por la banqueta, para no ir en sentido contrario en la calle. Juro que iba despacio. Lo juro, lo juro, lo juro. Y que la banqueta medía más de tres metros de ancho. Y que nadie iba caminando por la banqueta. Nadie, ni siquiera la señora con cara desencajada que hasta ese momento terminó de cruzar la calle.

– No debería andar en bicicleta por la banqueta -me dice.
– Si, ya lo sé, perdón, pero iba despacio y me iba fijando.

A la señora le brillan los ojos. Se le desencaja más todavía la expresión. Me ve como a un asaltante sin piedad, como un energúmeno de las bicicletas y yo, un alfeñique de 69 kilos, pienso que puedo dialogar un poco.

–  ¡¡¡¡¡¡Usted no es alemán ni brasileño!!!!!! (no entendí qué quería decir con eso), ya sabe que no puede andar por aquí. !Todos quieren hacer lo que sea!

No podía estar más de acuerdo, me encantó la idea de encontrarme con una ciudadana consciente, porque también yo hago muchos corajes con los coches que no me dejan pasar o los ciclistas que andan a toda velocidad por la banqueta. Si no me creen lean esto. Creí que era una de las mías. Casi saco el chal para echar el chisme, y se me ocurre decirle que sí, que tiene razón pero que fíjese que los ciclistas no estamos seguros en la calle.

– Pues a su edad, lo más sano para usted es caminar y no andar en bicicleta.

Eso me dice la energúmena que ha de haber tenido como 70 entrados en 97.
– y ¡cómetela!
– A ver, démela -todavía le digo, ahora sí prendido, yo creo que por el terror que me dio ver cómo en menos de dos minutos una señora enojada se transformaba en un talibán de los peatones.
La furia esta se largó, arrastrando a su perro mugroso. Y afortunadamente no me dio la caca.

Y resulta que esta señora puede ser uno de los mejores ángeles que me pudo haber lanzado el universo, para rescatar mi alma, y que yo debería estar agradecido por este aprendizaje que me da la vida. Para que entiendan por qué está padre estar agradecido, les recomiendo esta entrevista con David Steindl-Rast.

O también pueden ver el video de este monje tan buena gente, que dice que uno tiene la opción de enojarse o no enojarse, de clavarse porque un señor quiere explicar por qué anda en bicicleta o porque una señora malhumorada y mal peinada te dice que te comas la caca de su perro o de seguir feliz el camino en este bonito día, porque “este es el día que el Señor hizo”.

Es en serio. Sí, esta insoportable señora despeinada es una señal del cielo de que debo dejar de pelearme con los automovilistas que no me dan la preferencia a la que tengo derecho cuando estoy cruzando la calle y ellos están dando vuelta. Sí, me corresponde por ley la preferencia, pero tengo aaaaaños repitiéndome a mí mismo que no estamos en Boulder, Colorado, ni mucho menos en Ciudad Juárez, Chihuahua, y que la mayoría de los automovilistas de la Ciudad de México y muchos de Guadalajara no le ven la lógica en esa regla, que los hace perder dos segundos y además verse como gente civilizada.

Pero durante años me he enojado y seguro he puesto esa cara ridícula de ciudadano indignado, como la que puso la señora del perro mugroso, la que parece Charlton Heston cuando llega con las tablas de la ley o Juana de Arco llena de razón divina.

A ver, Roberto, dile gracias a la señora que te hizo aprender tanto. Este asunto de los imbéciles que no saben manejar no lo voy a cambiar viéndome ridículo como la señora esta de los pants a las tres de la tarde, el peinado horrendo y el perro mugroso

Hay una señora increíble, que anda por la vida con actitud y vestimenta de mujer culta de San Miguel de Allende, que se llama Byron Katie, que dice que uno se mete en unos rollos inútiles de amargura y sufrimiento porque no entiende que sólo hay tres tipos de asuntos en el mundo:
Los asuntos propios.
Los asuntos de otro.
Los asuntos de Dios o como le quieras llamar a lo que mueve el universo.

De esos tres asuntos, sólo los propios los puedes cambiar. No los del otro y mucho menos los de Dios. Pero, ¡ah! cómo hace uno corajes tratando de cambiar la forma de pensar del otro. La vieja esta de la que les platico, a la que yo ya perdoné, quiere cambiarme a mí y como no le hago caso sin chistar, se prende como una de las furias, unos personajes horrendos igualitos a ella, aunque un poco mejor peinados, que aparecen en La Eneida, de Virgilio. O yo quiero cambiar a esta vieja antipática y totalitaria, a la que de cariño llamaremos Mrs. Kim Il Sung, y a la que, como pueden ver ahora le estoy agradecido, y como no lo logro, me enojo.

Tan sencillo que sería concentrarse en los asuntos propios y dejar de enojarse porque lo demás no funciona como uno quiere, pero ahí sigue uno. Como dice Byron Katie, cuando uno quiere cambiar la realidad, la realidad se sale con la suya, pero sólo el 100% de las veces.

Y les tengo más argumentos. ¿Se acuerdan de los hippies? Uno de sus libros favoritos era Las enseñanzas de Don Juan. Lo que muchos entendieron fue que Don Juan les daba permiso para fumar y meterse todas las hierbas y productos naturales que se encontraran. Hasta donde yo voy, es todo lo contrario: Don Juan dice que hay que tenerle mucho respeto al mezcalito, su nombre para el peyote, y el pobre Carlos Castaneda se la pasa intoxicándose y sufriendo, tratando de aprender un montón de lecciones que no están nada claras.

Carlos le pregunta y le pregunta y Don Juan le dice que no se puede aprender sólo conversando. Que hay que experimentar, y la experiencia siempre va a ser difícil y nos va a costar trabajo, sobre todo si nos resistimos.

Todos necesitamos un tirano, que haga que las cosas nos cuesten trabajo. Parece que ese es uno de los mensajes importantes del libro, según me lo explicó Aura Medina de Witt, una fregona que va al programa de Martha Debayle.

Y yo me topé con una tirana, la que de seguro en alguna otra circunstancia es una amable señora (lo dudo, *&#5 vieja), que con su testarudez, impaciencia e intolerancia nos enseña que el camino es por donde ella no vaya. Así que aquí va un mensaje de gratitud y perdón por esa bonita lección. De hoy en adelante dejo de enojarme por no poder cambiar la realidad, escucho más a los demás y con eso le bajo a mi tensión arterial. Con todo cariño:

Gracias, flaca greñuda. Te regalo esta cita de Johnny Cash: May you rot and burn in hell.

Los perros son perros ¿o no?

Sé de una experta en bebés humanos que aprovecha lo que ha aprendido al educar a su perro. Se llama Nancy Steinberg, es una tipaza y aquí cuenta por qué las conductas de un perro pueden servir para ilustrar lo que hace un niño.  Pero muchos creen que los perros son perros. Hasta que pasa algo como esto:

Rita, mi fantástica perra, está tratando de jugar con dos perras que son más intensas que ella y su amiga Uma juntas. La están mordiendo en el cuello y en las patas y si pudieran le pellizcarían las orejas. Se echa para que se calmen y no hay manera. Así que me voltea a ver con ojos de “ya estoy harta de que estas dos bestias me estén mordiendo” y se va a una esquina del parque, y se queda viéndome fíjamente. Igualito que como le hago yo. En las mañanas, cuando ya hay que irse, me voy a una esquina del parque, y por ese acuerdo que hay entre humanos y perros, Rita deja lo que está haciendo y me sigue. Ahora se supone que me tocaba a mí. No entendí el mensaje, le di la vuelta para salirle por otro lado y en ese momento desapareció.

Esperen. Aguanten la anécdota, porque después nos vamos a poner muy científicos y vamos a hablar de un Premio Nobel de Medicina y de algo de poesía.

Los perros son perros hasta que
Rita en Tapalpa, Jalisco

Afortunadamente, como saben todos los que tienen perro, cuando tienes uno, dejas de ser invisible. Los vecinos te saludan, te invitan a sus fiestas, se preocupan por ti y platican contigo en las mañanas. Y se preocupan si se pierde tu perro. Corrí como loco por todo el parque hasta que alguien me dijo que salió corriendo en dirección a mi casa.

Alcanzó a correr cuatro cuadras y alguien la detuvo cuando vio que no sabía cruzar una calle. Llegué con la lengua de fuera con un tipazo que le estaba hablando a Cristina, al teléfono que está grabado en el collar de Rita. Rita me vio con cara de “ya era hora”.

¿Cómo puedo hacer para que esta anécdota no parezca la típica historia aburrida que cuentan todos los dueños de mascotas? Porque yo creo que estoy documentando un gran momento en la etología, y ya me siento Konrad Lorenz, uno de los fundadores de esa materia que, por si no lo saben, es el estudio comparativo de la conducta.

Lorenz dedica páginas y páginas de su libro Cuando el hombre encontró al perro, a hablar de lo que hace su perrita cuando ve a un perro macho y cuando quiere jugar y cuando quiere imponer su autoridad y cuando está contenta y así sucesivamente. En fin, que habla de cómo se portan los perros y cómo definen reglas entre ellos y en su relación con sus amos.

Lorenz ganó el premio Nobel de fisiología o medicina en 1973, junto con Karl von Frisch y Nicolaas Tinbergen, “por sus descubrimientos acerca de la organización y la aparición de patrones de comportamiento social e individual”. A la mejor lo que vio en los perros también le ayudó a entender el comportamiento humano. En el comunicado del Comité del Nobel dice que “sus primeros descubrimientos se hicieron en insectos, peces y pájaros, pero los principios básicos también se han podido aplicar en mamíferos, incluso el hombre”.

Sí, basta de sorprenderse o indignarse con la experta que habla de bebés humanos tomando en cuenta lo que ha visto en su perro. Y sí, se puede aprender mucho de la experiencia de un perro que sale corriendo de una situación que no soporta y que no puede explicar con palabras.

Y ahí voy, otra vez, a citar a Mary Oliver, cuyo libro, Dog Songs, no puedo sacar de mi buró. Perdón por la traducción pero ahí va:

“Algunas cosas son irremediablemente salvajes, otras son imperturbablemente mansas. El tigre es salvaje y el coyote y el búho. Yo soy mansa, tú eres manso. Hay cosas salvajes que han sido alteradas, pero sólo para dar una apariencia de mansedumbre, no hay un cambio real. Pero el perro vive en los dos mundos. Ben (el perro de Mary Oliver) es devoto, odia la puerta que nos separa, tiene miedo de la separación. Pero ha tenido, por varios años, un perro amigo al que también le es leal. Cada día, ellos y otros más se juntan en una banda ruidosa y algunos de sus juegos son sangrientos. El perro es dócil y después lo olvida. El perro promete y después olvida. Hay voces que le llaman. Caras de lobo que aparecen en sus sueños. Se ve a sí mismo corriendo en extensiones de terrenos increíblemente exuberantes o estériles, lugares que ninguno de nosotros hemos visto”.

Perro en el bosque de Tapalpa.
¿Soñarán los perros con el bosque?