Qué hacer si te quedas sin trabajo (es peor que quedarse sin wifi)

Alguna vez hay que renunciar. O alguna vez te corren. O todo junto. Los trabajadores mexicanos pasan en su empleo en promedio 3 años y luego se tienen que ir, según una encuesta del Inegi.
En los últimos cinco años, solo la mitad de los trabajadores mexicanos se ha quedado en un mismo empleo, la quinta parte ha tenido dos y la décima parte, tres empleos. Ya te imaginas que muchos de los que se quedan sin chamba, se tardan en encontrar otro trabajo. Y que eso significa que se quedan sin seguridad social, sin seguro de gastos médicos y sin ahorro para el retiro. Y aunque después encuentren trabajo o abran su empresa, puede ser que estén sentados en una bomba de tiempo: El empleo en el que están no les alcanza para asegurar su futuro porque con tal de emplearse o ganar dinero, se les olvida que tienen que estar en un lugar con seguridad social y con ahorro para el retiro. Si ya vas a cambiar de chamba, fíjate en esto.

¡Alto! Antes de largarte
Revisa el seguro de gastos médicos. Algunas empresas lo dan, pero en cuanto te dicen adiós, pierdes la antigüedad. Si tienes pensado dar un rebozazo porque alguien te vio feo en el trabajo, ¡no lo hagas! Pero si tu salida es por alguna razón un poco más inteligente o ya no tienes remedio, antes de cruzar la puerta de salida tienes que individualizar tu seguro de gastos médicos. Si no lo haces, al rato no te van a querer cubrir por un montón de enfermedades y/o te van a cobrar más caro. Para individualizar el seguro, pídeles a los de recursos humanos el contacto del agente de seguros. Y al agente de seguros pídele que te individualice tu seguro. Te van a cobrar un poquito pero el seguro ya va a ser tuyo y vas a acumular antigüedad con él.

Para que busques chamba
Deja de rogar. ¿Nunca te quedaste sin novia? Los rogones tienen menos suerte. Para volver a entrar a un trabajo, se supone que debes saber muy bien quién eres, para qué eres bueno y, sobre todo, qué te gusta hacer. Hay una guía para entender el mercado laboral y que hay que leer, tengas o no trabajo: De qué color es tu paracaídas. Aquí en México se publica de vez en cuando, y en Estados Unidos sale una nueva edición cada año. Además de que está divertida, está llena de información y consejos útiles. En el blog del autor, Dick Bolles, viene esta tabla para que cambies el chip de la manera en que buscas trabajo. Aquí te va mi versión en español.

El modelo tradicional El modelo del paracaídas
Qué buscas Un trabajo. El trabajo de tus sueños, uno en el que uses tus habilidades favoritas y tus campos favoritos de conocimiento.
Cómo te ves a ti mismo Como alguien que ruega por un trabajo. Tienes suerte si lo consigues. Como un recurso. Tendrán suerte si te tienen.
Tu plan básico Encontrar la manera de “venderte” a ti mismo antes de salir a buscar trabajo. Encontrar qué tipo de trabajo te mueres por hacer antes de salir a buscarlo.
Tu preparación Investigas para ver qué está buscando el mercado de trabajo y cuáles son los trabajos más demandados ahora. Tu mejor arma es tu habilidad para encajar. Haces tarea sobre ti mismo, para darte cuenta qué haces mejor y que amas hacer. Tu mejor arma e tu entusiasmo.
Cómo encuentras a cuáles empleadores acercarte Esperas que identifiquen que tienen una vacante. Por medio de entrevistas de información te enteras de qué organizaciones pueden tener más interés en ti.
Cómo te pones en contacto con los empleadores. Les mandas tu CV. Por medio de una persona intermedia, alguien que te conoce a ti y que los conoce a ellos. O por medio de Linkedin.
Cuál es el propósito de tu CV Para venderles por qué deberían contratarte. Para tener una primera entrevista con ellos.
Cuál es tu principal meta si tienes una entrevista Para venderles por qué deberían contratarte. Para tener otra entrevista.
De qué hablas en la entrevista De ti, de tus fortalezas y tu experiencia. 50% del tiempo dejas que ellos hagan preguntas, 50% del tiempo les preguntas sobre las cosas que quieres saber y del trabajo.
Qué tratas de encontrar ¿Me quieren? ¿Los quiero? (y también ¿me quieren?
Cómo terminas la entrevista final Les preguntas: “¿Cuándo puedo esperar a tener noticias suyas?” (dejas las cosas en el aire). Si decides que quieres trabajar ahí, les dices: “Creo que puedo ser un buen activo para ustedes. Después de todo lo que hemos hablado, ¿me podrían ofrecer este trabajo?” (estás buscando un cierre).
Qué hacer cuándo consigues el trabajo pero antes de empezar. Mandas un correo de agradecimiento. Después piensas que y terminaste, te sientas, te relajas y disfrutas el final exitoso de tu búsqueda de empleo. Mandas un correo de agradecimiento. Entonces sigues, discretamente, con tu búsqueda de trabajo (la oferta se puede caer antes de que empieces por circunstancias no previstas).

Y cuando encuentres trabajo.
Que ese trabajo nuevo cotice en el seguro social. A la mejor se te hace que no influye mucho, pero tu pensión cuando te jubiles depende del número de semanas que cotizaste en algún sistema de seguridad social. Antes de que se hiciera la reforma en el sistema de pensiones en México, se necesitaba un mínimo de 500 semanas. Para todos los que trabajan desde antes de julio de 1997, todavía aplica ese mínimo. Pero ese mínimo te da un pequeño porcentaje de la pensión. Si empezaste a trabajar después de julio de 1997, vas a necesitar 1,250 semanas de cotización para tener una pensión. Lo ideal es que cotices al seguro el 100% del tiempo en que trabajas. La verdad es que eso no le pasa a nadie. Si empezaste a trabajar a los 20 años, necesitas cotizar en el seguro cuando menos 53% del tiempo en que estuviste empleado. Pero si empezaste a los 35, necesitas cotizar ¡80%! así que no te andes confiando en tus ratos de freelance porque te puedes quedar sin pensión. Mira esto para que planees bien tu retiro.

¿De veras te animas a renunciar?

La renuncia es como una pistola: la sacas solo si estás dispuesto a usarla. Eso le dijo un jefe comprensivo a una amiga, que andaba en pleno berrinche. Porque ¿a poco a veces, a la menor provocación, no te dan ganas de gritar “¡renuncio!”? ¿O de hacer un pancho como el de esa película noventera, Jerry Maguire, que creía que el mundo se iba a paralizar si lo dejaban ir de su chamba?

¿Nunca te has quedado sin empleo? Puede ser porque renuncies o porque te dejen ir, pero de pronto el mundo cambia. Estuve preguntando entre varios colegas, y casi todos tienen anécdotas, porque por alguna razón los periodistas andan brincando de un trabajo a otro a lo largo de su vida. Había una que estaba convencida de que esa noche, el programa de noticias de Jacobo Zabludovsky, el más importante de México en ese entonces, ya no iba a salir al aire porque ella había renunciado a su puesto de ayudante de producción. O la diseñadora que, cansada de que su jefe le pusiera unas regañadas espantosas enfrente de los clientes, le pidió que por favor ya no le diera ese tipo de feedback, que sería más productivo tener claro qué se esperaba de ella en lugar de recibir gritos del tipo “por qué hiciste eso tan feo, ¿qué estabas pensando?”. El jefe le dijo que sí, pero a los tres días le salió con que “le habían aconsejado que la despidiera”.

O el diseñador que sospecha que sus jefes pensaban que era demasiado moreno para trabajar en una revista de sociales o la reportera a la que le avisaron que iban a recortar su puesto pero que como ella estaba “re chula” a la mejor si hablaba con el jefe cambiaban de opinión. A ninguno de estos tres últimos se le ocurrió demandar. ¿Se podría?

En la historia y la literatura hay relatos épicos de gente que se quedó sin chamba. Napoleón en el exilio, reyes depuestos, sultanes que perdieron un gran territorio. ¿Te quedaste sin trabajo y vas llorando a tu casa esperando que te tengan lástima? Ajá. Eso no fue lo que le pasó a Boadbil, el que dicen que se puso súper triste en una colina a suspirar por haber perdido Granada. Seguro ya te sabes la historia pero el caso es que cuando Boadbil vio la Alhambra, que acababa de entregar a los Reyes Católicos lloró y lloró y su mamá le dijo: “lloras como mujer lo que no supiste defender como hombre”. La equidad de género de ahora encontrará otra manera de decirlo pero ¡qué fuerte!, como dicen los españoles que se quedaron a vivir por ahí.

En Constantinopla le pasó algo muy parecido al emperador Justiniano. Hubo una rebelión del partido de los verdes, un grupo de opositores que apoyaba al equipo verde en el hipódromo. A Justiniano le pareció que no podía pelear para defender su trono y mandó preparar los barcos y lo más que podía llevarse. ¿Cómo? ¿Nos vamos a ir así nomás? Le dijo Teodora, la esposa, cuando Justiniano ya casi tenía un pie en un barco en el Bósforo. Pues no me parece, se soltó, porque prefiero morir como emperatriz que vivir como refugiada y como dicen los antiguos (en aquel entonces ya había antiguos), un trono es el mejor sepulcro. Así que Justiniano se quedó a defender su imperio y le fue tan bien que después de eso todavía mandó construir la maravilla que es Hagia Sofia, esa iglesia cristiana que se convertiría en mezquita y ahora en un espectacular museo. Y como todavía tenía un tiempito organizó nada menos que el derecho romano.

No hizo lo mismo Demetrio el rey de Macedonia, destronado por Pirro en 287 a.c. Según el poema de Kavafis, cuando vio que ya no tenía apoyo de su pueblo, se quitó la ropa de rey y se disfrazó de civil común y corriente. Supongo que hay trabajos de los que no se vale renunciar. “El rey Demetrio… no se comportó con talante de rey… Comportándose como un actor que cuando el telón cae, cambia sus vestiduras y hace mutis”.

Y ya que hablamos de pérdidas, corran a leer el poema de Elizabeth Bishop sobre el arte de perder. En pocas palabras dice que es bien fácil aprender a perder, porque hay un montón de cosas a las que les encanta perderse. Las llaves, las tarjetas, de vez en cuando una hora que se va a lo tonto. Luego uno puede seguir practicando ese arte de perder, perdiendo nombres, lugares y hasta la idea de a dónde íbamos. Y nada de eso es un desastre. Y entonces, como sigue Elizabeth Bishop uno pierde dos ciudades, algunos reinados que tenía, dos ríos, un continente… “Los extraño, pero no es un desastre”.

Y vean a Cameron Díaz, en el papel de una disléxica que de pronto entiende el valor de la poesía, leyendo el poema de Elizabeth Bishop en esta súper cursi película y lloren.

Fuente: Sobre Justiniano: Constantinopla de Isaac Asimov.