Gracias por toparme con una señora enojada con el mundo

“¡Cómetela!”, y cuando dice esto, la señora me enseña la bolsa de caca de su perro. No se confundan. Es una señora que me imagino educada, porque pocos minutos antes, antes de que yo la hiciera perder la elegancia, se veía que tenía mejor vocabulario y más capacidades de comunicación.

Pequeño flashback:

Iba en bicicleta por la banqueta, para no ir en sentido contrario en la calle. Juro que iba despacio. Lo juro, lo juro, lo juro. Y que la banqueta medía más de tres metros de ancho. Y que nadie iba caminando por la banqueta. Nadie, ni siquiera la señora con cara desencajada que hasta ese momento terminó de cruzar la calle.

– No debería andar en bicicleta por la banqueta -me dice.
– Si, ya lo sé, perdón, pero iba despacio y me iba fijando.

A la señora le brillan los ojos. Se le desencaja más todavía la expresión. Me ve como a un asaltante sin piedad, como un energúmeno de las bicicletas y yo, un alfeñique de 69 kilos, pienso que puedo dialogar un poco.

–  ¡¡¡¡¡¡Usted no es alemán ni brasileño!!!!!! (no entendí qué quería decir con eso), ya sabe que no puede andar por aquí. !Todos quieren hacer lo que sea!

No podía estar más de acuerdo, me encantó la idea de encontrarme con una ciudadana consciente, porque también yo hago muchos corajes con los coches que no me dejan pasar o los ciclistas que andan a toda velocidad por la banqueta. Si no me creen lean esto. Creí que era una de las mías. Casi saco el chal para echar el chisme, y se me ocurre decirle que sí, que tiene razón pero que fíjese que los ciclistas no estamos seguros en la calle.

– Pues a su edad, lo más sano para usted es caminar y no andar en bicicleta.

Eso me dice la energúmena que ha de haber tenido como 70 entrados en 97.
– y ¡cómetela!
– A ver, démela -todavía le digo, ahora sí prendido, yo creo que por el terror que me dio ver cómo en menos de dos minutos una señora enojada se transformaba en un talibán de los peatones.
La furia esta se largó, arrastrando a su perro mugroso. Y afortunadamente no me dio la caca.

Y resulta que esta señora puede ser uno de los mejores ángeles que me pudo haber lanzado el universo, para rescatar mi alma, y que yo debería estar agradecido por este aprendizaje que me da la vida. Para que entiendan por qué está padre estar agradecido, les recomiendo esta entrevista con David Steindl-Rast.

O también pueden ver el video de este monje tan buena gente, que dice que uno tiene la opción de enojarse o no enojarse, de clavarse porque un señor quiere explicar por qué anda en bicicleta o porque una señora malhumorada y mal peinada te dice que te comas la caca de su perro o de seguir feliz el camino en este bonito día, porque “este es el día que el Señor hizo”.

Es en serio. Sí, esta insoportable señora despeinada es una señal del cielo de que debo dejar de pelearme con los automovilistas que no me dan la preferencia a la que tengo derecho cuando estoy cruzando la calle y ellos están dando vuelta. Sí, me corresponde por ley la preferencia, pero tengo aaaaaños repitiéndome a mí mismo que no estamos en Boulder, Colorado, ni mucho menos en Ciudad Juárez, Chihuahua, y que la mayoría de los automovilistas de la Ciudad de México y muchos de Guadalajara no le ven la lógica en esa regla, que los hace perder dos segundos y además verse como gente civilizada.

Pero durante años me he enojado y seguro he puesto esa cara ridícula de ciudadano indignado, como la que puso la señora del perro mugroso, la que parece Charlton Heston cuando llega con las tablas de la ley o Juana de Arco llena de razón divina.

A ver, Roberto, dile gracias a la señora que te hizo aprender tanto. Este asunto de los imbéciles que no saben manejar no lo voy a cambiar viéndome ridículo como la señora esta de los pants a las tres de la tarde, el peinado horrendo y el perro mugroso

Hay una señora increíble, que anda por la vida con actitud y vestimenta de mujer culta de San Miguel de Allende, que se llama Byron Katie, que dice que uno se mete en unos rollos inútiles de amargura y sufrimiento porque no entiende que sólo hay tres tipos de asuntos en el mundo:
Los asuntos propios.
Los asuntos de otro.
Los asuntos de Dios o como le quieras llamar a lo que mueve el universo.

De esos tres asuntos, sólo los propios los puedes cambiar. No los del otro y mucho menos los de Dios. Pero, ¡ah! cómo hace uno corajes tratando de cambiar la forma de pensar del otro. La vieja esta de la que les platico, a la que yo ya perdoné, quiere cambiarme a mí y como no le hago caso sin chistar, se prende como una de las furias, unos personajes horrendos igualitos a ella, aunque un poco mejor peinados, que aparecen en La Eneida, de Virgilio. O yo quiero cambiar a esta vieja antipática y totalitaria, a la que de cariño llamaremos Mrs. Kim Il Sung, y a la que, como pueden ver ahora le estoy agradecido, y como no lo logro, me enojo.

Tan sencillo que sería concentrarse en los asuntos propios y dejar de enojarse porque lo demás no funciona como uno quiere, pero ahí sigue uno. Como dice Byron Katie, cuando uno quiere cambiar la realidad, la realidad se sale con la suya, pero sólo el 100% de las veces.

Y les tengo más argumentos. ¿Se acuerdan de los hippies? Uno de sus libros favoritos era Las enseñanzas de Don Juan. Lo que muchos entendieron fue que Don Juan les daba permiso para fumar y meterse todas las hierbas y productos naturales que se encontraran. Hasta donde yo voy, es todo lo contrario: Don Juan dice que hay que tenerle mucho respeto al mezcalito, su nombre para el peyote, y el pobre Carlos Castaneda se la pasa intoxicándose y sufriendo, tratando de aprender un montón de lecciones que no están nada claras.

Carlos le pregunta y le pregunta y Don Juan le dice que no se puede aprender sólo conversando. Que hay que experimentar, y la experiencia siempre va a ser difícil y nos va a costar trabajo, sobre todo si nos resistimos.

Todos necesitamos un tirano, que haga que las cosas nos cuesten trabajo. Parece que ese es uno de los mensajes importantes del libro, según me lo explicó Aura Medina de Witt, una fregona que va al programa de Martha Debayle.

Y yo me topé con una tirana, la que de seguro en alguna otra circunstancia es una amable señora (lo dudo, *&#5 vieja), que con su testarudez, impaciencia e intolerancia nos enseña que el camino es por donde ella no vaya. Así que aquí va un mensaje de gratitud y perdón por esa bonita lección. De hoy en adelante dejo de enojarme por no poder cambiar la realidad, escucho más a los demás y con eso le bajo a mi tensión arterial. Con todo cariño:

Gracias, flaca greñuda. Te regalo esta cita de Johnny Cash: May you rot and burn in hell.

34 tipos que te sacan lo neurótico en la calle

1. Los automovilistas que no frenan antes de dar vuelta.

2. Los automovilistas que no respetan la preferencia del peatón cuando dan vuelta.

3. Los automovilistas que no han entendido la máxima de Spiderman: “A un gran poder corresponde una gran responsabilidad” y entonces se quejan de que los ciclistas y los peatones no se cuidan.

4. Los automovilistas que hacen alto total antes de cruzar una calle, pero sobre la línea de peatones.

5. Los automovilistas que ven un peatón abajo de la banqueta, a punto de cruzar la calle en la esquina, y no frenan, aunque llegaron después.

6. Los automovilistas que van a más de la velocidad permitida y ni acarician el freno cuando va cruzando un peatón.

7. Los automovilistas que cruzan el Parque México a más de 60 km/h y le ponen las luces altas a los peatones para que corran al cruzar la calle.

8. Los ciclistas que van en sentido contrario.

9. Los ciclistas que van en sentido contrario en la ciclopista.

10. Los ciclistas que van a toda velocidad (o muy rápido, pues) por la banqueta.

11. Los peatones que se ponen histéricos porque un ciclista usa la banqueta (no matter what, o sea: la banqueta mide cuatro metros de ancho, el ciclista va despacio, pasa a más de un metro de ellos, frena para dejar pasar al peatón y, además, no se puede ir en bicicleta en esa calle).

12. Los peatones que esperan el verde abajo de la banqueta.

13. Los peatones que cruzan la calle en rojo, cuando “sólo” viene un ciclista.

14. Los peatones que cruzan la calle en rojo sin fijarse.

15. Los peatones que esperan el verde abajo de la banqueta y viendo su teléfono.

16. Los peatones que esperan el verde, abajo de la banqueta y sobre la ciclopista.

17. Los peatones que hablan por teléfono en la ciclopista mientras esperan su coche del valet parking.

18. Los ciclistas que no paran en el alto del semáforo cuando va cruzando un peatón.

19. Los peatones que, en el Zócalo, la plaza más grande del mundo, esperan el verde abajo de la banqueta.

20. Los peatones que se pasan en masa el rojo de la calle Madero, en el centro de México, porque “sólo” vienen un coche o una bici.

21. Los peatones que de pronto se cruzan la calle, a la mitad de la cuadra, sin voltear a ver si vienen bicicletas.

22. Los ciclistas que, en tropel, se pasan los altos en los paseos dizque para reivindicar las calles para ellos. Visto hasta el cansancio en los paseos ciclistas nocturnos de Guadalajara y en algunos del DF. (Para leer sobre el conflicto coches-bicicletas, pícale aquí).

23. Los ciclistas que se creen ese cuento del gobierno de que el carril derecho de Reforma es para ellos y los camiones, en lugar de ir por la amplísima banqueta vacía.

24. Los ciclistas que pasan por el lado derecho de los camiones sin pensar en que bajan pasajeros.

25. Los ciclistas que van por la banqueta y no se bajan de su bicicleta aunque la banqueta esté llenísima.

26. Los automovilistas que le pitan al de adelante porque está dejando pasar peatones.

27. Los automovilistas que tienen 8 coches enfrente y pitan para que avancen porque el semáforo ya se puso en verde.

28. Los automovilistas que siguen pasando en verde aunque saben que se van a quedar atorados y van a estorbar cuando cambie el semáforo.

29. Los automovilistas que salen del drive through de Starbucks tomando su café, viendo su teléfono y sin fijarse si viene alguien por la banqueta.

30. Los automovilistas que no dejan pasar a los peatones cuando suben a la banqueta para meterse a o salir de su cochera.

31. Los automovilistas que salen de su cochera como perro sin correa detrás de un hueso volador.

32. Los automovilistas que frenan en las esquinas, pero después de la línea de peatones.

33. Los automovilistas que no frenan en las esquinas.

34. Los pasajeros de coches que abren las puertas sin fijarse en si viene una bicicleta.

Con perdón por algunos puntos: En algunos se ve que no estoy de acuerdo con algunos reglamentos de tránsito y creencias populares, que expulsan  a los ciclistas de la banqueta.