Y ahora a vivir en el Apocalipsis zombi de la economía

Bien inocente, voy a preguntarle a un financiero qué podemos hacer con nuestros ahorros y nuestras inversiones los buenos ciudadanos ahora que ganó Trump en Estados Unidos. Me dio unas ideas buenísimas, que voy a poder usar para un artículo en una revista de negocios, pero me prohibió que lo citara en lo que me dijo en la mayor parte de la entrevista: que ya nos cargó el pintor, nos llevó la tía de las muchachas y que si Trump aplica 30% de lo que prometió que le va a aplicar a México vamos a entrar en una recesión como la de 1982 que, créanme millennials, es la culpable de que todos los mayores sintamos que nunca vamos a salir del hoyo.

Le pregunto a mi fuente: ¿Y por qué no debería decir que don Señor Sabe de Finanzas, de la Financiera Tan Seria SA siente que ya estamos en pleno Apocalipsis zombi? Porque ya no hay nada que hacer para proteger nuestros ahorros y nuestras inversiones: todo va a caer en términos de dólares. Ya. No. Hay. Nada. Que. Hacer. Y me dice que sería como avisarle a una familia que le va a caer una bomba atómica a su casa cuando no hay ningún lado para correr. Mejor que se queden disfrutando un rato más sus tlacoyos con frijoles.

¿Le echamos leña al fuego de tu pesimismo? Desde el 8 de noviembre, cuando todos nos fuimos a dormir con el miedo de que Freddy Krueger iba a ser el presidente electo de nuestro principal mercado, nuestra principal fuente de divisas, el empleador de gran parte de nuestra mejor fuerza de trabajo, de nuestro lugar favorito para comprar y nuestro villano favorito de siempre, desde el 8 de noviembre, cuando tuvimos la pesadilla de tener a Orange Krueger como presidente electo de Estados Unidos, hasta el 23 de noviembre, la Bolsa Mexicana perdió 17% en términos de dólares. ¿Se imaginan? Si antes de Trump tenían el equivalente a un dólar metido en la Bolsa, para el 23 de noviembre les quedaban 83 centavos de dólar.
Antes de que salgan a correr desnudos por las calles, o que se encierren en una cabaña para que no los alcancen los zombies, les advierto que estoy hablando de un indicador que trae acciones de varias empresas mexicanas y que sirve para medir el desempeño de la Bolsa en términos de dólares. Si quieres ver cómo se mueve es el EWW y puedes picarle aquí.

Es solo un indicador, no todo lo que está en la Bolsa Mexicana bajó de valor, o por lo menos no todo bajó tanto. Aunque, mmmh, algunas cosas bajaron todavía más. Porque Trump está amenazando con subir los impuestos a productos hechos en México por empresas estadounidenses y también con cambiar muchos de los términos del Tratado de Libre Comercio, para que ya no podamos venderles tanto a ellos. Eso le va a pegar al valor en la Bolsa de muchas empresas mexicanas.

¿Verdad que no va a cumplir todas sus amenazas? Sigo de inocente preguntándole al financiero entrevistado. Pues no hay que ser tan optimistas. Trump necesitaba un puerquito para pegarle y quedar como el bully mayor del patio de la escuela. Y no se iba a poner con uno que pudiera contestarle, así que escogió al que tiene cerca, al más mocoso, con peor autoestima y al que también le pegan en su casa. ¿Cuál será? Al niño México… lo esperan en el patio de la escuela.

¿Tenemos una solución? Por lo pronto, hay que ponernos a leer un libro que es gringo y por eso le pido perdón a todos los que están dispuestos a boicotear a todos los productos gringos, que habla de cómo cuando te cambian todas las condiciones de repente te puedes volver más creativo. No quiero echarles a perder el cuento, pero habla de una promotora de conciertos que a sus 17 años había logrado contratar a Keith Jarret, ya tenía la sala de conciertos llena a reventar cuando, unos minutos antes, Keith Jarret sale a revisar el piano y descubre que no funciona… así que…

¿Qué vamos a hacer nosotros ahora que estamos descubriendo que nuestro piano o nuestros planes no funcionan como deberían? Según el libro, Messy, de Tim Hartford, este tipo de momentos en que todo se pone patas arriba es el que sirve para encontrar un nuevo camino, que lo más probable es que es mejor que el que ya teníamos. Pero ya hay que ponernos a buscarlo, ¿no? El camino, no nada más el libro. 

Aquí hay una reseña del New York Times sobre Messy.

Por qué crees que los ricos son malos

¿Por qué en las películas la gente que tiene dinero, con excepción de Bruce Wayne, es mala mala? Entre los peores malos siempre hay algún productor de Hollywood que vive en una casa increíble inhalando todo lo inhalable, mientras sus amigos están en una alberca con vista a Mulholland Drive, en Los Ángeles. Son ricos y malos y el mensaje es que no hay que ser como ellos pero cómo se nos antoja.

Como somos buena gente, nos quedamos en odiarlos, porque nunca vamos a ser como ellos y porque el dinero es malo muy malo. Algún filósofo diría que esa ideología nos la están presentando para que ni se ocurra aspirar a ser ricos y mejor que nos quedemos esperando la justicia en otra vida. 

Ya parezco tía con mis referencias pero voy a poner un ejemplo de una película donde el dinero corrompe y el amor salva. Es la viejísima Pretty Woman, de cuando Julia Roberts tenía la edad que ahora tiene Yuya (y no gritaba “guapuras”). Es película de tu tía, pero seguro ya sabes que se trata de la Cenicienta y cómo el príncipe azul viene a salvarla, ya no de la madrastra pero sí de la prostitución en Hollywood Boulevard.

El príncipe azul es muy rico y todas las tías aman esa frase que le suelta a un vendedor de una tienda de ropa de lujo en Rodeo Drive: “venimos a gastar cantidades obscenas de dinero” y, claro, hay que explicar de dónde viene el dinero. Resulta que el príncipe azul es un desalmado dueño de un fondo de capital, de esos que se dedican a exprimir las compañías, a recortar personal y a eliminar gastos, para después vender esas compañías más caras de lo que las compraron. Su dinero va a rescatar a la Pretty Woman, pero solo el amor lo va a rescatar a él.

Pretty Woman fue un anunciote para las marcas de ropa de lujo. Creo que antes de esa película, los gringos solo conocían la ropa de Gap y nosotros cruzábamos la frontera felices con tal de comprar en JC Penney. Poco después de eso, las marcas europeas de a 200 dólares la playera se volvieron conocidas y la avenida Masaryk en México se convirtió en nuestra Rodeo Drive y ahí íbamos a todos a comprarnos cualquier cosa con iniciales.

¿Y qué hay de la maldad de los ricos? No hay mucho de qué preocuparse. Está muy difícil convertirse en uno de ellos. Hace unos dos años, se puso súper de moda el libro-ladrillo Capital, de Thomas Piketty, que nadie leímos pero que nos dejó claro, con estadísticas de la recaudación de impuestos de Francia desde el siglo XIX, que los ricos siempre son los mismos y que los dueños del capital se encargan de súper pagarse a ellos mismos, de manera que la riqueza sigue concentrada en unos cuantos. Entonces, como ya no vamos a ser ricos, ¿hay que gastar y gastar no se nos vaya a acumular?

Porque el galán de Pretty Woman era malo a la hora de ganarse el dinero, no a la hora de gastarlo.

Estaba a punto de soltar mi moraleja, de que la clase media se uniera y pensara en acumular un poquito, además de gastar pero ya me dio flojera. De todos modos, cuando vemos la Cenicienta y nos ponemos felices de que el príncipe azul la rescata de sus hermanastras malvadas no creemos que lo único que hay que hacer en la vida para salir del hoyo es ir al baile en el palacio.

Y cuando vemos que los malos de las películas son los ricos, no pensamos que hay que ir a vaciar nuestra cuenta de banco y que la moraleja es que debemos acabar con toda ambición. ¿Verdad que no?

Qué hacer si te quedas sin trabajo (es peor que quedarse sin wifi)

Alguna vez hay que renunciar. O alguna vez te corren. O todo junto. Los trabajadores mexicanos pasan en su empleo en promedio 3 años y luego se tienen que ir, según una encuesta del Inegi.
En los últimos cinco años, solo la mitad de los trabajadores mexicanos se ha quedado en un mismo empleo, la quinta parte ha tenido dos y la décima parte, tres empleos. Ya te imaginas que muchos de los que se quedan sin chamba, se tardan en encontrar otro trabajo. Y que eso significa que se quedan sin seguridad social, sin seguro de gastos médicos y sin ahorro para el retiro. Y aunque después encuentren trabajo o abran su empresa, puede ser que estén sentados en una bomba de tiempo: El empleo en el que están no les alcanza para asegurar su futuro porque con tal de emplearse o ganar dinero, se les olvida que tienen que estar en un lugar con seguridad social y con ahorro para el retiro. Si ya vas a cambiar de chamba, fíjate en esto.

¡Alto! Antes de largarte
Revisa el seguro de gastos médicos. Algunas empresas lo dan, pero en cuanto te dicen adiós, pierdes la antigüedad. Si tienes pensado dar un rebozazo porque alguien te vio feo en el trabajo, ¡no lo hagas! Pero si tu salida es por alguna razón un poco más inteligente o ya no tienes remedio, antes de cruzar la puerta de salida tienes que individualizar tu seguro de gastos médicos. Si no lo haces, al rato no te van a querer cubrir por un montón de enfermedades y/o te van a cobrar más caro. Para individualizar el seguro, pídeles a los de recursos humanos el contacto del agente de seguros. Y al agente de seguros pídele que te individualice tu seguro. Te van a cobrar un poquito pero el seguro ya va a ser tuyo y vas a acumular antigüedad con él.

Para que busques chamba
Deja de rogar. ¿Nunca te quedaste sin novia? Los rogones tienen menos suerte. Para volver a entrar a un trabajo, se supone que debes saber muy bien quién eres, para qué eres bueno y, sobre todo, qué te gusta hacer. Hay una guía para entender el mercado laboral y que hay que leer, tengas o no trabajo: De qué color es tu paracaídas. Aquí en México se publica de vez en cuando, y en Estados Unidos sale una nueva edición cada año. Además de que está divertida, está llena de información y consejos útiles. En el blog del autor, Dick Bolles, viene esta tabla para que cambies el chip de la manera en que buscas trabajo. Aquí te va mi versión en español.

El modelo tradicional El modelo del paracaídas
Qué buscas Un trabajo. El trabajo de tus sueños, uno en el que uses tus habilidades favoritas y tus campos favoritos de conocimiento.
Cómo te ves a ti mismo Como alguien que ruega por un trabajo. Tienes suerte si lo consigues. Como un recurso. Tendrán suerte si te tienen.
Tu plan básico Encontrar la manera de “venderte” a ti mismo antes de salir a buscar trabajo. Encontrar qué tipo de trabajo te mueres por hacer antes de salir a buscarlo.
Tu preparación Investigas para ver qué está buscando el mercado de trabajo y cuáles son los trabajos más demandados ahora. Tu mejor arma es tu habilidad para encajar. Haces tarea sobre ti mismo, para darte cuenta qué haces mejor y que amas hacer. Tu mejor arma e tu entusiasmo.
Cómo encuentras a cuáles empleadores acercarte Esperas que identifiquen que tienen una vacante. Por medio de entrevistas de información te enteras de qué organizaciones pueden tener más interés en ti.
Cómo te pones en contacto con los empleadores. Les mandas tu CV. Por medio de una persona intermedia, alguien que te conoce a ti y que los conoce a ellos. O por medio de Linkedin.
Cuál es el propósito de tu CV Para venderles por qué deberían contratarte. Para tener una primera entrevista con ellos.
Cuál es tu principal meta si tienes una entrevista Para venderles por qué deberían contratarte. Para tener otra entrevista.
De qué hablas en la entrevista De ti, de tus fortalezas y tu experiencia. 50% del tiempo dejas que ellos hagan preguntas, 50% del tiempo les preguntas sobre las cosas que quieres saber y del trabajo.
Qué tratas de encontrar ¿Me quieren? ¿Los quiero? (y también ¿me quieren?
Cómo terminas la entrevista final Les preguntas: “¿Cuándo puedo esperar a tener noticias suyas?” (dejas las cosas en el aire). Si decides que quieres trabajar ahí, les dices: “Creo que puedo ser un buen activo para ustedes. Después de todo lo que hemos hablado, ¿me podrían ofrecer este trabajo?” (estás buscando un cierre).
Qué hacer cuándo consigues el trabajo pero antes de empezar. Mandas un correo de agradecimiento. Después piensas que y terminaste, te sientas, te relajas y disfrutas el final exitoso de tu búsqueda de empleo. Mandas un correo de agradecimiento. Entonces sigues, discretamente, con tu búsqueda de trabajo (la oferta se puede caer antes de que empieces por circunstancias no previstas).

Y cuando encuentres trabajo.
Que ese trabajo nuevo cotice en el seguro social. A la mejor se te hace que no influye mucho, pero tu pensión cuando te jubiles depende del número de semanas que cotizaste en algún sistema de seguridad social. Antes de que se hiciera la reforma en el sistema de pensiones en México, se necesitaba un mínimo de 500 semanas. Para todos los que trabajan desde antes de julio de 1997, todavía aplica ese mínimo. Pero ese mínimo te da un pequeño porcentaje de la pensión. Si empezaste a trabajar después de julio de 1997, vas a necesitar 1,250 semanas de cotización para tener una pensión. Lo ideal es que cotices al seguro el 100% del tiempo en que trabajas. La verdad es que eso no le pasa a nadie. Si empezaste a trabajar a los 20 años, necesitas cotizar en el seguro cuando menos 53% del tiempo en que estuviste empleado. Pero si empezaste a los 35, necesitas cotizar ¡80%! así que no te andes confiando en tus ratos de freelance porque te puedes quedar sin pensión. Mira esto para que planees bien tu retiro.

¿De veras te animas a renunciar?

La renuncia es como una pistola: la sacas solo si estás dispuesto a usarla. Eso le dijo un jefe comprensivo a una amiga, que andaba en pleno berrinche. Porque ¿a poco a veces, a la menor provocación, no te dan ganas de gritar “¡renuncio!”? ¿O de hacer un pancho como el de esa película noventera, Jerry Maguire, que creía que el mundo se iba a paralizar si lo dejaban ir de su chamba?

¿Nunca te has quedado sin empleo? Puede ser porque renuncies o porque te dejen ir, pero de pronto el mundo cambia. Estuve preguntando entre varios colegas, y casi todos tienen anécdotas, porque por alguna razón los periodistas andan brincando de un trabajo a otro a lo largo de su vida. Había una que estaba convencida de que esa noche, el programa de noticias de Jacobo Zabludovsky, el más importante de México en ese entonces, ya no iba a salir al aire porque ella había renunciado a su puesto de ayudante de producción. O la diseñadora que, cansada de que su jefe le pusiera unas regañadas espantosas enfrente de los clientes, le pidió que por favor ya no le diera ese tipo de feedback, que sería más productivo tener claro qué se esperaba de ella en lugar de recibir gritos del tipo “por qué hiciste eso tan feo, ¿qué estabas pensando?”. El jefe le dijo que sí, pero a los tres días le salió con que “le habían aconsejado que la despidiera”.

O el diseñador que sospecha que sus jefes pensaban que era demasiado moreno para trabajar en una revista de sociales o la reportera a la que le avisaron que iban a recortar su puesto pero que como ella estaba “re chula” a la mejor si hablaba con el jefe cambiaban de opinión. A ninguno de estos tres últimos se le ocurrió demandar. ¿Se podría?

En la historia y la literatura hay relatos épicos de gente que se quedó sin chamba. Napoleón en el exilio, reyes depuestos, sultanes que perdieron un gran territorio. ¿Te quedaste sin trabajo y vas llorando a tu casa esperando que te tengan lástima? Ajá. Eso no fue lo que le pasó a Boadbil, el que dicen que se puso súper triste en una colina a suspirar por haber perdido Granada. Seguro ya te sabes la historia pero el caso es que cuando Boadbil vio la Alhambra, que acababa de entregar a los Reyes Católicos lloró y lloró y su mamá le dijo: “lloras como mujer lo que no supiste defender como hombre”. La equidad de género de ahora encontrará otra manera de decirlo pero ¡qué fuerte!, como dicen los españoles que se quedaron a vivir por ahí.

En Constantinopla le pasó algo muy parecido al emperador Justiniano. Hubo una rebelión del partido de los verdes, un grupo de opositores que apoyaba al equipo verde en el hipódromo. A Justiniano le pareció que no podía pelear para defender su trono y mandó preparar los barcos y lo más que podía llevarse. ¿Cómo? ¿Nos vamos a ir así nomás? Le dijo Teodora, la esposa, cuando Justiniano ya casi tenía un pie en un barco en el Bósforo. Pues no me parece, se soltó, porque prefiero morir como emperatriz que vivir como refugiada y como dicen los antiguos (en aquel entonces ya había antiguos), un trono es el mejor sepulcro. Así que Justiniano se quedó a defender su imperio y le fue tan bien que después de eso todavía mandó construir la maravilla que es Hagia Sofia, esa iglesia cristiana que se convertiría en mezquita y ahora en un espectacular museo. Y como todavía tenía un tiempito organizó nada menos que el derecho romano.

No hizo lo mismo Demetrio el rey de Macedonia, destronado por Pirro en 287 a.c. Según el poema de Kavafis, cuando vio que ya no tenía apoyo de su pueblo, se quitó la ropa de rey y se disfrazó de civil común y corriente. Supongo que hay trabajos de los que no se vale renunciar. “El rey Demetrio… no se comportó con talante de rey… Comportándose como un actor que cuando el telón cae, cambia sus vestiduras y hace mutis”.

Y ya que hablamos de pérdidas, corran a leer el poema de Elizabeth Bishop sobre el arte de perder. En pocas palabras dice que es bien fácil aprender a perder, porque hay un montón de cosas a las que les encanta perderse. Las llaves, las tarjetas, de vez en cuando una hora que se va a lo tonto. Luego uno puede seguir practicando ese arte de perder, perdiendo nombres, lugares y hasta la idea de a dónde íbamos. Y nada de eso es un desastre. Y entonces, como sigue Elizabeth Bishop uno pierde dos ciudades, algunos reinados que tenía, dos ríos, un continente… “Los extraño, pero no es un desastre”.

Y vean a Cameron Díaz, en el papel de una disléxica que de pronto entiende el valor de la poesía, leyendo el poema de Elizabeth Bishop en esta súper cursi película y lloren.

Fuente: Sobre Justiniano: Constantinopla de Isaac Asimov.

¿Eres lobo o perro? Dime cuánto gastas en comer

Se supone que si quisieras tener más dinero, deberías levantarte más temprano. Para prepararte la comida, y así no salir a comer a un restaurante en donde vas a gastar un montón.

Imagínate, que te levantaras 20 minutos más temprano y en lugar de salir corriendo de tu casa, te prepararas lo que vas a comer a mediodía. Preparando la comida en la casa, gastarías, pon tú, 50 pesos en tu platillo, tomando en cuenta lo que te cuesta, más el gas, en lugar de ir a una fonda, en donde te cobrarían 150 pesos, o en un restaurante tipo Le Pain Quotidien, donde te avientas 250 o 300 pesos o, voy a decir algo absurdo, en el Morton’s, en el que estarías gastando unos 500 pesos.

Esos 20 minutos más de sueño te cuestan 100 pesos (si vas a la fonda), 200 o 250 si vas a Le Pain Quotidien o 450 en el Morton’s.

Pero, aquí te va por qué es absurdo comparar el Morton’s y otros lugares por el estilo, con lo que te cuesta prepararte la comida en casa.

¿Qué tal que necesites comer en el Morton’s? ¿Te imaginas qué harías si fueras un senador o un director de una empresa? ¿Qué te conviene más? ¿Sacar tu tupper para comer en tu escritorio porque hoy le vas a meter 200 pesos más a tu cuenta de ahorros para cuando te retires? O ¿comer con alguien que a la mejor te apoya en algún proyecto político o se convierte en tu cliente o te pone en contacto con alguien que deberías conocer?

¿Quién necesita comer en un súper restaurante? A la mejor lo necesitas más de lo que crees. Porque la hora de la comida es el mejor momento para cultivar las relaciones con otras personas. Your network is your net worth, dice Keith Ferrazzi en su libro Never Eat Alone, que ya te imaginarás que te recomienda que comas con más gente para tener más relaciones.

¿Tendrías que ir al Morton’s? Pues si estás en lo más alto de la cadena alimenticia, ahí tienes que ir. O sea que, en términos de la selva, al Morton’s van a comer los leones, los lobos y los tigres de la humanidad.
Pero, ¿tú eres un lobo? ¿o deberías ser como un perrito que come, muy contento, en su esquina, acompañado de su persona favorita a.k.a su dueño?

Está padre ser un lobo, porque los lobos tienen un tamaño impresionante, un pelo increíble que los hace ver todavía más grandes y a la hora de comer son mucho más dignos que muchos perritos, que ahí están, con sus pelitos con shampoo, viendo qué se les cae de la mesa a los amos. O está padre ser uno de esos que comen en el Morton’s, porque sus trajes son de lana virgen y están cortados a la medida y sus coches tienen más caballos de fuerza que carroza de Cenicienta.

Sí, los lobos son unos fregones, pero como especie son más ineficientes. O los que van al Morton’s, a la mejor son muy poderosos, pero necesitan todo un ecosistema para sobrevivir.

Es obvio que si se van a enfrentar un lobo y un perro adultos, el lobo lleva las de ganar. O hasta un lobo y un ser humano, armados cada uno con sus colmillos y sus patas. Como especie, es muy diferente. Los lobos no sobreviven tan fácil, por algo muy sencillo: son mucho más caros.
Los biólogos tienen una fórmula, bien fácil, para medir las posibilidades de sobrevivir de cualquier animal. Dicen que hay que comparar cuántas calorías consumen en la comida con cuántas calorías les tomó conseguir esa comida y sobrevivir hasta la hora de comer.

Para decidir si a ti te conviene comer como un lobo, en lo más alto de la cadena alimenticia, o como un perro, esperando tus croquetas, digo, tu quincena, tienes que comparar dos cosas:

– cuánto vas a gastar en esa comida con

– cuánto dinero vas a conseguir gracias a que comiste con alguien.

Claro, no vas a recuperar tu dinero en ese momento, ni siquiera esa misma tarde o ese mismo mes. Pero conocer más gente te va a dar más oportunidades de hacer negocio.

¿Listo para los números? Haciendo cuentas muy rápidas, algunos biólogos calculan que un cachorro de lobo necesita comer 2,500 calorías diarias para crecer sano y llegar a adulto, a los dos años de edad. Eso significa que necesita consumir 1.8 millones de calorías antes de ser capaz de cazar su propia comida. En cambio, un perro de un basurero de la ciudad de México necesita consumir 1,000 calorías diarias. Y está listo para conseguir su propia comida, hurgando entre las bolsas de basura, ¡a los 70 días de nacido! O sea que para valerse por sí mismo, sólo necesita 70,000 calorías. Y cada caloría que come un perro es más barata que la que come un lobo, porque no tiene que gastar energía en correr atrás de las presas y sólo tiene que esperar a que llegue el camión de la basura a tirar nutritiva comida.

El lobo-humano, ese que va al Morton’s, tiene un ejército de personas que lo atienden, necesita más terreno para vivir, más potencia en su coche. En fin, cuesta más. El perro tiene una vida más sencilla.

Hay entonces dos caminos. O te vuelves un lobo, y vas construyendo todo un ecosistema alrededor de ti, para poder comer, cuando menos una vez a la semana, en un elegante restaurante junto con alguien más, o te vuelves un perrito domesticado, comiendo siempre en el mismo plato.

Si te vas a poner como Scrooge, a contar cuánto gastas en las comidas, no vas a llegar a ser tan rico como Scrooge, el amargado del Cuento de Navidad. Por lo visto, si calculas con báscula cuánto te cuesta la comida, si comes en tu escritorio sin conocer a más gente, si llevas tu tupper y lo que dejas de gastar en el restaurante lo metes en una alcancía, no vas a multiplicar tu ingreso, porque vas a seguir, siempre, ganando lo mismo. Si bien te va, porque puede ser que te vuelvas invisible, y ese es uno de los peores golpes para tu carrera.

Saca las cuentas: ¿cuánto vas a gastar en esa comida y cuánto dinero vas a obtener después? O ¿cuánto estás sacrificando por comer solo?

Claro que aquí hay algunas trampas. La mayoría de los lobos que ves en esos restaurantes de lujo jamás pagan las comidas de su bolsa. Muchos pagan con el dinero de la empresa o de los contribuyentes, o de los dos. Ya te había dicho, necesitan un enorme ecosistema para poder sobrevivir así como están.

Pero, ¿qué tal que llegues a un buen punto medio? Que comas con gente en bonitos restaurantes, algunos días, porque solo si comes con alguien más vas a aumentar tus oportunidades de tener más trabajo y ventas, y que otros días tengas una comida más modesta. Así vas a ser un perro con algo de lobo. Y a la mejor te pasa como a Buck, el de El llamado de la selva, de Jack London que “sobrevivía triunfante en un entorno hostil en el que únicamente lo hacían los fuertes… Su astucia era la del lobo, una astucia salvaje; su inteligencia, la inteligencia del pastor escocés y el san bernardo; y esta conjunción, añadida a la experiencia adquirida en la más feroz de las escuelas, lo convertían en una criatura tan formidable como las que habitaban la selva”.

Fuentes. Sobre las calorías de los lobos y los perros: Coppinger, Raymond y Coppinger, Lorna. What is a Dog. The University of Chicago Press. Chicago, 2016. Sobre Never eat alone, vean este video:

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Por qué los perros son clasistas

Este post también podría llamarse: yo sé lo que quieres antes que tú, porque se trata de lo prejuiciosos que somos todos y qué ganaríamos si lo reconociéramos y lo solucionáramos.

Rita vigila la calle
Los perros son clasistas cuando sus dueños se lo transmiten.

Estamos todos en santa paz y, de repente, Rita, nuestro perro, sale de abajo de la mesa ladrándole como una furia al indigente que llegó a pedir dinero. Toda la terraza, todo el restaurante, toda la Condesa nos volteaba a ver. Esta vez nadie nos ayudó con la justificación, pero ya nos ha pasado otras veces, que los perros le ladran al primer harapiento que ven y alguien sale con:

— Es que los perros son clasistas

— Algo han de notar, ha de ser a lo que huelen esas personas.

Y la clave está en que digamos “esas personas”. Qué chistoso que presumamos muy orgullosos que nuestro perro aprendió de nosotros a ser sociable, que gracias a nosotros está atlético y que por eso es tan bueno para jugar. Pero eso sí, a él solito le salió la idea de discriminar y de ladrarle a los pobres que se acercan a nuestra mesa, nuestra casa, nuestra banqueta, nuestro espacio.

Rita es como hijo en Harvard. Cada vez que hace algo que nos preocupa, le hablamos a un ejército de etólogos, encabezados por la maravillosa Nallely y el amable Gabriel, que siempre nos dicen que los perros adivinan nuestros gestos y nuestras intenciones. Que hacemos un gesto que significa “siéntate”, se sientan. Que hacemos la rutina para prepararnos a ir a dormir, se van a su cama, que sonamos las llaves y agarramos la bolsitas y se pegan en la puerta de salida.  Entienden primero los gestos que las órdenes habladas. Porque para los perros es más fácil leer nuestro lenguaje corporal que entender el español.

Todo eso nos han explicado. Pero cuando el perro le ladra al intruso, que en realidad sí nos molesta en el parque o en el restaurante, es porque el perro quién sabe qué traumas tendrá de cuando no vivía con nosotros. Qué horrible podría ser que el perro estuviera leyendo nuestros gestos y nuestro lenguaje corporal de que no nos laten los intrusos y que por eso se pusiera a ladrar como Donald Trump a los mexicanos y a las mujeres en su cuenta de Twitter.

Porque, según nosotros, no somos prejuiciosos. ¿Seguro? Porque aquí entra esta investigadora, de nombre impronunciable, Mahzarin Banaji, que ha demostrado que somos más prejuiciosos de lo que creemos.

Junto con Anthony Greenwald, Banaji escribió el libro Blind Spot, en el que habla de que los que somos gente buena como yo, tenemos muchos más prejuicios y actitudes discriminatorias de las que quisiéramos. Pueden saber más sobre ellos en esta reseña de The Washington Post.  O en esta entrevista que le hizo Krista Tippet.

Hace siglos, en una revista de negocios, llegamos el director de arte y yo a enseñarle en una hojita la propuesta de portada a nuestro jefe. Queríamos poner a Rosario Marín, una mujer nacida en la ciudad de México, entonces secretaria del Tesoro de Estados Unidos. El jefe agarró la hojita, la arrugó y nos la aventó, sí, nos la aventó a la cara. “Este tipo de gente no es la que quieren ver nuestros lectores en la portada”.

Nosotros, en lugar de ir corriendo a la Conapred o a la CNDH, recogimos la hojita del suelo y nos fuimos, con la cola entre las patas, a trabajar otra propuesta. La verdad es que la foto estaba horrenda, en el back tenía una planta como del patio de mi casa es particular y la tesorera estaba vestida y peinada como la tía Chayito de Celaya en graduación y no como la primera persona no nacida en Estados Unidos que ocupaba el puesto del que firma los dólares. Y el fotógrafo, que era un flojonazo, y al que habíamos mandado a Washington a tomar esa foto, no nos había dado una opción b para restregársela en la cara al jefe.

En lugar de hacer una revolución, le seguimos dando nuestro trabajo a esa publicación que, en teoría, sabía exactamente lo que su target quería ver. El target era de gente que quiere comprar Audis y contratar choferes, no de personas preocupadas por alguien que llegó a Estados Unidos a los 14 años, sin hablar inglés y ya ustedes se saben el resto de la historia de éxito, estilo gringa, de nuestra Rosario. Y si no se la saben, aquí la cuenta Forbes. Nuestro prejuicio, o el de la publicación, es que a estos señores que leen sobre negocios no les interesa la inclusión. Y por eso seguimos en el mismo círculo vicioso, de seguir excluyendo a la gente que creemos que los demás no van a aceptar y después echarle la culpa a lo conservador de la sociedad que no nos deja dar pasos adelante.

¿Cómo llegamos hasta acá por los ladridos de un perro? Bueno, los ladridos de una perrita increíble y adorable pero con actitudes clasistas que sacó de su oscura historia cachorra y no de nuestro lenguaje corporal. Porque las dos historias pueden servir para demostrar que es probable que nosotros estemos actuando de una manera que permite que se eternicen los prejuicios, en lugar de hacer algo por cambiarlos.

¿Por ejemplo? Primero hay que ver si de verdad somos tan prejuiciosos. Greenwald y Banaji han desarrollado un test para descubrir prejuicios. Si se animan a tomarlo, aquí está la liga: Test de asociación implícita.  No les va a gustar el resultado, pero no le echen la culpa a esta mujer de nombre raro.

¿Qué otra cosa podríamos hacer para descubrir si somos prejuiciosos y para bajarle a esa discriminación? Hablando más con gente diferente. ¿Con cuánta gente completamente diferente a nosotros nos juntamos en un día? Yo tengo compañeros de trabajo que vienen de todo el Valle de México, pero platico más tiempo y más veces con los que viven en un radio no mayor a 4 kilómetros de mi casa. Ellos o sus papás (porque lo más diferente que tienen de mí es que son mucho más jóvenes) oyen la misma música que yo y tienen el mismo tipo de viajes y de educación que yo. Mis amigos del fin de semana son muy parecidos también, en ingresos, en gustos, en hobbies y en preocupaciones. ¿Cómo podría romper el prejuicio?

Así. ¿cómo podría dejar de sentarme de una manera diferente, de ponerme en actitud defensiva cuando viene hacia mí y hacia mi perro una persona que seguro huele diferente que yo?

Los dejo con un video de Rita cuando oye el nombre de su persona favorita. para que vean qué tan brava puede ser.

Cómo convertirse en chavorruco

4 grandes ideas para condenarse a vivir con roomies hasta después de los 40.

PC

Viven toda su infancia y su adolescencia con ganas locas de hacer lo que creen que hacen los adultos, como tener su propia casa, dinero para comprarse un cochezote y para irse de parranda cada fin de semana. O sea que creen que gastando mucho, en cuanto tienen su primera fuente de ingresos, se van a convertir en adultos. Y resulta que es todo lo contrario. Que se están condenando a ser chavorrucos y a no poder separarse de sus roomies nunca jamás. ¿Por?

1.Salirte de la casa de los papás antes de cumplir 30 años. El primer día te enteras de que el gas, la luz, internet y el teléfono no son gratis. Lo más fuerte es la renta, que en un adulto puede llegar a ser de más de 30% de su ingreso. Imagínense que ganan 20,000 pesos. Eso significa que a la mejor estarían pagando 6,000 pesos mensuales de renta, por unos cuantos metros cuadrados de un departamento céntrico.

A cambio de su supuesta independencia, están gastándose un dinero que les podría servir para ser independientes de verdad, más adelante. ¿Y si le piden a sus papás que los aguanten un ratito más? A la mejor sus papás les van a decir que no sean tan conchudos y les piden que pongan algo para los gastos. OK, van 2,000 pesos y eso les deja 4,000 pesos para ir armándose su propio patrimonio.

2. Tener cientos de explicaciones de por qué es imposible ahorrar en México. Es que vivimos en un país con muchas desigualdades, ¿cómo me piden que ahorre? Es que no hay donde poner el dinero, es que no me alcanza.

Es verdad, México es uno de los países con mayor desigualdad en la distribución del ingreso, como pueden ver en esta tabla del Banco Mundial.

Qué bueno que estén tan informados y tan preocupados. Pero ¿se ponen a pensar en la desigualdad cuando piden la tercera cerveza en la salida con los cuates? “No, señor mesero, en México hay mucha desigualdad, así que ¿cómo me pide que me tome otra cerveza?” Estoy seguro que no han dicho eso, por lo menos no muy seguido.
Otra: no hay dónde poner el dinero. Hay un montón de lugares, además de la tanda de la oficina, donde pueden meter su dinero ¡y hasta tener algo de rendimientos! Por ejemplo, pueden abrir una cuenta en línea en cetesdirecto.com. Ahí pueden contratar un servicio de ahorro en automático, que les descuenta directo de su cuenta del banco desde 100 pesos al mes. O pueden ir al Seven y hacer depósitos de ahorro voluntario en su afore. ¿Que no tienen afore? También pueden tener una afore aunque no tengan un trabajo formal. El pequeño cerdo capitalista dice cómo.  

Aquí hay una tabla en la que vienen cuáles afores dan servicio a trabajadores independientes. Afore con servicio a trabajadores independientes

3. Estar convencido de que, si te enfermas o te accidentas, van a venir tus papás, tus tíos o tus hermanos a pagar el hospital. Es que te da flojera hablar de seguros.

Llegas a un hotel en Malinalco y, como eres bobo como un servidor, te recargas en el barandal del primer piso. El barandal se cae y te rompes el tobillo. La férula, las medicinas y la rehabilitación te van a salir en más de 20,000 pesos. Si se hubiera necesitado una operación, serían 60,000 pesos. “¡Papá, papá! ¿me prestas dinero?” La respuesta podría ser, como hace siglos dijo un presidente de México, “¿Y yo por qué?”

Si te pusieras a investigar cómo funcionan los seguros y tuvieras uno de gastos médicos mayores te podrías ahorrar muchos gastos. Claro, lo mejor es que seas súper millonario y que no necesites pagar un seguro porque tienes el dinero para pagar en caso de que te pase algo. Pero como es muy probable que no lo tengas, entonces necesitas pagar esa prima de seguro. ¿Hay seguros básicos? Sí, por ahí puedes empezar, picándole aquí para que te des una idea. 

4. Comprarte un carrazo increíble, como para ir a la fiesta de graduación del Cumbres.

Imagínate que te encuentras la oportunidad de comprarte por sólo 724,900 este cochecito. Si lo compras a crédito, te van a prestar como 500,000 pesos, a una tasa de 17% a 36 meses como ofrece la marca. Vas a terminar pagando 30% más de esos 500,000 pesos. O sea como 137,000 pesos más, con los que ya habrías conseguido un cochecito digno o con lo que habrías pagado el Uber ida y vuelta a Santa Fe desde el centro de la ciudad, todos los días de esos 36 meses.

En resumen, desde los 20 años estás feliz gastándote el dinero que podrías ahorrar para tener un poco más de patrimonio  a los 30. Podrías estar igual de feliz, pero con menos deudas.

Gracias a Jesús Salazar por la idea de que no conviene salir de casa de los papás, porque entonces uno se engolosina y se gasta todas las quincenas en rentas, parrandas y ropa. Con esa idea, por cierto, no está tan de acuerdo Sofía Macías, del Pequeño Cerdo Capitalista. Ella dice que si te quedas con los papás te vas a hacer conchudo y ahí te vas a quedar feliz, hasta que te llegue el infierno de ser un chavorruco. 

Gracias por toparme con una señora enojada con el mundo

“¡Cómetela!”, y cuando dice esto, la señora me enseña la bolsa de caca de su perro. No se confundan. Es una señora que me imagino educada, porque pocos minutos antes, antes de que yo la hiciera perder la elegancia, se veía que tenía mejor vocabulario y más capacidades de comunicación.

Pequeño flashback:

Iba en bicicleta por la banqueta, para no ir en sentido contrario en la calle. Juro que iba despacio. Lo juro, lo juro, lo juro. Y que la banqueta medía más de tres metros de ancho. Y que nadie iba caminando por la banqueta. Nadie, ni siquiera la señora con cara desencajada que hasta ese momento terminó de cruzar la calle.

– No debería andar en bicicleta por la banqueta -me dice.
– Si, ya lo sé, perdón, pero iba despacio y me iba fijando.

A la señora le brillan los ojos. Se le desencaja más todavía la expresión. Me ve como a un asaltante sin piedad, como un energúmeno de las bicicletas y yo, un alfeñique de 69 kilos, pienso que puedo dialogar un poco.

–  ¡¡¡¡¡¡Usted no es alemán ni brasileño!!!!!! (no entendí qué quería decir con eso), ya sabe que no puede andar por aquí. !Todos quieren hacer lo que sea!

No podía estar más de acuerdo, me encantó la idea de encontrarme con una ciudadana consciente, porque también yo hago muchos corajes con los coches que no me dejan pasar o los ciclistas que andan a toda velocidad por la banqueta. Si no me creen lean esto. Creí que era una de las mías. Casi saco el chal para echar el chisme, y se me ocurre decirle que sí, que tiene razón pero que fíjese que los ciclistas no estamos seguros en la calle.

– Pues a su edad, lo más sano para usted es caminar y no andar en bicicleta.

Eso me dice la energúmena que ha de haber tenido como 70 entrados en 97.
– y ¡cómetela!
– A ver, démela -todavía le digo, ahora sí prendido, yo creo que por el terror que me dio ver cómo en menos de dos minutos una señora enojada se transformaba en un talibán de los peatones.
La furia esta se largó, arrastrando a su perro mugroso. Y afortunadamente no me dio la caca.

Y resulta que esta señora puede ser uno de los mejores ángeles que me pudo haber lanzado el universo, para rescatar mi alma, y que yo debería estar agradecido por este aprendizaje que me da la vida. Para que entiendan por qué está padre estar agradecido, les recomiendo esta entrevista con David Steindl-Rast.

O también pueden ver el video de este monje tan buena gente, que dice que uno tiene la opción de enojarse o no enojarse, de clavarse porque un señor quiere explicar por qué anda en bicicleta o porque una señora malhumorada y mal peinada te dice que te comas la caca de su perro o de seguir feliz el camino en este bonito día, porque “este es el día que el Señor hizo”.

Es en serio. Sí, esta insoportable señora despeinada es una señal del cielo de que debo dejar de pelearme con los automovilistas que no me dan la preferencia a la que tengo derecho cuando estoy cruzando la calle y ellos están dando vuelta. Sí, me corresponde por ley la preferencia, pero tengo aaaaaños repitiéndome a mí mismo que no estamos en Boulder, Colorado, ni mucho menos en Ciudad Juárez, Chihuahua, y que la mayoría de los automovilistas de la Ciudad de México y muchos de Guadalajara no le ven la lógica en esa regla, que los hace perder dos segundos y además verse como gente civilizada.

Pero durante años me he enojado y seguro he puesto esa cara ridícula de ciudadano indignado, como la que puso la señora del perro mugroso, la que parece Charlton Heston cuando llega con las tablas de la ley o Juana de Arco llena de razón divina.

A ver, Roberto, dile gracias a la señora que te hizo aprender tanto. Este asunto de los imbéciles que no saben manejar no lo voy a cambiar viéndome ridículo como la señora esta de los pants a las tres de la tarde, el peinado horrendo y el perro mugroso

Hay una señora increíble, que anda por la vida con actitud y vestimenta de mujer culta de San Miguel de Allende, que se llama Byron Katie, que dice que uno se mete en unos rollos inútiles de amargura y sufrimiento porque no entiende que sólo hay tres tipos de asuntos en el mundo:
Los asuntos propios.
Los asuntos de otro.
Los asuntos de Dios o como le quieras llamar a lo que mueve el universo.

De esos tres asuntos, sólo los propios los puedes cambiar. No los del otro y mucho menos los de Dios. Pero, ¡ah! cómo hace uno corajes tratando de cambiar la forma de pensar del otro. La vieja esta de la que les platico, a la que yo ya perdoné, quiere cambiarme a mí y como no le hago caso sin chistar, se prende como una de las furias, unos personajes horrendos igualitos a ella, aunque un poco mejor peinados, que aparecen en La Eneida, de Virgilio. O yo quiero cambiar a esta vieja antipática y totalitaria, a la que de cariño llamaremos Mrs. Kim Il Sung, y a la que, como pueden ver ahora le estoy agradecido, y como no lo logro, me enojo.

Tan sencillo que sería concentrarse en los asuntos propios y dejar de enojarse porque lo demás no funciona como uno quiere, pero ahí sigue uno. Como dice Byron Katie, cuando uno quiere cambiar la realidad, la realidad se sale con la suya, pero sólo el 100% de las veces.

Y les tengo más argumentos. ¿Se acuerdan de los hippies? Uno de sus libros favoritos era Las enseñanzas de Don Juan. Lo que muchos entendieron fue que Don Juan les daba permiso para fumar y meterse todas las hierbas y productos naturales que se encontraran. Hasta donde yo voy, es todo lo contrario: Don Juan dice que hay que tenerle mucho respeto al mezcalito, su nombre para el peyote, y el pobre Carlos Castaneda se la pasa intoxicándose y sufriendo, tratando de aprender un montón de lecciones que no están nada claras.

Carlos le pregunta y le pregunta y Don Juan le dice que no se puede aprender sólo conversando. Que hay que experimentar, y la experiencia siempre va a ser difícil y nos va a costar trabajo, sobre todo si nos resistimos.

Todos necesitamos un tirano, que haga que las cosas nos cuesten trabajo. Parece que ese es uno de los mensajes importantes del libro, según me lo explicó Aura Medina de Witt, una fregona que va al programa de Martha Debayle.

Y yo me topé con una tirana, la que de seguro en alguna otra circunstancia es una amable señora (lo dudo, *&#5 vieja), que con su testarudez, impaciencia e intolerancia nos enseña que el camino es por donde ella no vaya. Así que aquí va un mensaje de gratitud y perdón por esa bonita lección. De hoy en adelante dejo de enojarme por no poder cambiar la realidad, escucho más a los demás y con eso le bajo a mi tensión arterial. Con todo cariño:

Gracias, flaca greñuda. Te regalo esta cita de Johnny Cash: May you rot and burn in hell.

34 tipos que te sacan lo neurótico en la calle

1. Los automovilistas que no frenan antes de dar vuelta.

2. Los automovilistas que no respetan la preferencia del peatón cuando dan vuelta.

3. Los automovilistas que no han entendido la máxima de Spiderman: “A un gran poder corresponde una gran responsabilidad” y entonces se quejan de que los ciclistas y los peatones no se cuidan.

4. Los automovilistas que hacen alto total antes de cruzar una calle, pero sobre la línea de peatones.

5. Los automovilistas que ven un peatón abajo de la banqueta, a punto de cruzar la calle en la esquina, y no frenan, aunque llegaron después.

6. Los automovilistas que van a más de la velocidad permitida y ni acarician el freno cuando va cruzando un peatón.

7. Los automovilistas que cruzan el Parque México a más de 60 km/h y le ponen las luces altas a los peatones para que corran al cruzar la calle.

8. Los ciclistas que van en sentido contrario.

9. Los ciclistas que van en sentido contrario en la ciclopista.

10. Los ciclistas que van a toda velocidad (o muy rápido, pues) por la banqueta.

11. Los peatones que se ponen histéricos porque un ciclista usa la banqueta (no matter what, o sea: la banqueta mide cuatro metros de ancho, el ciclista va despacio, pasa a más de un metro de ellos, frena para dejar pasar al peatón y, además, no se puede ir en bicicleta en esa calle).

12. Los peatones que esperan el verde abajo de la banqueta.

13. Los peatones que cruzan la calle en rojo, cuando “sólo” viene un ciclista.

14. Los peatones que cruzan la calle en rojo sin fijarse.

15. Los peatones que esperan el verde abajo de la banqueta y viendo su teléfono.

16. Los peatones que esperan el verde, abajo de la banqueta y sobre la ciclopista.

17. Los peatones que hablan por teléfono en la ciclopista mientras esperan su coche del valet parking.

18. Los ciclistas que no paran en el alto del semáforo cuando va cruzando un peatón.

19. Los peatones que, en el Zócalo, la plaza más grande del mundo, esperan el verde abajo de la banqueta.

20. Los peatones que se pasan en masa el rojo de la calle Madero, en el centro de México, porque “sólo” vienen un coche o una bici.

21. Los peatones que de pronto se cruzan la calle, a la mitad de la cuadra, sin voltear a ver si vienen bicicletas.

22. Los ciclistas que, en tropel, se pasan los altos en los paseos dizque para reivindicar las calles para ellos. Visto hasta el cansancio en los paseos ciclistas nocturnos de Guadalajara y en algunos del DF. (Para leer sobre el conflicto coches-bicicletas, pícale aquí).

23. Los ciclistas que se creen ese cuento del gobierno de que el carril derecho de Reforma es para ellos y los camiones, en lugar de ir por la amplísima banqueta vacía.

24. Los ciclistas que pasan por el lado derecho de los camiones sin pensar en que bajan pasajeros.

25. Los ciclistas que van por la banqueta y no se bajan de su bicicleta aunque la banqueta esté llenísima.

26. Los automovilistas que le pitan al de adelante porque está dejando pasar peatones.

27. Los automovilistas que tienen 8 coches enfrente y pitan para que avancen porque el semáforo ya se puso en verde.

28. Los automovilistas que siguen pasando en verde aunque saben que se van a quedar atorados y van a estorbar cuando cambie el semáforo.

29. Los automovilistas que salen del drive through de Starbucks tomando su café, viendo su teléfono y sin fijarse si viene alguien por la banqueta.

30. Los automovilistas que no dejan pasar a los peatones cuando suben a la banqueta para meterse a o salir de su cochera.

31. Los automovilistas que salen de su cochera como perro sin correa detrás de un hueso volador.

32. Los automovilistas que frenan en las esquinas, pero después de la línea de peatones.

33. Los automovilistas que no frenan en las esquinas.

34. Los pasajeros de coches que abren las puertas sin fijarse en si viene una bicicleta.

Con perdón por algunos puntos: En algunos se ve que no estoy de acuerdo con algunos reglamentos de tránsito y creencias populares, que expulsan  a los ciclistas de la banqueta.

Los perros son perros ¿o no?

Sé de una experta en bebés humanos que aprovecha lo que ha aprendido al educar a su perro. Se llama Nancy Steinberg, es una tipaza y aquí cuenta por qué las conductas de un perro pueden servir para ilustrar lo que hace un niño.  Pero muchos creen que los perros son perros. Hasta que pasa algo como esto:

Rita, mi fantástica perra, está tratando de jugar con dos perras que son más intensas que ella y su amiga Uma juntas. La están mordiendo en el cuello y en las patas y si pudieran le pellizcarían las orejas. Se echa para que se calmen y no hay manera. Así que me voltea a ver con ojos de “ya estoy harta de que estas dos bestias me estén mordiendo” y se va a una esquina del parque, y se queda viéndome fíjamente. Igualito que como le hago yo. En las mañanas, cuando ya hay que irse, me voy a una esquina del parque, y por ese acuerdo que hay entre humanos y perros, Rita deja lo que está haciendo y me sigue. Ahora se supone que me tocaba a mí. No entendí el mensaje, le di la vuelta para salirle por otro lado y en ese momento desapareció.

Esperen. Aguanten la anécdota, porque después nos vamos a poner muy científicos y vamos a hablar de un Premio Nobel de Medicina y de algo de poesía.

Los perros son perros hasta que
Rita en Tapalpa, Jalisco

Afortunadamente, como saben todos los que tienen perro, cuando tienes uno, dejas de ser invisible. Los vecinos te saludan, te invitan a sus fiestas, se preocupan por ti y platican contigo en las mañanas. Y se preocupan si se pierde tu perro. Corrí como loco por todo el parque hasta que alguien me dijo que salió corriendo en dirección a mi casa.

Alcanzó a correr cuatro cuadras y alguien la detuvo cuando vio que no sabía cruzar una calle. Llegué con la lengua de fuera con un tipazo que le estaba hablando a Cristina, al teléfono que está grabado en el collar de Rita. Rita me vio con cara de “ya era hora”.

¿Cómo puedo hacer para que esta anécdota no parezca la típica historia aburrida que cuentan todos los dueños de mascotas? Porque yo creo que estoy documentando un gran momento en la etología, y ya me siento Konrad Lorenz, uno de los fundadores de esa materia que, por si no lo saben, es el estudio comparativo de la conducta.

Lorenz dedica páginas y páginas de su libro Cuando el hombre encontró al perro, a hablar de lo que hace su perrita cuando ve a un perro macho y cuando quiere jugar y cuando quiere imponer su autoridad y cuando está contenta y así sucesivamente. En fin, que habla de cómo se portan los perros y cómo definen reglas entre ellos y en su relación con sus amos.

Lorenz ganó el premio Nobel de fisiología o medicina en 1973, junto con Karl von Frisch y Nicolaas Tinbergen, “por sus descubrimientos acerca de la organización y la aparición de patrones de comportamiento social e individual”. A la mejor lo que vio en los perros también le ayudó a entender el comportamiento humano. En el comunicado del Comité del Nobel dice que “sus primeros descubrimientos se hicieron en insectos, peces y pájaros, pero los principios básicos también se han podido aplicar en mamíferos, incluso el hombre”.

Sí, basta de sorprenderse o indignarse con la experta que habla de bebés humanos tomando en cuenta lo que ha visto en su perro. Y sí, se puede aprender mucho de la experiencia de un perro que sale corriendo de una situación que no soporta y que no puede explicar con palabras.

Y ahí voy, otra vez, a citar a Mary Oliver, cuyo libro, Dog Songs, no puedo sacar de mi buró. Perdón por la traducción pero ahí va:

“Algunas cosas son irremediablemente salvajes, otras son imperturbablemente mansas. El tigre es salvaje y el coyote y el búho. Yo soy mansa, tú eres manso. Hay cosas salvajes que han sido alteradas, pero sólo para dar una apariencia de mansedumbre, no hay un cambio real. Pero el perro vive en los dos mundos. Ben (el perro de Mary Oliver) es devoto, odia la puerta que nos separa, tiene miedo de la separación. Pero ha tenido, por varios años, un perro amigo al que también le es leal. Cada día, ellos y otros más se juntan en una banda ruidosa y algunos de sus juegos son sangrientos. El perro es dócil y después lo olvida. El perro promete y después olvida. Hay voces que le llaman. Caras de lobo que aparecen en sus sueños. Se ve a sí mismo corriendo en extensiones de terrenos increíblemente exuberantes o estériles, lugares que ninguno de nosotros hemos visto”.

Perro en el bosque de Tapalpa.
¿Soñarán los perros con el bosque?