Por qué no te alcanza el dinero o el tiempo

A la mejor tú tienes la culpa de que el dinero no te alcance. Bueno, no le digas culpa, pero tal vez es algo que estás haciendo mal. Sí, ya sabemos que hay crisis económica y que la vida no es justa y que la economía es peor. Que la repartición de riqueza es desigual.. Sí, sí, pero cuando te tocan las cartas malas, algo pasa que tomas decisiones que te hacen que vuelvas a agarrar cartas malas.

Por lo menos eso es lo que se ha descubierto últimamente: que cuando te falta algo, te obsesionas horriblemente y empiezas solo a pensar en eso que te falta y, en lugar de que eso te ayude, te va hundiendo más y más. Puede ser que estés muy endeudado y te falte dinero para pagar las deudas. Pero también que estés lleno de trabajo y no te alcancen los días de la semana y te falte tiempo y más tiempo para terminar –y encima tienes a tu esposa reclamándote atención y a tus hijos que no se esperan a que termines el reporte trimestral para hacer cosas divertidas y que tú no te las pierdas-. O puede ser que creas que no nadie te quiere, todos te odian y entonces tomas decisiones espantosas, como comerte un gusanito.

Algunos economistas dicen que la escasez puede provocar más escasez. Y así se pueden explicar, en parte, los círculos viciosos de la pobreza. Vamos con un ejemplo que vas a entender como buen clasemediero que eres. Es casi la una de la tarde del viernes. Tienes que entregar como 15 reportes ante de que termine la semana. Si por ti fuera, te quedarías en la oficina toda la tarde, pero tu esposa ya te organizó una comida y no hay –por la salud de tu matrimonio y tu relación con tus hijos y tu perro- poder humano que te permita volver a trabajar después de las 4. O sea que estás apuradísimo. No tienes tiempo para hacer tantas cosas: los reportes, comer con la esposa, hablar con los hijos y pasear al perro. Y justo cuando estás en todos esos malabares, te llama un amigo. “Oye, tengo un nuevo cliente y necesito que me ayudes con un estudio/asesoría/mesa (o lo que sea que tú hagas con lo que le puedes ayudar) para él”. La paga no va a ser suficiente para compensar tu tiempo, pero es tu amigo y además ahorita estás súper ocupado, así que para quitártelo de encima, le dices que sí, que lo harás la próxima semana.

¿Qué crees? Acabas de tomar prestado tiempo de mañana a cambio de tener un poquito más de tiempo hoy. Pasa con demasiada frecuencia con el trabajo. Estás llenísimo de cosas que hacer, quieres quedar bien con el jefe y éste te manda y te manda correos electrónicos con nuevas instrucciones. Como no tienes tiempo de ir a encarar a tu jefe para que deje de micromanejarte y de querer moverte como títere, te sigues moviendo como títere, porque así, crees tú en tu infinita inocencia, lo vas a calmar y algún día lo vas a alcanzar y vas a tener tiempo para decirle: oye, si me sigues mandando órdenes no voy a tener tiempo de cumplir las que me diste ayer. Pero ese tiempo nunca llega y tú sigues pidiendo prestado tiempo para mañana.

Eso de pedir prestado tiempo se aplica en muchas cosas. ¿Te has fijado cómo te tardas en la mañana en encontrar un calcetín o en encontrar una camisa que no esté demasiado arrugada? Es que necesitarías una hora el fin de semana para arreglar tu clóset y que todo esté bien organizado. Como no tienes esa hora, cada mañana tomas prestados 10 o 15 minutos extra de tu tiempo para prepararte para el día, y en cuatro días ya gastaste más tiempo que el que te habría tomado organizar el clóset y así poder salir tranquilo, feliz y guapo todos los días a tu trabajo.

Eso puede pasar a la hora de administrar el dinero. Como no tienes los 300 pesos que cuesta un plan de renta mensual del teléfono celular, compras una tarjeta hoy y le pones 20 pesos. En poquísimo tiempo se te acaba el tiempo aire y le tienes que poner más. Como el tiempo aire en las tarjetas es más caro que el de la renta, terminas pagando más caro. Pasa con la tenencia, que no la puedes pagar al principio de año y te sale más cara después. O con la comida diaria, que vas pagando de a poquito en la fonda, en lugar de tener el dinero (y el tiempo) de prepararte comida en tu casa.

De aquí no tendría por qué concluirse que los pobres tienen la culpa de su pobreza, por andar tomando malas decisiones. Sino que están sumidos en un círculo que les va limitando su “ancho de banda” mental para tomar decisiones. La solución sería salir de ese círculo.

Los psicólogos le dicen a esto “visión de túnel”, esa que pasa cuando tenemos un problema y solo pensamos en él, cuando verlo desde afuera tal vez nos ayudaría a encontrarle una solución más práctica.

Esa visión de túnel te da, por ejemplo, cuando llevas un rato de la greña con tu pareja y solo piensas en el pleito que tuvieron en la mañana por una tontería, igual que la tontería de ayer. Entonces te clavas pensando cosas como “no puede ser que me grite porque dejé enredado el tapete del baño” o “no puede ser que no entienda que no hay que dejar enredado el tapete del baño”. “Híjole, y lo mismo pasó ayer con alguna otra estupidez”. Y entonces buscas soluciones, o mejor dicho, te la pasas rumiando soluciones sobre algo que ya pasó y que ya no se puede solucionar como: “si no hubiera enredado el tapete habríamos ido al cine”, etc., etc., etc. Cuando los dos estarían más felices si no estuvieran enredados, como tapete del baño, en lo que pasó en la mañana –o en la cuenta que él o ella no quisieron pagar en 2007- y se concentraran en algo diferente.

¿Cómo encontrar soluciones? Por ejemplo, a que sigas gastando mal o a que no tengas ni un peso en el fondo de emergencias que Sofía Macías, la del Pequeño Cerdo Capitalista, te ha dicho mil veces que debes tener. Sabes que algo estás haciendo mal, pero no has entendido qué te lleva a tomar esas malas decisiones. Todo esto que te cuento no lo inventé yo.

Hay un montón de investigaciones, que están compiladas, analizadas y muy bien platicadas en el libro “Escasez. ¿Por qué tener muy poco significa tanto?” de Sendhil Mullainathan y Eldar Shafir (Fondo de Cultura Económica). Ahí los autores proponen algunas soluciones. Algunas tienen que ver con políticas públicas, que incluyen hacer que las personas de escasos recursos tengan mejores opciones de crédito, que les ayuden a romper el círculo vicioso de la pobreza.

Y otras soluciones tienen que ver con un pequeño esfuerzo personal que podríamos hacer la mayoría de los clasemedieros: ver las cosas desde afuera. Por ejemplo, romper la inercia de la camisa arrugada en el clóset todas las mañanas, dedicándole un poco de tiempo a ordenar el fin de semana o pensar y preparar mejor los gastos para toda la semana o el mes, animándose a pagar un plan de renta del celular o a prepararse para, mañana, depositar en el ahorro voluntario de la afore en el 7 Eleven y así acostumbrarse a tener un guardado.

Y por si fuera poco, un podcast sobre el tema: