Cuidado con lo que dices, porque te lo vas a creer

Donde hubo un pantano, ahora hay un ordenado parque rodeado de museos con lo mejor del arte, la ciencia y la tecnología. Así es la capital de Estados Unidos, que está hecha como una lección de historia: Miren, ciudadanos, miren, pueblos del mundo, esto es en lo que creemos y lo que vamos a defender. El monumento a Lincoln, con el enorme presidente sentado, cita el discurso de su segunda toma de posesión: “con altas esperanzas en el futuro, ninguna predicción es demasiado aventurada”. El edificio del archivo nacional, donde se guardan la Constitución y la declaración de la independencia, tiene dos grandes letreros en sus lados, que dicen que ahí están los registros de la vida nacional, lo que  “simboliza nuestra fe en la permanencia de nuestras instituciones nacionales” y que ahí se custodian “los lazos que atan las vidas de nuestro pueblo en una unión indisoluble”.

Ah, los gringos, ¡cómo les gusta creer en lo que decretan! Fastforward a los símbolos de las instituciones en México, en especial, el edificio de la Suprema Corte de Justicia. La justicia no es algo que exista por sí mismo, es algo que funciona porque una sociedad cree en ella, tal como nos enseñaron la Revolución Francesa y la Independencia de Estados Unidos. Pero nosotros, los mexicanos, no creemos en la justicia. De manera que los “contenidos”, es decir lo que se puede leer y ver en las paredes del edificio de la Suprema Corte, solo dicen, con gran cinismo, que la justicia en nuestro país no funciona.

Cauduro en la Suprema Corte de Justicia
Había puesto esta foto como imagen destacada pero después se me hizo muy repelente. ¿Será que esto es lo que debe adornar las paredes del lugar donde se supone se administra la justicia?

En lugar de ver una representación de la justicia que ilumina el mundo, en los murales de la Suprema Corte vemos abogados corruptos, hombres secuestrados, mujeres violadas, gente triste encarcelada, policías represores, expedientes olvidados. Parece que el mensaje es este: “sí, ya sabemos que estamos mal, lo reconocemos y lo ponemos en las paredes de la sede de la mismísima institución que debería evitar las injusticias”. O con más precisión: “Ni se quejen, ya sabemos que no hay justicia, por eso le pagamos a este artista, para hacer como que estamos del lado de la víctima en lugar de hacer nuestro trabajo, que es aspirar a mejorar”. En especial los murales de Cauduro, que son como un escupitajo en la cara de las instituciones de justicia mexicana, podrían ser una representación de la leyenda en la puerta del infierno, según la versión de Dante: “Abandona la esperanza si entras aquí”.