El amigo de nuestros amigos los murciélagos

El chavo va al gimnasio el viernes y estrena camisa el sábado para ir al antro. El pavo real extiende su abanico con los dibujos de múltiples ojos de brillos azul verde. El macho de la planta del agave está casi listo para reproducirse sexualmente, prepara su quiote, una torre de 10 metros de altura, con flores barrocas y retorcidas que le sirven para atraer a los murciélagos, los que, a su vez, llevarán el polen a las plantas hembras y así asegurarán que salgan semillas y frutos. Cuando el agave está a punto de empezar esa danza sexual, llega el jimador y lo corta. El quiote consume demasiada azúcar, dejar que salga disminuye la capacidad de la planta de producir alcohol para el mezcal o el tequila.

El murciélago tendrá que encontrar el néctar en otra parte. Los tequileros de todos modos tienen plantas nuevas, toman los hijuelos que salen en la base del agave y los transplantan. En todo este proceso, hay una razón económica: Esperar siete u ocho años a que madure un agave y dejar que use el azúcar para producir el quiote es muy costoso. Imagínense lo que vale dedicar el terreno a eso durante tanto tiempo. Pero este proceso genera un problema ecológico, que terminará por convertirse en un enredo económico. Los hijuelos son genéticamente idénticos a la planta de donde salieron. Cuando aparece una enfermedad del agave, es más fácil que se contagien todas las plantas, porque todas tienen las mismas características. Si nacieran de semillas, por la polinización natural, serían más diversas y eso las haría más resistentes: la enfermedad no se contagiaría tan fácilmente.

Cada siete u ocho años hay una nueva plaga que amenaza la producción de tequila, porque mata a cientos de plantas de agave. Y además, la falta de flores de agave pone en riesgo la alimentación y la vida de los murciélagos. Este enredo tiene solución y la ha propuesto Rodrigo Medellín, un científico conocido como el Batman mexicano desde México hasta Londres, pasando por Nueva York y Guadalajara.

Foto de Amy Cooper de Rodrigo Medellín, el Barman mexicano
Rodrigo Medellín, el Batman mexicano, con un magueyero menor o Leptonycteris yerbabuenae. Foto de Amy Cooper

Esta es su propuesta: Dejar que algunos agaves florezcan, para que se dé la polinización mediante esos mamíferos nocturnos y peluditos (es que ya no quiero repetir la palabra murciélagos). La polinización es un seguro de vida para el futuro de los agaves, porque permitirá mantener la diversidad genética. De acuerdo con Medellín, basta que los productores de mezcal y tequila dejen que 5% de sus plantas den flores, para mantener viva la población de murciélagos y para comprar ese seguro de vida de las plantaciones agaveras. Los productores que lo hacen obtienen el sello Bat Friendly, promovido por el Tequila interchange Project y otorgado por la UNAM.

Ya hay cinco productores de tequila y dos de mezcal que han obtenido el sello Bat friendly. Faltan más científicos en el campo que verifiquen se haga lo correcto a favor de los Leptonycteris yerbabuenae (¿Ah, verdad?). Por lo pronto, ya hay una reserva de semillas obtenidas en 2014 que permitirá reproducir los agaves de manera sexual y no solo con hijuelos. Los resultados sobre el tequila podrán verse en 2020, cuando maduren las plantas de esa generación.

Los esfuerzos de los productores Bat Friendly, y otras iniciativas, ya sirvieron para salvar de la extinción a esta especie de murciélagos. En los años 90 había menos de 1,000; ahora se estima que hay más de 200,000 individuos de esta especie. En México se sacó al murciélago magueyero menor de la lista de especies en peligro en 2013, en Estados Unidos lo hicieron en 2018

Los murciélagos son nuestros amigos, por muchas otras razones, además de la polinización del agave tequilero. El Batman mexicano habló con Oso Osegura y conmigo, Roberto Morán, en el podcast De Otro Modo, para explicar de qué otras formas son útiles los únicos mamíferos capaces de volar. Un avance: los murciélagos son más eficientes que los pájaros para dispersar las semillas. Se las comen y luego las defecan mientras vuelan, dejándolas caer en campo abierto. En cambio, los pájaros comen las semillas y solo tiran su excreta cuando están en una percha, por lo que las semillas caen bajo los árboles, con menos oportunidades de desarrollarse. ¿Han oído aquello de que la mejor semilla es la que crece lejos del árbol que la originó? Parece que es verdad. 

Qué suerte tienen algunos, que sí encuentran alguien que se fije en el quiote, en las plumas… o en la camisa nueva.

Escuchen aquí al Batman mexicano.